“Amazogramas”: monumental trabajo de Roberto Huarcaya en Nueva York

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“Amazograma” en Armory Show, Nueva York.

Las especulaciones visuales de Huarcaya llegan a su nivel más alto con “Amazogramas”, una serie que hoy expone en el Armory Show de Nueva York representado por la galería argentina Rolf Art.

Escribe: Luis Lama.

Roberto Huarcaya es nuestro fotógrafo contemporáneo de mayor difusión internacional. Es el más meritorio y el más emprendedor. No solo es un magnífico profesional sino también un generoso docente que divulga ampliamente sus conocimientos entre alumnos que constituyen lo mejor de la nueva fotografía peruana.

Las exposiciones de Huarcaya son múltiples y ampliamente conocidas. Del mismo modo lo es cada una de las indagaciones que han hecho de él nuestro fotógrafo más empecinado en la tarea de consolidar la fotografía peruana de nuestro tiempo.

Las especulaciones visuales de Huarcaya llegan a su nivel más alto con Amazogramas, una serie que hoy expone en el Armory Show de Nueva York representado por la galería argentina Rolf Art. No existe una galería en el Perú de ese nivel.

Roberto Huarcaya y Florencia Giordana Braun, directora de Rolf Art de Argentina.

He visto con anterioridad esta obra en la muestra en torno a la selva peruana en el Matadero de Madrid. Ubicada en la sección denominada Territorio esquivo, las cuatro zonas configuraban un conjunto alucinatorio gracias a la curaduría de Sharon Lerner y Gredna Landolt. La fotografía acaparó la atención de todo el público asistente a la mejor exposición que haya visto sobre la Amazonía.

Sobre esta obra, Víctor Vich ha escrito un meritorio ensayo que a continuación citamos en párrafos que permiten concentrarnos en el proceso y la intención de un fotógrafo trascendental.

“Fotografiar sin cámara: el arte sublime de Roberto Huarcaya”

“¿Qué llevó a Roberto Huarcaya a tomar fotografías sin cámara? ¿Qué lo condujo a observar cómo la propia naturaleza puede llegar a imprimirse en un papel sensible a efecto de dinámicas propias y ajenas? ¿Cómo abordar la informe materialidad de la selva a fin de capturar, no solo su imagen, sino su energía? ¿Qué se encuentra detrás de este proyecto más allá de la pura producción de una imagen? ¿Qué es lo que hoy las artes contemporáneas están poniendo en juego y que, sin duda, estas fotografías parecen materializar con notable contundencia? El proyecto, uno de los más impresionantes del arte latinoamericano actual, consistió en volver a adentrarse en la selva peruana para activar la producción de un nuevo testimonio. Los enormes fotogramas que Huarcaya consiguió producir miden 1.8 x 30 metros y fueron tomados en la reserva natural Bahagua Sonene, en el departamento de Madre de Dios. Impactado por todo lo que encontró, vale decir, por las sinergias inscritas en dicho espacio, el fotógrafo tuvo que visitar el lugar muchas veces durante dos años…

“Amazograma” en Armony Show de Nueva York.

En el mes de marzo del 2014, Huarcaya volvió a ingresar a la reserva Bahagua Sonene con un grupo de asistentes. Se sentía adiestrado en una nueva técnica, pero sabía muy bien que todas las variables a través de las cuales se construye una fotografía podían alterarse ante la realidad y el movimiento (siempre denso e imprevisible) de la selva misma. Su objetivo era desproporcionado: se trataba de fotografiar sin cámara un árbol gigante. Para eso, había conseguido unos inmensos rollos de papel que encontró como saldos en una vieja tienda fotográfica de Lima. A los pocos días, localizaron el árbol, pero dificultades logísticas impidieron colocar el papel…

“Amazograma, detalle” en Bienal de Venecia.

Diseñaron una estrategia y, luego de un arduo trabajo, lograron disponer los materiales correctamente. La sesión, siguiendo una metodología muy bien calculada, debía comenzar entrada la noche. Muy poco de lo planeado iba a poder realizarse. Minutos antes de comenzar, explotó en una gran tormenta en la cual la lluvia, los truenos y los relámpagos complicaron la situación. Todos se asustaron, maldijeron un poco, pero al instante se dieron cuenta que podían aprovechar lo que estaba sucediendo. ¿No eran acaso, esos relámpagos, luces naturales como las que necesitaban? ¿No era esa energía lo que estaban buscando representar? Entonces, Huarcaya y su equipo decidieron dejarse llevar por lo que sucedía. Habían planificado producir dieciséis disparos con un pequeño flash, pero solo cuatro fueron necesarios pues se dieron cuenta que la propia luz de la luna comenzaba a funcionar como una aliada. Desconcertados, pero siempre expectantes, regresaron al campamento de base con el papel lleno de barro. Para iniciar el revelado, la única agua con la que contaban era la del propio río y, por supuesto, decidieron trabajar con ella y con algunos de químicos de rigor. El proceso duró casi seis horas. El rollo, de 30 metros, fue moviéndose como una culebra y, sorprendiéndonos a todos; poco a poco, la imagen fue apareciendo en el medio de la selva…

“Amazograma, detalle” en Detroit.

Los amazogramas muestran la irresoluble tensión entre la naturaleza y la cultura a partir de una profunda experiencia sensorial. Se trata de “entrar” y “salir” de la cultura o, mejor dicho, de la simultaneidad entre la realidad y su imagen. Podría decirse, también, que estos amazogramas son una especie, ya no de action painting sino action photographing, vale decir, un gesto que retoma algo del “expresionismo abstracto” aunque nunca quiere dejar de ser un arte testimonial”.

Publicación original en Revista Caretas.

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