Nicolas Poussin: El paisaje histórico

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Paisaje con Orfeo y Eurídice, hacia 1650, óleo sobre lienzo, 124 x 200 cm Nicolas Poussin (Paris, Museo del Louvre).

Poussin y la Naturaleza

Con Tiziano, la práctica veneciana del paisaje se instaura en Roma a finales del siglo XVI. Los Carracci organizan sus paisajes según un orden ideal para expresar la solemnidad de la historia y la poética de la naturaleza: hasta entonces inscrito como fondo, el paisaje abandona su función secundaria para participar en el sentido mismo de la composición. En el nuevo paisaje, la figura humana ve reducido su tamaño, convirtiéndose en una presencia que determinará el sentido poético del tema representado, caracterizado por una sincera restitución del paisaje natural. Clásicos italianos como el Albano y Domenichino siguieron las directrices marcadas por Ludovico Carracci, pero Poussin logró sublimar este género pictórico haciendo que el paisaje expresara diferentes tipos de emociones: una dulce nostalgia bucólica (Paisaje con Polifemo), lo trágico de la pasión y de la muerte (Paisaje con Píramo y Tisbe); la visión racional de la Historia (Paisajes con la historia de Foción) o el orden eterno del universo (Paisaje con Diana y Orión). El cambio más importante en la pintura de Nicolás Poussin después de su regreso a Roma en 1642, fue su creciente interés por el paisaje, convirtiéndolo en escenario fiel de sus historias pintadas.

Paisaje con Polifemo, 1649, Nicolas Poussin (San Petersburgo, Museo del Hermitage).

Hombre erudito, Poussin expresa su pasión por el clasicismo confiriéndole una dimensión moral. Pintor filósofo, su obra de madurez evoluciona hacia una meditación de la Historia en la que se combina lirismo y una gran armonía poética. La obra de Poussin se inscribe en la fórmula del poeta Horacio: Ut pictura poesis (como la pintura así es la poesía). En la obra de Poussin, pintura y poesía se combinan et se inspiran mutuamente.

Paisaje con san Juan en Patmos, 1640, Nicolas Poussin (Chicago, The Art Institute).

Nicolas Poussin: Paisaje con Orión ciego

Pintado en la última fase de la vida de Poussin, unos años antes de las Cuatro Estaciones y del Apolo y Dafne del Louvre, el lienzo del Orión ciego revela la gran libertad del pintor, incluso frente a la perfección alcanzada por su obra. Rompe las proporciones mediante la abertura improbable entre el primer plano y la distancia, entre el gigantismo de Orión y los pequeños personajes que observan su marcha. Una especie de ojiva inusual enmarca el fondo del paisaje por donde sale el sol: por un lado, el gigante, obstinado en recuperar la vista, va camino a Oriente, guiado por el niño Cedalión sobre sus hombros y contemplado por Diana en el balcón del cielo; por otro, una masa monumental de árboles, a contraluz, que ampara la obstinación de Orión, por así decirlo. La inmovilidad también se rompe: saliendo de un mismo poderoso impulso de las sombras y de la tierra, la vegetación y la humanidad parecen converger hacia el alba divina y redentora. Mitología y humanismo confluyen en este paisaje heroico.

Paisaje con Orión ciego, 1658, óleo sobre lienzo, 119×183 cm., Nicolas Poussin (Nueva York, Metropolitan Museum).

El tema inusual y aparentemente enigmático de esta tela es una alusión a la doctrina estoica, según la cual el alma nace del agua, como una niebla, bajo la acción del sol. El alma está representada aquí por Orión, el gigante ciego (con su guía Cédalion en los hombros), mientras que Diana, que está esperando sobre las nubes con su arco y sus flechas, representa a la muerte.

El paisaje, con sus abruptos accidentes del terreno, sus impresionantes atajos, sus efectos meteorológicos (la niebla que se convierte en nube), revela la naturaleza en toda su fuerza primitiva, convirtiéndose en un paisaje panteísta y visionario. Este lienzo pintado para el banquero Michel Passart formó parte de la colección de Sir Joshua Reynolds (uno de los maestros de la pintura inglesa del siglo XVIII).

«Hubo un tiempo en que la isla de Chios, en el mar Egeo, estaba infestada de bestias salvajes. El rey Oenopión le prometió a Orión la mano de su hija, la princesa Merope, si cazaba a aquellos animales. Cuando el gigante hubo cumplido su tarea, fue a reclamar su recompensa. Pero Oenopión se desdijo de sus promesas, fingiendo que todavía quedaban osos y lobos en las montañas. Loco de furor, Orión se emborrachó, entró de noche en la habitación de Merope y la tomó por la fuerza. Cuando Oenopión descubrió los hechos, solicitó la ayuda de su padre Dionisio, quien ordenó a sus sátiros que embriagaran a Orión hasta que cayera en un sueño profundo. Entonces el rey para vengar el honor de su hija sacó los ojos del cazador dormido. Perdido, Orión fue a buscar consejo al oráculo, quien le profetizó que recuperaría la vista si se dirigía hacia el este, donde Helios se levanta. El gigante navegó hasta la isla de Lemnos, orientándose con el sonido de la forja de Hefesto; en su forja, descubrió a un joven aprendiz a quien izó sobre sus hombros para que pudiera guiarlo por tierra y por mar. En los confines del mundo, la suerte sonrió finalmente a Orión: el Sol le devolvió la vista y su hermana la Aurora le devolvió la sonrisa enamorándose de él.»

Nicolas Poussin: Paisaje con Orfeo y Eurídice

La pintura representa el mito ilustrado por Ovidio en sus Metamorfosis, más tarde retomado por Virgilio en sus Geórgicas. Orfeo, legendario e incomparable poeta-músico de la mitología griega, era hijo de Apolo y Calíope, la musa de la poesía épica y la elocuencia. Cuando su esposa, Eurídice, murió mordida por una serpiente, Orfeo bajó a los Infiernos para intentar convencer a Hades de que se la devolviera. Hechizó con su canto a las Sombras que olvidaron sus penas, e incluso el terrible dios de los Muertos derramó lágrimas de hierro… Conmovido, Hades le permitió llevarse a Euridice, pero con una condición: debería precederla en su camino de salida de los Infiernos con la prohibición de volverse y mirarla. Pero, antes de llegar a la última puerta, Orfeo no puede contener su impaciencia y mira hacia atrás para ver el rostro de Eurídice. En ese momento ella le es arrebatada, se convierte en sombra y él es expulsado de los Infiernos, quedando definitivamente separado de su amada.

Paisaje con Orfeo y Eurídice, hacia 1650, óleo sobre lienzo, 124 x 200 cm Nicolas Poussin (Paris, Museo del Louvre).

Poussin se ha inspirado aquí en Virgilio (Georgicas IV), pero representa el mito de una forma extremadamente condensada. Orfeo, a la derecha, su canto de amor por Euridice parece estar destinado al fracaso. La gran masa de sombras en primer plano representa a la vez la muerte de Eurídice y las tinieblas que el canto de Orfeo hace retroceder cuando obtiene la promesa del regreso a la vida de su esposa. Ariseo, el pastor rival de Orfeo enamorado de Eurídice (que quiso raptarla según Virgilio) es asimilado al propio Hades, y la cesta con flores evoca el secuestro de Perséfona.

El castillo de Sant’Angelo del que sale humo es una alusion al mundo de los Infiernos.

Orfeo vagó por el mundo, inconsolable. Algunas leyendas dicen que se suicidó, otras que fue despedazado por las Bacantes de Tracia, que se sintieron despreciadas por él. Todo lo que quedó de Orfeo fue su cabeza, que seguía llorando a Eurídice, hasta que fue enterrada por los habitantes de Lesbos en su isla. (ver el bello texto de Ovidio: Metamorfosis, libro X).

Poussin, sabio estoico

A lo largo de su carrera, los temas que escogía Poussin para sus cuadros fueron evolucionando. Las historias de amor de carácter heroico o divino de sus primeros años, impregnadas de melancolía, dan paso a temas más solemnes inspirados en las Sagradas Escrituras y en la Historia, para desembocar en la poesía sutil de su último período. Pero la llave del pensamiento del artista podría encontrarse en el estoicismo. Este sistema filosófico había aparecido en el tumultuoso y cosmopolita mundo helenístico, como una fórmula de salvación moral personal, y fue redescubierto en la segunda mitad del siglo XVI, en un período de crisis política y moral comparable. El estoicismo enseña que la virtud es el único bien y la única cosa sobre la que tenemos algún poder. El mundo, y todo lo que gobierna nuestra vida, es objeto de un determinismo ineluctable. El hombre sabio, es el que toma plena conciencia de este hecho y, en consecuencia, trata de desprenderse tanto de los placeres como de los sufrimientos para poder lograr un equilibrio interior. Esas cualidades morales se evocan directamente en los lienzos cuyo tema son los héroes o mártires del estoicismo –como Foción, Eudámidas o Diógenes-, y el ideal de paz interior se evoca de forma metafórica en las capas inmóviles de agua que aparecen en muchos cuadros de Poussin.

Paisaje en tiempo de calma, 1651, Nicolas Poussin (Los Angeles, Getty Museum).

Este paisaje, que Poussin pintó para Jean Pointel, uno de sus nuevos patrones franceses que conoció durante su estancia en París (1640-1642), forma pareja con el cuadro La tormenta (Rouen, Museo de Bellas Artes). Este refinado paisaje evoca paz y estabilidad y, como tantas veces en Poussin, la gran capa de aguas quietas es como una metáfora del espíritu sereno del sabio estoico. Poussin ha puesto en esta composición una única, pero fuerte nota de dinamismo, en el caballo que galopa a la izquierda.

Nicolas Poussin: Paisajes con la historia de Foción

En el Paisaje con los funerales de Foción, el orden de la historia (las cenizas de un general ateniense, injustamente desterrado, recogidas piadosamente por una mujer) se combina con el de la arquitectura (el templo visto estrictamente de frente, justo por encima de las dos figuras) y con la naturaleza (la roca con el arca, la nube iluminada por el sol, el follaje de los árboles, aquí utilizados como volúmenes) en una disposición del universo que conduce al espectador hasta el centro de la imagen. Por medios únicamente visuales, Poussin confiere al paisaje una noble dignidad como la de los héroes de la Historia o de la Biblia. La vida de Foción (402-318 aC), que fue contada por Plutarco en Vidas paralelas), trata de un general ateniense, hombre honesto condenado injustamente a muerte por el pueblo. Se ordenó que su cuerpo fuera quemado fuera del territorio ateniense, pero su fiel esposa recogió sus cenizas y las llevó de regreso a Atenas. El cuadro Paisaje con las cenizas de Foción, que forma pareja con Paisaje con los funerales de Focion, se pintaron para Cerisier, un comerciante de seda de Lyon. Todavía formaban parte de su colección en 1665, cuando Bernini los admiró. Estas dos grandes pinturas dan testimonio del lugar central que ocupa la naturaleza en el pensamiento y en la obra de Poussin.

Paisaje con los funerales de Foción, 1648, Nicolas Poussin (Liverpool, Walker Art Gallery).

Paisaje con las cenizas de Foción, 1648, Nicolas Poussin (Liverpool, Walker Art Gallery).

El mundo de la naturaleza en Poussin: El nacimiento de Baco

Poussin, aplica al mundo de la naturaleza lo que significa de muerte y renacimiento: los personajes ovidianos mueren para convertirse en flores. Varios de ellos, como Adonis o Narciso, siempre han sido objeto de numerosas representaciones en pintura. Se trata de meditaciones sobre la tristeza, y el consuelo que se encuentra al comprender y aceptar los ciclos y las mutaciones que se producen de forma natural. En su madurez, la reflexión de Poussin sobre estos temas se vuelve más profunda y compleja. En el Nacimiento de Baco (Dionisos), el dios niño que ya aparece coronado con hojas de vid, encarna la vida de la naturaleza, pues Mercurio, el mensajero de los dioses, se lo llevó a Nisa, ciudad fabulosa de Oriente, rodeada por el valle más hermoso del mundo, y allí lo entregó al cuidado de las Ninfas. (Poussin sin duda recuerda al misterioso hijo de la Égloga IV de Virgilio, cuyo nacimiento debe llevar a la edad de oro). En el cuadro, la figura de Narciso agonizante se yuxtapone de manera original a este evento, como si la muerte del hombre fuera la condición del nacimiento del dios. Un pensamiento similar se adivina en otro lienzo tardío, el hermoso Paisaje con Orión (ver arriba), donde el gigante ciego avanza hacia el sol naciente para ser sanado, pero también para morir. La relación que establece Poussin entre el nacimiento de Baco y la muerte de Narciso es extremadamente original. Esta tela, ejecutada para su amigo Jacques Stella, entonces viejo y enfermo, probablemente fue concebida como una especie de consolatio.

El nacimiento de Baco, 1657, Nicolas Poussin (Cambridge, Fogg Art Museum).

Baco era el hijo de Júpiter y Semele. Semele era hija de Cadmo, rey de Tebas. Habiendo Semele pedido imprudentemente a su amante que se revelara a ella en su naturaleza divina, fue reducida a cenizas. Júpiter luego cosió el niño que llevaba en su muslo, donde permaneció hasta el momento de su nacimiento. Mercurio confió a Baco a las ninfas, que se encargaron de criarlo. Mercurio es reconocible por las alas de sus sandalias, y su sombrero también alado. Aquí, señalando a su padre Júpiter tendido en la nube, identificable gracias a la presencia del águila que sostiene el rayo en sus garras. Narciso yace sin vida cerca del manantial, en el agua donde vio reflejada su imagen. Justo detrás del cuerpo del joven, vemos crecer las flores que llevan su nombre. Enamorada de Narciso con una pasión no correspondida, la ninfa Eco se consume de amor.

Nicolas Poussin: Las cuatro estaciones

Hacia el final de su larga y productiva vida, Nicolas Poussin realizó una serie de pinturas llamadas «Las cuatro estaciones». Acabadas un año antes de su muerte, fueron pintadas para el duque de Richelieu entre 1660 y 1664. Poussin utiliza cuatro escenas de la Biblia como pretexto para reflexionar sobre las grandes etapas de la vida humana. En La primavera o Adán y Eva en el paraíso terrenal, vemos a Eva señalando a Adán el árbol que lleva el fruto prohibido. La primitiva pareja en el centro de la pintura está rodeada por un exuberante jardín. Esta composición altamente estructurada encierra al primer hombre y la primera mujer en una especie de equilibrio natural que atestigua de la lógica misma de la creación; El verano o Ruth y Booz; El otoño o El racimo de uvas traído de la tierra prometida; En El invierno o El diluvio, una ligera apertura en el cielo oscuro nos permite adivinar la forma clásica del arca de Noé que flota en el agua que llega hasta el techo de las casas: es la única forma de salvación y quiere representar la continuidad de la vida más allá de la muerte. En los fríos colores del invierno, el paisaje en el que se inscribe la narración bíblica expresa fe en la naturaleza y en su fuerza, muy superior a la del hombre.

El verano, 1660-1664, Nicolas Poussin (París, Museo del Louvre).

En el ciclo pictórico de las Cuatro estaciones, los agricultores que cortan y cosechan el trigo representan el verano. En este caso, se refiere a un episodio bíblico: la historia de Rut; Después de la muerte de su primer marido, Rut decide ir a Belén con su suegra, Noemí. Booz, pariente rico de esta última, les da trabajo. Viendo como Rut recogía las espigas, comprende que es virtuosa y decide tomarla por esposa. El cuadro representa el momento en que la joven se encuentra con Booz que aparece de pie frente a una Rut arrodillada.

El otoño, 1660-1664, Nicolas Poussin (París, Museo del Louvre).

El frondoso árbol lleno de frutos es un símbolo de la redención futura. El árbol estéril puede considerarse como símbolo de pecado, en oposición a su vecino con follaje exuberante. El palo sobre el que reposa el enorme racimo de uvas evoca los brazos de la cruz de Cristo y el racimo de uvas hace referencia a la Eucaristía.

Bibliografía

Chastel, André. L’art français III: Ancien régime. Flammarion. Paris, 1994.
Fumaroli, Marc. L’École du silence. Flammarion. Paris, 1998.
Rosenberg, Pierre. Nicolas Poussin 1594-1665. Réunion des Musées Nationaux. Paris, 1994.
Collectif. Temps Modernes, Histoire de l’Art. Flammarion. Paris, 2005.
Mérot, Alain. Poussin. Hazan. Paris, 1990.

Publicación original en Aparences.

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