Esculturas de Bosco Sodi se apropian del Museo de Arte de Dallas

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Redacción: El Economista.

Expone una muestra individual y otra en colectivo, en diálogo con obras de artistas como Moore, Pollock, Rothko, Siqueiros, Ufan, Fontana, Serra, entre otros; con la exposición de 30 esferas de barro que conforman La fuerza del destino se reabre el Jardín Escultórico del museo.

Un grupo de 35 esculturas de barro del artista mexicano Bosco Sodi ocupan desde la semana pasada diversos espacios del Museo de Arte de Dallas, en Texas, mediante dos exposiciones; la primera de ellas de carácter individual, titulada La fuerza del destino, con la que el Jardín Escultórico del recinto reabre después de casi 15 años; y la segunda, Slip Zone: Una nueva mirada a la abstracción de la posguerra en las Américas y el Este de Asia, que reúne casi 100 obras de artistas de gran renombre para examinar el arte de la posguerra y sus corrientes internacionales.

La fuerza del destino

Se trata de una de las producciones artísticas más recientes de Sodi, compuesta por 30 esferas de barro realizadas en su estudio en Casa Wabi en Oaxaca, México, donde los zapotecas e incluso los primeros habitantes de la región utilizaron este material para fabricar vasijas y que ahora el artista multidisciplinario adapta a piezas de gran formato, que alcanzan de manera individual hasta los 600 kilos.

Conocido por sus pinturas y esculturas de ricas texturas que honran la crudeza esencial de sus materiales, Bosco Sodi presenta este compendio de piezas que ocupan ahora el espacio junto a artistas como Henry Moore y Richard Serra.

Tal como lo indica Sodi “el nombre de la exposición proviene del resultado inesperado, producto del proceso, que cada pieza tiene, pues cuando uno trabaja con barro y lo quema, nunca sabe lo que va a suceder”, es así como esta imperfección, puede constatarse en cada una de las esferas, incluso se puede observar una de las más de 60 piezas que se rompieron en el proceso de completar las obras para la exposición.

“Hacer estas esferas de barro es un proceso largo y de mucha paciencia, es dedicarle un año en total por cada pieza, desde su creación hasta que se queman. El barro se moldea a mano y luego se deja secar al aire libre durante largos períodos de tiempo antes de cocerla en un horno rústico alimentado por madera, cáscara de coco o semillas de jacaranda”, apuntó el artista.

Las obras resultantes son testimonios únicos de la interacción entre la materia prima y el medio ambiente, llevando las marcas no solo del creador sino también de los elementos naturales.

En palabras de Agustín Arteaga, director del museo: “He admirado el trabajo de Bosco durante muchos años. Tiene una profunda sensibilidad para trabajar con materiales orgánicos y una forma magistral de elaborar formas. La presentación de su obra en el Jardín de Esculturas del museo activa la relación inherente que estas obras tienen con la naturaleza y, esperamos, brinde a los visitantes un momento contemplativo”.

Cabe señalar que la producción artística presentada en La fuerza del destino debutó por primera vez en Pioneer Works en Brooklyn durante octubre de 2020 y que se espera que próximamente las piezas puedan exponerse en otros espacios museísticos en los Estados Unidos.

Slip Zone: Una nueva mirada a la abstracción de la posguerra en las Américas y el Este de Asia

De manera simultánea a La fuerza del destino, cinco figuras rectangulares de barro de Bosco Sodi se integran a la muestra Slip Zone¸ que reúne 91 obras de la aclamada colección de arte contemporáneo del museo e importantes préstamos de colecciones privadas, que incluyen obras de renombrados artistas como Mark Rothko, Jackson Pollock, David Alfaro Siqueiros, Lucio Fontana, Lee Ufan, Jack Whitten, Raquel Forner, Sam Gilliam, Lynda Benglis, Shozo Shimamoto, entre otros.

Dicha exposición reflexiona sobre la forma en que los artistas revolucionaron sus formas, materiales y técnicas en las décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial, abarcando corrientes simultáneas y movimientos y internacionales como el coreano Dansaekhwa, el brasileño Neoconcretismo, los japoneses Gutai y Mono-ha y el italiano Arte Povera, siendo estas últimas dos corrientes con los que la obra de Sodi encuentra un diálogo más nutrido, pues además de obtener inspiración en ellas, su obra ha sido influida por la importancia del barro para las antiguas civilizaciones americanas y la tradición japonesa del wabi-sabi, que valora la impermanencia y la imperfección.

“Las magníficas intervenciones escultóricas de Sodi crean el complemento perfecto para la colección del museo y su entorno físico”, agregó Anna Katherine Brodbeck, curadora principal de arte contemporáneo de la familia Hoffman.

Ambas exposiciones abrieron sus puertas al público, el 14 de septiembre y permanecerán hasta el 10 de julio del 2022.

El artista

Bosco Sodi (Ciudad de México, 1970) ha desarrollado su trabajo en Barcelona, Berlín, Oaxaca, Ciudad de México y Nueva York. Sobresale en el arte contemporáneo por generar propuestas estéticas que combinan su interés por la naturaleza y la materia. Sus obras son conocidas por ser de gran formato y estar ricamente texturizadas y coloridas; no suele nombrarlas debido a que prefiere no predisponer al espectador ante las piezas. Sus grandes inspiraciones artísticas se las debe a creadores como Antoni Tápies, Jean Dubuffet, Willem de Kooning y Mark Rothko. Su obra se ha presentado en numerosas exposiciones internacionales, recorriendo países tan variados como México, Bélgica, Chile, Japón, Estados Unidos, Brasil, Italia, España, Reino Unido, Alemania, Portugal, Puerto Rico y Colombia.

Asimismo, su obra forma parte de importantes colecciones institucionales y particulares de todo el mundo.

Acerca del Museo de Arte de Dallas

Establecido en 1903, el Museo de Arte de Dallas se encuentra entre los 10 museos de arte más grandes de Estados Unidos. El museo se distingue por su compromiso con la investigación, la innovación y la participación pública; su colección abarca 25 mil obras y 5 mil años de historia, lo que representa una gama completa de culturas del mundo.

Publicación original en El Economista.

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