José Carlos Botto Cayo
Honoré de Balzac se erige como una de las figuras más influyentes y prolíficas de la literatura francesa del siglo XIX. Nacido en la ciudad de Tours, Balzac superó una infancia marcada por el desapego emocional de sus padres y las imposiciones familiares para convertirse en uno de los pilares de la novela realista moderna. Su monumental obra «La Comedia Humana», que comprende 95 obras completas y 48 inacabadas, representa uno de los proyectos literarios más ambiciosos de su época, ofreciendo un vasto retrato de la sociedad francesa contemporánea.
Con una disciplina férrea que lo llevaba a escribir hasta 15 horas diarias, Balzac produjo un centenar de obras que abarcan novelas, cuentos, teatro y ensayos. Su estilo, caracterizado por una aguda observación de la naturaleza humana y las relaciones sociales, lo ubicó junto a otros grandes nombres de la literatura francesa como Victor Hugo, Stendhal y Flaubert. A través de su obra, Balzac exploró temas como la política, la revolución, el dinero, el poder y las relaciones humanas, convirtiéndose en un cronista incisivo de su tiempo y en un autor cuya influencia trascendió las fronteras de Francia para extenderse por toda Europa y más allá.
Los primeros pasos de Balzac
Nacido en la ciudad de Tours el 20 de mayo de 1799, el pequeño Balzac padeció durante sus primeros años un desapego emocional muy notable con sus padres: la distancia y ciertas prohibiciones lúdicas moldearon la infancia del futuro autor de La comedia humana. El escritor Stefan Zweig, uno de sus más grandes admiradores y biógrafo, llegó a comentar que el autor, durante su primera juventud, solo podía visitar a sus padres dos domingos al mes. Sin embargo, pese a las imposiciones y destratos familiares, nada lo alejó de su meta. Y fue en 1819 cuando se instaló en París para triunfar como escritor.
Como muchos hijos de familias acomodadas del siglo XIX, él también estuvo bajo cierta imposición de sus padres para convertirse en abogado. Si bien realizó estudios en la Universidad de la Sorbona en 1816, finalmente desistió de la vida jurídica para dedicarse a su verdadera vocación: la literatura.
Durante sus comienzos no fue nada fácil y el éxito le fue un tanto esquivo. Sin embargo, con una disciplina de 15 horas diarias dedicadas a la escritura y la producción de un centenar de obras —novelas, cuentos, teatro, ensayos—, su nombre se convirtió en uno de los más celebrados de las letras de su época, junto a Victor Hugo, Stendhal, Baudelaire y Flaubert.
Más allá de sus problemas económicos y algunas desventuras amorosas que lo persiguieron en distintos momentos de su vida, en la década de 1820 es cuando comenzó a escribir por encargo y desarrollar todo su talento. Firmaba con distintos seudónimos obras de diversos géneros y de variada calidad. Pero también fue el momento en que afinaba su estilo y pretensiones literarias.
El ascenso a la fama
Luego de algunos textos que no tuvieron demasiada resonancia, en 1829 escribió Los chuanes; originalmente titulada como El último chuan. Se trata de una novela ambientada en la región francesa de Bretaña, en la que narra una historia de amor entre la aristócrata Marie de Verneuil y el chuan realista Alphonse de Montauran, en un contexto lleno de tensiones en el que describe la sublevación de la posguerra de 1799 en Fougères. Con esta novela, Honoré de Balzac empezó a ganar reconocimiento como escritor y a participar de los salones literarios de la época.
Durante noches enteras y con litros de café, como sostienen algunas fuentes, el autor se dedicó puramente a la escritura. Y así llegaron muchos otros textos como La piel de zapa (1831); El coronel Chabert (1832); Louis Lambert (1832); Eugénie Grandet (1834), entre tantos otros.
El interés que despertó en la crítica y en otros autores, como Goethe, le valieron acomodarse como uno de los autores más de moda en su tierra e, incluso, fuera de ella. La política, la revolución, el dinero, el poder, el sexo, las mujeres, la paternidad, entre otros tópicos, todo fue tema de interés para Balzac.
Y Europa comenzaba a hacerse eco de este francés que tenía muchas cosas para decir sobre la propia contemporaneidad y las relaciones humanas. Así, poco a poco Balzac fue construyéndose como uno de los pilares de la novela realista moderna.
La Comedia Humana: la obra cumbre
Fue en 1832 cuando empezó a fantasear con la idea de crear una serie de novelas —todas ellas interrelacionadas— que retrataran y representaran la sociedad francesa de su tiempo. Así, Honoré de Balzac comenzó a darle forma a su monumental La Comedia Humana. Esta, según la crítica, consta de 95 obras completas y 48 inacabadas.
«La obra se empezó a gestar hacia 1830, cuando Balzac decidió agrupar una serie de libros independientes bajo el título unitario de Escenas de la vida privada, que luego siguió con las Escenas de la vida de provincias. El hecho de que algunos personajes pasaran de unas novelas a otras pretendía fijar la unidad del proyecto, según Balzac contó en una carta a Madame Hanska en 1834.
Unos años después, en 1842, las deudas le dieron un empujón decisivo al proyecto: para afrontarlas se decidió a reunir lo que llevaba escrito y publicado, que ya era mucho, en unas ‘Obras Completas'», comentó el autor español Juan Bonilla, en un texto biográfico sobre el autor francés.
Y agregó: «El título no convence a los editores, que lo consideran demasiado gastado, poco ajustado a la empresa y poco comercial. Un amigo le habla entusiasmado de la obra de Dante, y Balzac da con el título definitivo de su obra. Escribió entonces el ‘Prólogo a La Comedia Humana’ donde, después de confesar que ‘la modestia es atributo de los autores prolíficos’, narra su encuentro con la Zoología de Buffon (y de otros biólogos y naturalistas en plena querella acerca de si Dios sigue un solo patrón para todas sus criaturas). Convencido de que la sociedad imita a la Naturaleza, Balzac se pregunta: ¿Por qué no hacer con la sociedad lo que Buffon hizo con el mundo animal, dado que existen «especies sociales» como hay especies zoológicas?».
Los últimos años de Balzac: Entre el amor y la enfermedad
En sus últimos años, Honoré de Balzac se encontró dividido entre su incansable labor literaria y su turbulenta vida personal. El gran amor de su vida, Ewelina Hańska, una condesa polaca con quien mantuvo una apasionada correspondencia desde 1833, se convirtió en el centro de sus aspiraciones románticas. Tras la muerte del esposo de Ewelina, Balzac trató incansablemente de desposarla, un objetivo que persiguió con la misma tenacidad que aplicaba a su escritura.
A pesar de su éxito literario, Balzac continuaba luchando contra las deudas que lo habían perseguido durante toda su vida. Su estilo de vida extravagante, combinado con inversiones fallidas y los costos de producción de sus obras, lo mantenían en constante aprieto financiero. Sin embargo, esto no disminuyó su ritmo de trabajo, y continuó escribiendo y revisando frenéticamente, alimentado por cantidades copiosas de café.
La salud de Balzac comenzó a deteriorarse notablemente en sus últimos años. El estrés de su ritmo de trabajo vertiginoso, combinado con su estilo de vida poco saludable, empezó a pasar factura. A pesar de esto, logró finalmente su objetivo romántico: el 14 de marzo de 1850, Balzac y Ewelina Hańska se casaron en Berdychiv, en la actual Ucrania. La pareja regresó a París, donde Balzac esperaba comenzar una nueva etapa de su vida.
Tristemente, la felicidad fue efímera. Apenas cinco meses después de su matrimonio, el 18 de agosto de 1850, Honoré de Balzac falleció en París a la edad de 51 años. La causa de su muerte fue una peritonitis aguda, complicada por una hipertrofia cardíaca. En su lecho de muerte, según se cuenta, Balzac llamó al médico de uno de sus personajes ficticios, en un último destello de la imaginación que había dado vida a tantos personajes inmortales. Victor Hugo, en el funeral de Balzac, pronunció unas palabras que resumieron el impacto del escritor: «A partir de ahora los ojos de los hombres se volverán a mirar los rostros, no de aquellos que han gobernado, sino de aquellos que han pensado».










