JCB Una obra contra la corriente

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UNA OBRA CONTRA LA CORRIENTE

La trayectoria de Jorge Castilla-Bambarén desde que empezó a pintar es un ir contra la corriente. Los resultados están a la vista, una obra original e intensa que no se aviene a las banalidades de la moda ni a los dictados de la mercadotecnia.

Esta distancia que el propio Castilla-Bambarén marcó desde temprano, no le ha impedido ser reconocido como uno de los principales exponentes de la plástica peruana. Su participación en importantes bienales como las de Sao Paulo, de La Habana .la de Cuenca y la Iberoamericana de México ,el cortometraje “serie negra” del cineasta Nelson Garcia de 1990 son pruebas más que suficientes de su innegable calidad y trascendencia.

Desde muy joven , JCB mostró particular interés por las pinturas de los alienados del Hospital Larco Herrera (*). Desde entonces, con espíritu selectivo, pudo apreciar la fuerza expresiva del llamado Arte Bruto (Art Brut) que bien comprendido abarca también las creaciones de todos aquellos artistas que no son considerados como tales porque no se ubican en los estrechos confines de la academia.

Esta amplitud de miras no es ajena a su sólida formación pictórica. Hace veinticinco años, nuestro gran artista David Herkovitz escribió: “Yo admiro las pinturas de Jorge Castilla-Bambarén, en primer lugar porque demuestran un obvio dominio sobre los distintos aspectos de lo pictórico: color, dibujo, expresión, espacio, línea y composición.” A las palabras del maestro Herkovitz habría que añadir que Jorge es un hombre de cultura en el sentido pleno de la palabra. Sus intereses y conocimientos no se limitan a las artes plásticas, se extienden con manifiesto placer a la música, literatura, fotografía, antropología, cine, teatro y danza. Una formación integral a la que todo artista debería aspirar.

La pintura de Castilla-Bambarén ha permanecido fiel a sí misma, lo cual no quiere decir inmutable. Todo lo contrario, es una obra permeable a las corrientes innovadoras de la vanguardia y que además ha tenido la audacia y la sensibilidad suficientes para incorporar a su pintura las manifestaciones creativas y singulares de los pueblos olvidados e ignorados por la cultura oficial. Respecto a esto último es útil recordar lo que escribiera en el 2008 el gran crítico y artista argentino Luis Felipe Noé sobre la pintura de JCB: “Él nos revela las presencias que nacen de su mano de pintor, de las cuales es el primer contemplador. Vienen del caos creador -lo que Gilles Deleuze define como “caos–germen”- y quedan así fijadas inmóviles ante nosotros (un nosotros que lo incluye a Castilla-Bambaren) como si fuesen eternas. Con fuerza y precisión, él las define como si viniesen de un cuento para niños, pero para esos infantes que lo somos todos, más allá de las edades. Estas presencias ominosas, amenazantes, él nos las presenta como si fuesen mascotas, ya que a lo largo de su vida ha ido tomando confianza con ellas. Su salvajismo es su dignidad de artista. Castilla-Bambaren se ubica frente al mundo como un primitivo, sintiendo que este lo excede. Pero en este caso, el “exceso de objeto”, del que habla Levi Strauss, es más cultural que natural.”

Entre los que aprecian su obra, están los que encomian principalmente las tonalidades que van del negro al blanco, pasando por el gris. Incluso los partidarios de una paleta polícroma no dejan de sentir admiración por su mítica “serie negra” o por su obra en blanco y negro de los finales de los ochenta y comienzos de los noventa. Cómo olvidar esas imágenes poderosas, esos demonios que algunos consideran como expresiones del horror o de lo trágico.

Por supuesto que no faltan los entusiastas de los colores encendidos, los que prefieren, con indisimulada excitación, su manejo desenfadado del color que hace más patente las alucinantes escenas de sus cuadros.

De ambas apreciaciones se colige un universo cromático lo suficientemente rico y variado para todos los gustos y que él lo usa con pleno dominio de acuerdo a lo que desea expresar en cada una de sus pinturas.

Por otro lado, el particular bestiario de Castilla-Bambarén está conformado por seres inquietantes que parecen emerger del fondo de la noche o del subsuelo inmemorial para pertubar a las buenas conciencias. Sin embargo, no todas sus pinturas buscan la confrontación ni están destinadas a incomodar al burgués ni a develar su doble moral. No todos sus personajes son seres desaforados con lenguas como flechas que apuntan directamente al corazón. No todos son bestias insolentes que exhiben sin pudicia falos y vaginas que se unen en alegre bacanal. Hay otras pinturas de intenso colorido con figuras totémicas o formas bellamente delineadas que evocan ritos ancestrales o escenas que recuerdan, en el sentido de Goya, los sueños de la razón.

La pintura de JCB es más compleja y variada de lo que mucha gente supone. Tiene varios registros. Un lado lúdico que por temor al ridículo es ignorado por doctos y solemnes; una serena inteligencia que asume como propias las formas más primitivas del arte de África, de Oceanía o de América con libertad, profundidad y originalidad.

Cómo no coincidir una vez más con el maestro Luis Felipe Noé cuando afirma que “Castilla-Bambaren pertenece al grupo selecto de artistas que contribuyen a imaginar a América Latina”.

Lorenzo Osores

Fuente:

https:/www.artmajeur.com/castilla-bambaren

 

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