De Javier Heraud se ha escrito mucho. Una de las crónicas más sentidas con anécdotas imperdibles quizás sea la que escribió el poeta Rodolfo Hinostroza en su libro Pararrayos de Dios donde describe a un joven díscolo que tenía en su verso la capacidad asombrosa de representar los sentimientos y pensamientos más profundos de manera bella, clara.

Hinostroza hace un repaso de su corta vida y de su inesperada muerte luego de que se convirtiese en un revolucionario ante la sorpresa de muchos. Pero habría que partir desde el inicio para entender quién fue Heraud y de qué estuvo hecha esa personalidad inflamada y combativa que lo hizo terminar asesinado en las frondosas selvas de Madre de Dios.

No provenía de una familia que haya tenido carencias o necesidades; hijo de Jorge Heraud Cricet y Victoria Pérez Tellería, vivió desde niño junto a sus seis hermanos en una vivienda de Miraflores donde se acomodaba la clase media alta de la ciudad. Nació un 19 de enero de 1942 y fue un destacado alumno en sus años escolares del colegio Markham, que por aquel tiempo se ubicaba en el mismo distrito costero, y su interés por las letras siempre fue prematuro. Incluso ganó concursos de Juegos Florales de poesía y literatura.

Cuenta Rodolfo Hinostroza que esta etapa de escolar fue particularmente dura para Heraud. Su aspecto físico, los cambios hormonales en la adolescencia y su carácter introvertido había sido una combinación fatal en aquellos años de los que solo pudo salir refugiándose -o creando un mundo paralelo- en los estudios y en la poesía. Era uno de los alumnos más altos de la clase y su figura alargada, rostro anguloso y andar cancino generaba algunas burlas de compañeros que se ensañaban con él.

Dejado de lado por los compañeros y con esa gran marca que no pudo superar fácilmente ingresó a la facultad de Letras de la Pontificia Universidad Católica del Perú en el año 1958 cuando Manuel Prado era presidente, una época de persecuciones y movimientos políticos paralelos que terminarían de germinar años después en acciones armadas y de influir directamente en la vida del vate.

Entre 1960 y 1961 publica El río y El viaje respectivamente, dos poemarios imprescindibles que recibieron elogios y ganaron premios como el “Poeta joven del Perú”; quedaba manifiesto el talento y la fertilidad creativa de un poeta que compartió la época con grandes como César Calvo con quien compartió premios y una amistad importante.

El mismo 1961 fue un año de cambios para el inquieto y joven poeta. Viajó en julio a Moscú para el Foro Mundial de la Juventud y luego visitó ciudades europeas como París y Madrid. El influjo de estos viajes se reflejó en el poema Plaza Roja; desde ya, Heraud tenía inclinaciones por agrupaciones políticas de izquierda y por la lucha armada.

Junto a un grupo de poetas -esto también lo cuenta Hinostroza en el libro ya mencionado- en el año 1962 viaja becado a Cuba para estudiar cinematografía, evidentemente, nada más llegar a la isla encontró un ambiente de efervescencia donde se comía, hablaba y respiraba revolución. Es aquí donde conoce a Fidel Castro y decide enrolarse en el Ejército de Liberación Nacional, una guerrilla que buscaba implantar el comunismo en Sudamérica a punta de fusil.

El año 1963, los 80 becarios que llegaron a cuba se reunieron con Héctor Béjar (Juventud Comunista) y un grupo del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) quienes llegaron desde el Perú hasta cuba para recibir instrucción militar e iniciar la lucha armada. Heraud se sumó al proyecto y se enrumbó hacia Bolivia; el primer objetivo era tomar la frontera peruano-boliviana e ingresar hacia La Convención, esto también lo cuenta en su ensayo Incendiar la pradera el historiador nacional José Luis Rénique.

Querían los guerrilleros ingresar por Puno, Carabaya para enfilar hacia el Cusco, sin embargo perdieron comunicación y el contingente quedó a cargo del Partido Comunista Boliviano. Rénique relata que decidieron enviar a un grupo de avanzada para que logre establecer comunicación con Hugo Blanco, sin embargo en Puerto Maldonado fueron descubiertos y tras una confrontación de algunos minutos, un grupo consiguió huir, solamente dos se quedaron, uno de ellos era Javier Heraud quien había muerto abatido.

Así, en medio de una selva agreste, entre confusos incidentes y persiguiendo una causa que apenas había abrazado algunos años antes se extinguió la vida de uno de los poetas que, pese a lo reducido y precoz de su obra, pudo dejar huella con un estilo y talento como pocos. Algunos precisan que su afán por la revolución partió de una vieja revancha contra los que cuando adolescente se burlaban de él, que quería demostrar su tesón y zagacidad; lo que jamás quedó en dudas fue su amor por el Perú. Quizás no era necesario demostrar su ímpetu imberbe y díscolo, con sus versos habría sido más que suficiente. En ese momento, nació la leyenda.

LA ÚLTIMA CARTA QUE HERAUD ESCRIBIÓ A SU MADRE DESDE LA HABANA (Gracias al aporte del blog Copy Paste Ilustrado)

Queridísima Madre:

Mamá: podría mentirte si te digo: hoy estoy contento. No, no es cierto. ¿Por qué? Pues hoy es el día de la madre y no estoy junto a ti; hoy es el día de la madre y no sucede como en 19 años anteriores: corriendo a tu cama con algún regalo para darte, o un beso, o un corazón pegado en cartulina. Por otro lado, mi tristeza aumenta al no tener noticias. ¡Hace justo un mes y medio que salí de casa y sin una carta tuya! Nada, absolutamente nada sé de Uds., ni cómo están, ni qué hacen, ni qué pasa por allá.

Esta carta te llegará retrasada. No he podido escribirte antes: esperaba carta tuya, tenía la certeza de que me llegaría antes de hoy y no ha sido así. Por eso he querido esperar hasta hoy, segundo domingo de mayo, para envolver, para poner en un papel todo mi corazón de hijo agradecido, todo mi corazón anhelante de cariño, y enviártelo en este día que está lleno de recuerdos infantiles y hogareños para mí. En este momento en la radio tocan música de Listz y me invade una melancolía especial. ¡Mi casa, mi familia, todo un orgullo pasado y futuro!

A las 7 y media las muchachas que cocinan en la casa, mientras tomábamos desayuno, repartieron una rosa roja a todos los muchachos que tienen madre. ¡Si supieras con qué orgullo recibí la mía y en ese momento leía un editorial de un periódico sobre el día de la madre, un hermoso editorial, y yo tuve que hacer inmensos esfuerzos para que no se dieran cuenta que lloraba, sí: interna y externamente! Mamá, ¿qué pasa, por qué no me escriben, por qué no recibo noticias de Uds.? Escríbeme directamente, pon mi dirección en un sobre y mándamela directamente a Cuba, yo me siento aquí maravillosamente: estoy como en mi patria, ¡aquí todo es tan hermoso! No sabes cuánto agradezco ser hijo tuyo, ser miembro de una familia como la mía, tener un padre así y tales hermanos, y mi mamama tan sabia, y todos en general.

Como comprenderás, mi preocupación constante es por Uds.; yo no sé cómo están. ¿Y Gustavito? Si supieras cómo pienso en él, mi pequeño hermano. Escríbeme a diario y directamente, si te cansas, que me escriban todos mis hermanos, todos los días; que cada uno me cuente qué hace, a mi papá dile que lo quiero más que nunca, que tengo deseos de escribirle, pero sin carta de Uds. no sé sobre qué escribirles. Ya sabes, que cada uno de ellos me escriba a diario, hasta el Gustavito. Envíenme sus cartas directamente a Cuba, que creo que llegan así. Yo estoy maravillosamente. Llevo una vida ordenada: me levanto a las 7, me baño, tiendo mi cama, tomo desayuno, voy a la Universidad, almuerzo a las 12 y media, descanso una hora, leo, si tengo clases las tardes (casi no tengo) voy a la U., o al cine, o paseo y tomo un refresco, voy al teatro y me acuesto a las 11 ó 12. Es una vida tranquila. Mis estudios de cine no sé cómo hacerlos, por el momento estudio literatura, aunque creo que el mes que viene comenzaré a practicar en el Instituto de Cine. Mi salud es perfecta, los dientes me fastidian un poco pero pronto iré al dentista. La asistencia médica es gratuita, las cartas nos las mandan gratis, nos dan 30 pesos (dólares) mensuales que más alcanzan de sobra. Madre, mamá, con todo el corazón de hijo agradecido te saludo y beso en tu día, a ti, a tu madre, mi mamama, y a la madre de mi papá.

Escríbeme, escríbanme todos y pronto. Te besa mil veces Javier.

P.S. Mi dirección aquí es: Javier Heraud. Calle 30, № 965. Entre 26 y 47, Altura del Vedado,

La Habana — CUBA.

¡ESCRÍBANME! ¡ESCRÍBANME DIRECTO!


2 Comentarios

  1. Muy sentida la comunicación con su madre y familia, su sensibilidad fue afectada por la energía revoltosa que se vivía por esos años, que, finalmente lo llevó a decidir por una revolución que no era la suya. La confusión lleva a cometer locuras de costos impagables.

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