Nacido en París en 1705, Louis-Gabriel Guillemain es, junto con Jean-Marie Leclair, Guignon y, por supuesto, Rameau, uno de los más granados representantes de la corriente galante del XVIII francés, aunque quizás el peor conocido – al menos en España – de los citados. El término música galante ha venido designando, desde la época en que se puso en boga, un cierto hacer típicamente cortesano- o sea, el propio de los músicos de corte – que a posta busca el deleite, el agrado, con una peculiar y al menos aparente ligereza que le es característica.

Pero en la Francia de las Luces, el modo galante significaba más específicamente una manera nueva que comenzaron adoptando los músicos de la corte de Luis XV huyendo de la pomposa pesantez de las formas artísticas del período Luis XIV y Regencia y que consistió fundamentalmente en una italianización del gusto y de las formas musicales. En efecto, el estilo italiano fue ganando en popularidad en los salones: la sonata y la cantata se pusieron de moda rápidamente entre los compositores franceses y dieron forma a la nueva música de cámara que se oía en la corte. El principal responsable de esta avasalladora influencia fue Giovanni Battista Somis, violinista y compositor italiano cuya fama se extendió en Francia merced a sus discípulos: Leclair, Guignon y Guillemain; con ellos, la escuela francesa de violín se abrió a la tradición de Corelli, que había sido el maestro de Somis.

Louis-Gabriel Guillemain había visitado Italia dos veces. Su primera estancia fue de formación, con Somis y la segunda tuvo lugar mientras trabajaba como primer violín de la Academia de Música de Dijon, donde estuvo establecido como compositor e intérprete desde 1729. Así que con ese bagaje se presentó en la corte en 1737, donde se le nombró musicien ordinaire de Luis XV. Tocaba en sesiones privadas ante los reyes y llegó a ser uno de los más populares y mejor pagados de los músicos del rey. Pero el mecenazgo de la Pompadour le fue quizás más favorable. Más de diez años estuvo en la orquesta de la Marquesa y en su teatro estrenó el que fue su primer gran éxito: el ballet-pantomima L´operateur chinois, que más tarde, en enero de 1749, se representó en la Comédie Italienne. Sus obras eran interpretadas a menudo en el Concert Spirituel, la admirable institución que organizó Philidor en la Salle des Cents Suisses de las Tullerías para dar a conocer la música francesa y que tuvo una influencia dominante durante todo el siglo XVIII. Pero Guillemain no llegó nunca a tocar él mismo allí como solista ,pues padecía, al parecer, un rechazo neurótico a actuar antre grandes audiencias. De hecho, lo poco que sabemos de la persona de Guillemain abona la fama de personalidad tormentosa y vida patibularia que acompañaba a su aparente buena posición como músico de corte: bebedor, cargado de enormes deudas, puso fin a su vida en Chaville en el año de 1770.

Las 18 obras publicadas por Guillemain son todas de música instrumental e incluyen piezas para violín solo, violín y teclado, dos violines, sonatas en trío, cuartetos, conciertos, sinfonías en trío y divertimentos para trío orquestal. Las sonatas en cuarteto de Guillemain mantienen todavía algún elemento del Barroco tardío, como el uso del bajo continuo, y comparten con el vigente Rococó el gusto por la ornamentación profusa, a pesar de la claridad temática y formal que las caracteriza. Pero, sobre todo, anticipan elementos que serán desarrollados por el Clasicismo: aplicación de la forma sonata tanto a la estructura general en cuatro movimientos como al primer tiempo de cada obra, abundantes cadencias intermedias que clarifican el plan formal y tonal, modulaciones a la tónica menor en piezas escritas en tonalidades mayores, empleo de numerosos diseños en tresillos, etc.


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