Jorge Paredes Laos

Su pintura es una explosión de colores brillantes. Edificios, árboles, mariposas, veleros se pierden en un espacio denso pero radiante como salido de un sueño feliz. Un mundo cargado de energía y vigor. Dos características que definen también la personalidad de Jean-François Larrieu (Tarbes, 1960), un cotizado artista francés y gestor cultural que, desde el 2010, preside la importante Fundación Taylor, una asociación sin fines de lucro reconocida por impulsar el arte contemporáneo y otorgar premios y becas a jóvenes creadores de distintos lugares del mundo. Larrieu se encuentra en el Perú como uno de los promotores y expositores de ComparArt, un espacio que reúne a 87 artistas peruanos y franceses, y que se desarrollo en el Centro de la Cultura del Museo de la Nación.

ComparArt se lleva a cabo por segunda vez en el Perú. ¿Qué objetivos se han planteado para esta edición? 
En el 2014 la idea de reunir en un espacio todo el abanico de la creación contemporánea peruana tuvo gran éxito, tanto desde el punto de vista artístico como el social y el educativo. ComparArt 2016 es una prolongación de aquella edición, con una apertura internacional que permite el diálogo y el intercambio. Quiero resaltar el apoyo del Ministerio de Cultura, que permite a los organizadores cumplir con sus objetivos; es decir, hacer de ComparArt una fiesta del arte contemporáneo en el Perú.

¿Cuáles han sido los criterios para la selección de los artistas participantes?
Han sido invitados a participar los artistas más representativos de Francia y del Perú. Cada uno de ellos fue seleccionado porque tiene una obra auténtica, personal y reconocible. Representan internacionalmente a sus respectivos países.

Usted promueve el mecenazgo en el arte a través de la Fundación Taylor. ¿Cuál es la importancia de esta labor en países como el nuestro, donde grandes sectores sociales están marginados de una actividad que todavía es vista como elitista?
Sería un gran error encerrar las actividades artísticas en una prisión elitista y financiera. La cultura es el cimiento del pueblo, es importante para la educación y el desarrollo social. Permitir el acceso del gran público a la creación artística es aportar al crecimiento de un país. Ese es uno de los aspectos más importantes de ComparArt y es la misma acción que realizamos en la Fundación Taylor: apoyar el arte vivo en su diversidad, democratizándolo fuera de toda presión, lobby o moda.

En la edición anterior se apoyó y premió a niños de escasos recursos. ¿Esta vez habrá acciones similares?
Fue algo muy emocionante. Recuerdo aún la emoción de los niños de la calle que, algo perturbados, empezaron a manipular los pinceles y los colores hasta que terminaron por concentrarse y se aislaron interiormente en su propia creación. Cada uno de ellos acabó encontrando su propio camino. La entrega de premios Taylor solo confirmó la experiencia que ellos sintieron. Este año los organizadores quisieron repetir este tipo de acciones, algo que yo celebro y que es la principal motivación de mi presencia en Lima.

¿Tiene una opinión del arte que se realiza en nuestro país? ¿Creativamente estamos lejos o cerca de los circuitos internacionales?
En el Perú abundan artistas de gran calidad. Es un país donde ellos todavía dominan un verdadero savoir faire (gracia especial) y están dotados de verdaderas visiones personales. ComparArt lo demuestra. Pero, si las competencias creativas no van acompañadas del apoyo económico de un país, a través del mecenazgo y del Estado, es difícil el ingreso a los grandes circuitos internacionales del arte. Esto pasa en todos los países del mundo.

En lo personal, ¿cómo descubrió el arte? Se cuenta que a los 11 años ya había recibido un premio de pintura…
Yo comencé a pintar a los diez años. El dibujo y el color fueron siempre necesarios para expresarme. A los 11 obtuve mi primer reconocimiento, el premio François Villon de la ciudad de Tarbes. En 1978 el responsable del museo de la ciudad de Pau me invitó a exponer; yo tenía entonces 18 años. A los 26, firmé un contrato con una compañía japonesa y esto marcó el principio de mi carrera internacional.

Su pintura apela mucho al color, algo que despierta la imaginación. ¿Cómo desarrolló su técnica?
Mi fuente de inspiración son los lugares que desprenden una gran energía. Me gusta confrontarme en la densidad urbana pero también en la complejidad de los elementos naturales. Para mí, pintar un árbol o una ciudad requiere del mismo proceso creativo. Sí, mi línea directiva es la imaginación y la poesía en su profusión de signos y símbolos. Mis obras son generalmente muy coloridas, un reflejo de mi espíritu, que busca ser universal.

La del estribo
¿Cómo incentivar el arte en la infancia?
Primero, hay que establecer una relación de confianza y apertura. Los jóvenes tienen la necesidad de descubrirse y de confrontarse. Al principio hay que dejarlos libres en ese descubrimiento y, progresivamente, darles pistas y soluciones. No hay métodos. Es un camino personal hecho de aprendizaje, dolor, descubrimiento.

21.02.2016


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