Aún hoy en día, la biografía de Giovanni Battista Fontana “dal violino” tiene muchas lagunas y la poca información que tenemos deriva únicamente de la dedicatoria en el inicio de la impresión de sus 18 sonatas. La colección, publicada póstumamente en 1641 en Venecia por el editor Bartolomeo Magini, viene supervisada por Giovan Battista Reghino, maestro de capilla en la Iglesia “della Grazie” en Padua, institución religiosa a la cual el compositor había dejado en herencia los manuscritos. Fontana, uno de più singolari Virtuosi c’abbia havuto l’età sua nel toccare di Violino, nació en Brescia, donde quizá tuvo contactos con Biagio Marini, probablemente entorno a 1580, en 1608 tal era su fama que motivó a Cesario Gusago a dedicarle las Sonate e Sinfonie. Posteriormente, estuvo activo en varias ciudades italianas como Venecia, Roma y Padua, donde murió en 1630 probablemente víctima de la misma epidemia de peste que también mató a Salomone Rossi y Giovanni Paolo Cima.

Las 18 Sonate A 1, 2, 3, per il Violino, Fagotto, Chitarone, Violoncino o simile altro Istromento son las únicas composiciones conocidas de Fontana, y han perdurado en una edición impresa, de la cual se conservan hoy en día tan sólo 4 ejemplares (en el Museo Cívico Bibliográfico de Bolonia; en la Biblioteca Nacional de Florencia; en la Bodleian Library de Oxford; en la Biblioteca Universytecka en Wroclaw). Como lo declara el título, las sonatas preven el empleo de distintas formaciones: las seis primeras son para violín solo y bajo continuo, las sonatas 13, 14, 15, 17 y 18 para dos violines, bajón y bajo continuo, mientras la 16 es para tres violines y bajo continuo. Queda por aclarar si el orden de las sonatas dentro de la colección estuvo preestablecido por el compositor o en cambio representa el fruto de una selección efectuada por Reghino dentro de un corpus más amplio. La diversidad entre una sonata y otra, con el uso de fórmulas que nos trasladan a la tradición vocal del cinquecento (como por ejemplo la 13 y la 18) o elementos de gran modernidad y virtuosismo tanto en el violín (sonatas 2 y 11) como para el bajón (en particular un largo solo en la sonata 13), hace de la datación un problema irresoluble, aunque, al mismo tiempo, demuestra el dominio de Fontana tanto de los artificios del contrapunto como de los innovadores recursos técnicos y expresivos de cada instrumento, convirtiéndolo por tanto en una figura de referencia en la transición del Renacimiento tardío al Barroco.

Desde el punto de vista formal, estas composiciones no se alejan de las características principales de la sonata italiana de principios del Seicento: secciones contrastantes entre ellas por los affetti, carácter y medida, y el empleo concertante de los instrumentos con pasajes iguales a solo. No faltan, sin embargo, características propias tales como la utilización tanto de pequeñas secciones con función de ritornello (en particular en las sonatas 7, 14, 16 y 17) como de verdaderos y propios temas que se repiten frecuentemente a lo largo una misma composición (sonatas 3, 6, 7, 9, 15, 16), lo cual confiere un alto grado de unidad a cada obra, y que sólo volveremos a encontrar en sonatas mucho más tardías. Entre los ejemplos más claros de lo apenas descrito encontramos la sonata 16: un ritornello en tempo ternario, con el tema con notas repetidas, viene propuesto dos veces, de las cuales, la segunda vez esta seguida del mismo tema pero en tempo binario, y en la cual sigue un último tema, esta vez por aumentación.

Giovanni Battista Fontana (1630):

1 Sonata I 03’33
2 Sonata XIII 05’35
3 Sonata V 05’07
4 Sonata III 04’51
5 Sonata VI 05’42
6 Sonata X 06’17
7 Sonata XVIII 07’44
8 Sonata XI 07’36
9 Sonata XVII 05’13

RESEÑA (La Quinta de Mahler)


Dejar respuesta