Música de ángeles en tierra peruana

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Jonathan Andriazen / Wikipedia: Coronación de la Virgen, óleo de Bernardo Bitti que preside la Sacristía de la iglesia jesuítica de San Pedro en Lima (S. XVI).

El empleo de figuras angélicas en el arte religioso es muy antiguo. Y las de ángeles músicos se remontan al siglo XII, tendencia que en el arte hispanoamericano va a tener un interesante desarrollo ente los siglos XVI y XVIII.

El iniciador de esta tradición en el Virreinato del Perú, fue el hermano jesuita Bernardo Demócrito Bitti, primero en Lima, y luego en Cusco, Juli y Arequipa, como también en las altoperuanas Chuquisaca y La Paz.

Misionero, pintor y escultor, Bitti, nacido en Camerino (Macerata, Las Marcas) en 1548, fue el primer italiano en arribar al Virreinato (1575), y lo hizo impregnado de las conclusiones y mandatos de la Contrarreforma, producto religioso e ideológico surgido de las numerosas y extensas sesiones del Concilio de Trento (1545-1563).

Durante una visita a la sacristía de la iglesia de San Pedro en Lima, perteneciente a la Compañía de Jesús, al tiempo que elogiaba su obra, el padre Enrique Rodríguez nos comentó que Bitti había cambiado el nombre que sus padres le dieran en su nacimiento -Demócrito- por el de Bernardo, al ingresar a la orden ignaciana. Lo dijo riéndose, acompañado de las palabras “era demasiado cívico”.

Al respecto, la investigadora Elena Amerio encontró en los archivos jesuíticos de Roma el registro documental del ingreso de Bitti a la orden, y en ese texto manuscrito aparece tachado el nombre Demócrito, y, encima, entre líneas, agregado el nombre Bernardo. El hallazgo confirma el comentario de Rodríguez. Amerio agrega: “El nombre del filósofo griego podía incomodar a los jesuitas por todo lo que había detrás de un personaje tan alejado del pensamiento de la congregación” (el griego era hedonista y escéptico, autor de la frase “nada sabemos de cierto…”).

Eduardo Hirose Maio/WMF Ángeles músicos pintados por Riaño en la puerta de un órgano del siglo XVII. Coro alto de la iglesia de Andahuaylillas.

Pero al margen de este entremés útil para sazonar el relato, lo incuestionable es que Bitti cumplió hasta su muerte (Lima, 1610), el mandato misional que le diera en 1573 el padre general de la Compañía, Everardo Mercuriano, destino que comenzó a madurar con una breve estancia en Sevilla junto a otros jesuitas determinados a viajar a América.

Fue, durante sus 35 años de permanencia en Perú y el Alto Perú, un trabajador prolífico e incansable, pintor de cuadros y retablos, pero también, escultor y dorador. Una significativa parte de su obra, sobre todo los primeros altares, ha desaparecido, pero se conservan muchos trabajos que permiten valorar su aporte pionero.

Quizás el principal de ellos es el gran cuadro de la “Coronación de la Virgen” que preside el amplio espacio de la sacristía de la mencionada iglesia de San Pedro en Lima, ámbito cargado de arte e historia. Allí, Bitti despliega todo lo aprendido en Camerino y Roma para cumplir su propósito de “evangelizar a través del arte”. Y, a juzgar por los resultados, puede afirmarse que lo logra, además de haber creado la primera escuela de base europea, que luego habrá de derivar en distintas vertientes de arte mestizo.

Historiadores y musicólogos han estudiado la incidencia de la música de los ángeles en los distintos tipos de narración evangélica, y la importancia de la imagen conceptual mariana en relación con las melodías celestiales en la construcción de la imagen de santidad. Estos elementos teóricos se conjugan en el mencionado lienzo de Bitti, donde el movimiento ascendente de la Virgen, rodeada de ángeles, parece acompasarse con los sonidos de contrabajos y guitarras pulsados por angélicos ejecutantes. Colaboran con ese efecto los colores apastelados que el artista, tributario de la “maniera” italiana, emplea en su búsqueda espiritualista, acentuada por la ingravidez de las imágenes.

Otro pintor, nacido en Lima, discípulo del maestro italiano Angelino Medoro, llegado al Virreinato después de Bitti, fue Luis de Riaño, probablemente el mejor de las primeras camadas de artistas criollos.

En una nota anterior destaqué su trabajo en la iglesia de San Pedro de Andahuaylillas, al sur de Cusco, monumento cultural al que también pertenecen los ángeles músicos pintados en las puertas de dos órganos de principios del siglo XVII, ubicados en el coro alto de ese templo.

El especialista Roberto Samanez Argumedo, ha escrito en una publicación del World Monuments Fund, que en ese espacio se ubican los referidos dispositivos musicales, considerados los más antiguos del continente, construidos en el Cusco. Uno tiene pintados en sus puertas grupos de ángeles que ejecutan instrumentos de cuerdas, en tanto que, el otro, muestra al rey David tocando la lira, y a la reina consorte deslizando sus dedos sobre el teclado de un órgano.

A diferencia de la suave paleta cromática empleada por Bitti, Riaño utiliza colores vivaces sobre las tablas de madera, logrando alegres acordes visuales e imágenes ingenuas, pero extraordinariamente atractivas. Ambos, con sus respectivos estilos, le abrirán camino a la rica producción de arte angélico -aquí asociado con la música celestial-, que ornará, con distintos atributos iconográficos, las innumerables iglesias, capillas y oratorios sembrados en pueblos de valles y montañas a lo largo de la extensa región andina.

Publicación original en El Litoral.

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