El artista peruano Fernando de Szyszlo, de 89 años, considera que el arte atraviesa un momento difícil y poco seductor por culpa de “una sociedad banal” que induce a hacer obras “horribles” y a “un bajón” en la pintura.

 

“El arte actual es horrible. Antes juzgaba a los pintores y decía que estaban equivocados. Pero hace unos meses me di cuenta que no son ellos. Es la sociedad que se ha banalizado y hace que produzcamos ese arte banal. Perdimos la brújula y estamos en un bajón”, manifestó De Szyszlo a Efe en una entrevista en Medellín.

En medio del panorama desesperanzador que plantea, en el que “se ha banalizado todo y hasta el sexo se convierte en una gimnasia intrascendente”, Fernando de Szyszlo considera que vendrán tiempos mejores y habrá un reencuentro con la esencia de la pintura.

“Dalí decía: ‘Moda es lo que pasa de moda’. Estoy seguro que vamos a replantear los problemas de la expresión artística y a saber para qué se hace arte”, apuntó De Szyszlo.

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UN PRESENTE PREOCUPANTE
A pocos días de cumplir 90 años, Fernando de Szyszlo, nacido en Lima el 5 de julio de 1925, dice mantener vivo ese anhelo de querer superar con cada obra su “condición humana, mortal e intrascendente”.

El artista peruano remarcó que palpa en este momento un arte que no lo conmueve, pero tuvo el privilegio de aprender de los mejores cuando vivió en París y “todos los monstruos estaban vivos”.

“Me encontraba en un café con Picasso, Braque, Matisse, André Gide, Giacometti, Sartre y Camus”, relató.

Y ese París, “en el que todo es tan vivo, profundo y atractivo”, no solo le enseñó a devorar libros y a entender muchas aristas de la política. Lejos de su adorada Lima aprendió a amar más sus raíces y su continente.

“Nacer en América Latina es un privilegio y al mismo tiempo una maldición. Si uno quiere vivir acá tiene que sacrificar mucho. Viví en París, la ciudad más perfecta, y cuando regresé sabía que escogía el camino más pesado”, afirmó.

De Szyszlo, autor de más de 3.000 obras, manifiesta que le preocupa el presente de América Latina por el retroceso que viene experimentando.

“Hace unos años dejamos de lado el pesimismo que teníamos y descubrimos el optimismo, pero nos estancamos. Los gobiernos otra vez están vacilantes y el futuro inmediato es complicado”, consideró.

Según el artista, en Latinoamérica la clase media ha crecido de tal manera que “los políticos no van a tener importancia y esa va a ser la verdadera democracia”.

Asimismo, aseguró que “la desgracia de la política latinoamericana es que estamos influidos por gente, en todos los niveles, que no tiene convicciones sino intereses”.

 

EXPOSICIÓN
El artista inaugura hoy en la Galería Duque Arango la muestra Una América llamada Szyszlo, compuesta por 20 obras, tres de ellas de su producción de 2014 y las demás de este año.

Para el pintor, en los 20 cuadros que integran la exposición, cuyo título salió de un viejo discurso de la escritora y crítica de arte colombo-argentina Marta Traba, están reflejados todo el conocimiento que tiene del continente, con sus pecados y virtudes.

“He tratado de hacer una pintura que hable del lenguaje contemporáneo, de los problemas, de los sentimientos, de las frustraciones y de las maravillas que son estas tierras, y que tenían que ser expresadas de alguna manera como lo hizo (Alejandro) Obregón y (Rufino) Tamayo”, detalla sobre sus obras cargadas de contrastes que llevan a otra dimensión el claroscuro.

Su más reciente obra no tiene cambios dramáticos porque su pintura “siempre va a ser lo mismo”, opinó.

“Nunca he cambiado y siempre he perseguido la misma idea. Nunca la he logrado coger, pero sigo tratando”, señaló entre risas el peruano, quien pese a su energía, lucidez y adicción al trabajo, se siente atormentado por el paso del tiempo y no planea festejar de una manera especial sus 90 años.

 

LA VEJEZ
“La peor enfermedad que uno pueda tener es la vejez. Hay que ir renunciando a cosas. Estuve en París y en la visita a un museo terminé arrastrándome como un mutilado de guerra”, dijo al lamentar que ha perdido capacidad física pero, agregó, “felizmente lo que más conservo es la mente” y espera que hasta el último día de su vida “no pierda la consciencia”.

El pintor le da valor a la experiencia que ha acumulado en las siete décadas dedicadas al arte y se enfrenta de una manera diferente al lienzo en blanco. “Estoy menos perdido, sé más lo que quiero. Antes, al comenzar un cuadro había mucha vacilación. Eso no quiere decir que sea más fácil”, concluyó.

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