El cronista indio Felipe Huamán Poma de Ayala (¿1534-1615?)*

Si el Inca Garcilaso es la expresión más auténtica de la historia inca y cuzqueña –la visión dorada y suave del Imperio paternal–, en Sarmiento de Gamboa está la leyenda épica antagónica del señorío tiránico y turbulento de los Hijos del Sol, en Gutiérrez de Santa Clara la pasión y el estrépito de la guerra civil entre los mismos conquistadores y en Pedro Cieza de León la visión integral y ecuánime del Incario unida a los más nobles y humanos impulsos del colonizador. El indio Felipe Huamán Poma de Ayala, en cambio, hasta por sus nombres totémicos –huamán y puma: halcón y león– aparece póstuma y sorpresivamente, como una reencarnación de la behetría anterior a los Incas. Su Nueva crónica y buen gobierno no sólo trata de revivir épocas remotas, casi perdidas para la propia tradición oral en los fondos milenarios de la raza, sino que es también por la confusión y el embrollo de sus ideas y noticias, y por el desorden y barbarie del estilo y de la sintaxis, pura behetría mental.

 

Extravío y Hallazgo

El nombre de Huaman Poma de Ayala fue absolutamente desconocido para sus contemporáneos, y para la historia posterior hasta 1908. En este año el Director de la Biblioteca de Gottinga, Richard Pietschmann, descubrió en la Biblioteca de Copenhague, encuadernado en pergamino, el manuscrito Nº 2232 de la Colección Real que contenía, con numerosos dibujos, en 1,179 páginas, la crónica del indio peruano. Numerosas divagaciones y las inevitables sospechas de los detractores de España, han surgido alrededor del viaje de este manuscrito hasta Dinamarca. Markham, sobre todo, patetiza, según su costumbre: “Es un misterio cómo el libro con todas estas ilustraciones escapó a la destrucción y aún cómo se permitió su envío a España. Por fin esta obra importantísima se halló en manos compasivas”. El presunto destierro, la fuga o la vía crucis del voluminoso códice, no fueron acaso sino la ocasional odisea de tantas otras producciones de la época, como la de los manuscritos de Cieza, Betanzos o Santa Cruz Pachacutic y del propio Sarmiento de Gamboa, el defensor de las tesis oficiales españolas, hallado después de tres siglos en Gottinga por el mismo Pietschmann. El manuscrito mártir no fue, sin embargo, ni quemado ni destruido, sino probablemente remitido a España para ser conservado en las cámaras imperiales, como una expresión curiosa de las civilizaciones primitivas de América. Me parece hallar la huella del camino seguido por la Nueva crónica, en una noticia que trae Gregorio Marañón en su elegante biografía del Conde Duque de Olivares. Este dice que la biblioteca del Conde Duque –en la que había numerosos manuscritos de América– fue comprada, en parte, por Cornelius Pederson Lerche, quien fue embajador danés en Madrid en 1650-53 y quien residió en dicha ciudad hasta 1662. Este los llevó a Dinamarca. ¿Estaría entre ellos el de Huamán Poma o pudo ser comprado, en otra forma, por el mismo biliófilo danés?

Los estudios de Pietschmann publicados en Nachrichten de la Real Sociedad de Goettingen, en 1908 y en las Actas del Congreso de Americanistas de Londres de 1912, revelaron la importancia del cronista autóctono y hasta entonces totalmente ignorado. Este no pudo ser cabalmente conocido e interpretado en el Perú, sino a partir de 1936, en que el manuscrito de Huamán Poma fue publicado en edición facsímil por el Instituto de Etnología de París. La historiografía peruana se empeña, desde entonces, por desentrañar y comprobar el enorme y confuso material aglomerado en las páginas apretadas y bilingües del grueso códice. Los profesores Tello, Varallanos y Lastres han estudiado particularmente el aspecto arqueológico, folklórico, jurídico y científico de la obra de Huamán Poma, abriendo el camino, aún difícil, de una estimativa total. La reciente edición boliviana, hecha por Posnansky, en que se traduce por primera vez íntegramente, a la letra impresa, el manuscrito únicamente reproducido en la edición facsimilar de París, puede contribuir eficazmente a ese esclarecimiento, necesario para nuestros estudios históricos.

La época en que esta crónica fue escrita puede situarse, a primera vista, entre los años 1567 y 1615. En el pórtico de la obra hay una carta del padre del autor Martín de Ayala al Rey de España, Felipe II, fechada en Concepción de Huayllapampa, a 15 de mayo de 1587 (págs. 5 a 7). En ella dice al Rey que su hijo, Teniente de Corregidor de la Provincia de Lucanas, ha escrito su historia empleando en su trabajo veinte años. Debería haberla comenzado, pues, en 1567. Pero hay indicios de que la obra se escribió más tarde.

Desde las primeras páginas de la crónica se comprueba que ésta fue escrita, en su forma presente, no sólo después de 1587 sino después de 1600 y quizás entre 1613 y 1615. Así en la página 9 se alude a los virreyes que gobernaron el Perú después de 1600. Se nombra primeramente a los virreyes del siglo XVI, Cañete (1556-1561), Toledo (1569-1581), Enríquez (1581-1583), Conde del Villar (1585-1589), García Hurtado de Mendoza (1590-1595), y luego a los virreyes Luis de Velasco (1596-1604), el Conde de Monterrey (1604-1606) y el Marqués de Montesclaros que gobernó de 1607 a 1615. Esta página pudo, sin embargo, haber sido corregida y cambiada, pero hay otras referencias más claras. En la página 20 hay una alusión al Obispo del Cuzco fray Gregorio de Montalvo que gobernó esa diócesis de 1590 a 1592. En la página 435 se menciona el año 1613, en la 470, el año 1615, en la página 473 se habla de los legados del Obispo del Cuzco fray Antonio de la Raya, fallecido en 1606; en la 498 se cita el año de 1612, en la 515 el 1612, en la 518 el año 1608, en la 581 el 1610, en la 624 el 1608, en la 673 el 1613, en la 679 el 1611 y la visita del Obispo del Cuzco, en la 690 el año 1611, en la 696 al Obispo del Cuzco Lartaún (1573-83), en la 698 nuevamente al Obispo Antonio de la Raya (1598-1606) como ya fallecido; en la 700 al año 1611, en la 919 al año 1613, en la 930 al 1611 y en la 1104 al año 1614. No hay referencia alguna posterior a 1615. El Virrey Príncipe de Esquilache que entró a gobernar en diciembre de 1615 no es considerado en la lista de virreyes ni figura para nada.

No hay duda, pues, que el manuscrito actual se escribió entre 1613 y 1615. Pietschmann, quien ha estudiado el códice directamente, cree que toda la obra se escribió en 1613 (no menciona las referencias a 1614 y 1615). Según él, no hay en la grafía del cronista, esas variaciones de pulso y de caracteres que deberían existir en un manuscrito hecho en épocas sucesivas. El trazo es idéntico, desde el principio hasta el fin, sin vacilaciones ni decaimientos. Sin embargo, puede notarse que, salvo la lista de virreyes de la página 9, que pudo ser revisada, las referencias a años posteriores a 1600 sólo se presentan en la Segunda Parte o sea en el “Buen Gobierno”. Podría establecerse, pues, que Huamán Poma escribiese la primera parte de su obra –la Nueva crónica– antes de 1600, para lo que recogería datos durante 20 años, y que se decidiera a escribir la segunda parte –el Buen Gobierno– precisamente el año 1613, mencionado en la página 435 en que termina la primera parte y comienza la segunda. El cronista copiaría entonces de nuevo el manuscrito, ya envejecido, de la primera parte para uniformarlo con la nueva. De ahí la identidad de la escritura observada por Pietschmann.

I

El Rastro Autobiográfico

 

La Estirpe de Los Yarovilcas. El Abuelo y El Padre

Se carece hasta ahora, absolutamente, de toda huella documental sobre la vida de Felipe Huamán Poma de Ayala. Los únicos datos biográficos que de él se saben son los que él mismo consigna en su crónica. Tenemos que creerle, provisoriamente, bajo su palabra, prescindiendo de sus errores, jactancias, contradicciones y absurdos frecuentes. Y la aclaración biográfica es tanto más necesaria, porque de ella depende la valoración de muchos juicios del cronista y hasta la sinceridad y certidumbre de sus noticias y testimonios.

El primer hecho desconcertante en la autobiografía de Huamán Poma es que se dice descendiente de una dinastía de los Yarovilcas de Huánuco, señores del Chinchaysuyo, muy anteriores a los Incas y antes por nadie mencionados, de cuya rancia nobleza se ufana el cronista. Los Yarovilca Allauca Huánucos fueron señores del Chinchaysuyo hasta que fueron conquistados por Auqui Topa Ynga, capitán del Inca Topa Inca Yupanqui (págs. 111 y 160). Túpac Yupanqui concedió los más grandes honores a los miembros de la antiquísima casta de los Yarovilcas, los que entraron a formar parte del Consejo del Inca y Guaman Chava Allauca Huánuco, quien fue el que “se dio de paz con el Inca” (75) fue designado “segunda persona” de éste y su Visorrey en todo el reino “como en Castilla al Excmo. señor duque de Alva” (341 y 1030). Este fue el abuelo del autor, aunque alguna vez le llama “mi bisaguelo” (948), y en otra “abuelo” de su padre (111). Los títulos que le concedió el Inca eran de Capac Apo, Incap rántin, taripac, Tahuantinsuyo runata, que equivalían a los de príncipe, duque, conde y marqués en España (341). Entonces, o más tarde, un hijo de Huaman Chava llamado Huaman Malqui casó con Curi Ocllo, hija menor del Inca Túpac Yupanqui, quienes fueron los padres de Huaman Poma. Así, se fundieron, según el cronista, las dos estirpes reales del Perú, la de los Yarovilcas Allauca Huánucos y la dinastía real de los Incas del Cuzco.

Huaman Chava-Yarovilca Allauca Huánuco –el abuelo del cronista–, fue para éste, un personaje de altísima prestancia en el Incario. Gobernó 50 años, como segunda persona del Inca Túpac Yupanqui y como Virrey y Capitán General de los Chinchansuyo y de todo el reino (341 y 111). Acompañaba al Inca en sus paseos (339), fue con él a las conquistas de Chile y de Quito y fue quemado vivo en el Cuzco por Pizarro y Almagro, quienes le exigían oro y plata (397 y 399). De éste último hecho no queda huella alguna en ninguna de las crónicas o documentos acusatorios de la conquista. El propio Huaman Poma afirma, en otro lugar de su crónica, que Huaman Chava “con guayna capac ynga acabó su vida” (166), lo que ofrece mayor presunción cronológica.

El cronista se ufana, a menudo, de la importancia de su abuelo y nos da su retrato, dibujado por él mismo, una vez con sus insignias de mando y su escudo con un halcón y un puma (165) y llevado, en otra, en andas imperiales, como los Incas, en la leyenda “Incaprantin Capac” (340). Nos dice también orgullosamente, que se sentaba en una tiana de plata finísima, y un codo más alta que la de todos los demás funcionarios reales (453). La mujer de Huaman Chava, abuela del cronista, fue Cápac Guarmi Pomagualca Chinchaysuyo, tan noble como su marido y de la misma casta de los Yarovilcas Allauca Huánucos (174). El cronista la retrata, con la uniformidad característica de sus dibujos, con la indumentaria de las Coyas –lliclla, acxo, chumbe y topo– diciendo que fue la “primera reyna y señora Capac Guarmi Poma Guallca Chinchaysuyo, muy bizarra y muy hermosa muger que de tan buena governaba todo el reyno” (173 y 174). De algunos otros datos confusos, se puede entresacar que Huaman Chava fue hijo de Cápac Apo Chava (741) y nieto de Yarovilca (111), y que tuvo un hermano menor Apo Huamán Poma, que fue señor de los Chinchaysuyos (453). También fueron sus parientes coetáneos Francisco Huamán Guachaca de Ayala y Juan Huamán Guachaca, principales de Andahuaylas “nietos legitimos” no se sabe de quien; don Martín Cápac Apo Quicyavilca de Ayala “sobrino legitimo” que gobernaba “la provicia de los angarays chocorbos de uaytara santiago yauyos y de cordoba vilcanchos” (809), y don Diego Quicyavilca hanan yauyo de Santiago de Quirahuaura, también principal con salario.

Huamán Poma se afana, también, por encumbrar la biografía de su padre, humilde cacique de Lucanas y sirviente de un hospital en la época española y hacerla más espectacular. Nos asegura que su padre, como su abuelo y seguramente a título hereditario, fue también “segunda persona del Inca” Túpac Yupanqui, su suegro, y su visorrey en todo el reyno (736), sin explicarnos cómo descendió después a la modesta categoría de curaca de la apartada región de Lucanas. Apunta, también, que “vido y comido con Topa Inga Yupanqui“, con Huayna Cápac y con Huáscar, aunque para ello tenga que sostener que cuando murió, en tiempo de cristianos era ya “muy viejo de edad de ciento y cincuenta años“. Huaman Mallqui, con otros grandes señores de las cuatro partes del Imperio, fue en 1532 a recibir a los españoles a Tumbes, de parte de Huáscar, “a darse la paz y besar los piés” del Emperador Carlos V, aunque bastaba para la importancia de la Embajada que estuviera sólo su padre (47, 376, 550, 957). Un dibujo reproduce la escena del abrazo del “Excmo. señor don Martin Guaman Mallqui de Ayala” con Pizarro y Almagro (375). Esta embajada, omitida por todos los cronistas presenciales de la conquista, consignada tan sólo por cronistas tardíos y sospechosos, como Montesinos y Torres Naharro, parece, como muchas de las afirmaciones de Huamán Poma, una leyenda popular que el cronista ha capitalizado en favor de su progenie. Garcilaso duda de que Huáscar pudiese enviar embajador alguno en la aflictiva situación en que le tuvieron, después de apresarle, los generales de Atahualpa y sugiere que la embajada pudo ser de la iniciativa privada de algún curaca compasivo, que se apiadó de la suerte de su señor1.Pero un cronista tardío del siglo XVII, el padre Anello Oliva aporta una confirmación desconcertante y no exhibida hasta ahora por ninguno de los comentaristas de Huamán Poma. Dice el padre Oliva en su Historia del Perú: “Con este fin y blanco despachó Huáscar una embaxada a Huamán Mallqui Topa Yndio Orejón de la sangre real a don Francisco Pizarro pidiéndole que pues era hijo del sol y venía a deshacer agravios, deshiciese el muy exorbitante que padecía de su hermano Atahualpa. El governador respondió que ya iba de camino para ayudar con la verdad y justicia a quien la tubiese y favorecer a quien lo mereciese2.Anello Oliva, contemporáneo de Huamán Poma, pudo conocer a éste y recoger de él, la inédita versión y aun el nombre de su padre como embajador de Huáscar a Pizarro. Huamán Poma se declara gran amigo de los jesuitas y Anello Oliva manifiesta en toda su obra, como los demás cronistas postoledanos, gran interés por las tradiciones populares indígenas.

Nada se sabe de la suerte de Huaman Mallqui, después de su aparatosa embajada, hasta 1539. El cronista afirma que su padre fue el fundador de la ciudad de Huamanga, en compañía de don Hernando Cacyamarca, aunque sabemos que la ciudad fue fundada de orden de Pizarro, por Vasco de Guevara, en 1539. Al establecerse la ciudad recibiría unas tierras en Santa Catalina de Chupas (1050). Declara, también, que su padre sirvió al Rey, al lado de Vaca de Castro, contra don Diego de Almagro el Mozo y estuvo en la batalla de Chupas (Chupaspampa uaraco urco) (413 y 736). También habría servido al Rey en las insurrecciones de Gonzalo Pizarro y de Hernández Girón. En la primera, afirma que, después de la defección de Juan de Saavedra, teniente de Gonzalo en Huánuco y de la salida de éste de la ciudad para incorporarse al servicio del Rey, Gonzalo envió un capitán con “300 hombres” para que quemase Huánuco. Los indios, a cuyo frente se hallaba el “capitán general segunda persona del ynga, capac apo don martin guaman malque de ayala allauca huanuco yarovilca, el excmo señor destos rreynos y otros capitanes“, defendieron entonces la ciudad contra el rebelde (421). La jactanciosa afirmación del cronista se halla, esta vez, rectificada por la propia crónica del Palentino, que en esta parte le sirve de guía para su relato. El cronista español consigna que Gonzalo envió, en esa ocasión, a Francisco de Valladolid, con sólo quince soldados, para tomar el pueblo, pero que no pudo hacerlo porque “todos los indios estaban alzados y de guerra.3 La hazaña disminuye en proporciones.

El servicio más importante prestado por su padre a la causa del Rey de España, y a la vez el hecho más decisivo en la biografía del cronista, es el ocurrido en la batalla de Huarina, entre las fuerzas de Gonzalo Pizarro y las del Rey acaudilladas por Diego Centeno. En esta batalla, dice el autor, hallándose el capitán Luis Avalos de Ayala, combatiendo en el bando de su Majestad, cayó del caballo e iba a ser victimado por Martín de Olmos, cuando surgió Huaman Mallqui, quien desjarretó al caballo del contrario y “le mato al dicho traydor martin de olmos” (16).4 Por este servicio –dice el cronista– ganó onrra y merito y se llamo ayala” (16). Después de entonces el antiguo Virrey Yarovilca se llamó don Martin Huamán Mallqui de Ayala, nombre símbolo de fidelidad, pues “los yndios guanocos (son) fieles como en castilla los vizcainos” (341 y 1030) y los Ayala eran vizcaínos.

El hecho parece, a primera vista, incierto. El Palentino afirma que Martín de Olmos, capitán del bando de Gonzalo, se pasó al bando del Rey, antes de la batalla de Huarina, en la que no pudo, por tanto, combatir contra Avalos de Ayala, si éste militaba también en el bando del Rey, como afirma Huamán Poma.

Huamán Poma nos refiere además que Luis Avalos de Ayala, fue uno de los defensores de Lima en 1536, cuando, a raíz del alzamiento de Manco Inca en el Cuzco, los indios pusieron cerco a la ciudad de los Reyes. Según Huamán Poma, el capitán Avalos de Ayala, mató personalmente a Quiso Yupanqui, el jefe de los sitiadores, que corría como un gamo y a quien Avalos sorprendió en una acequia (393). Quiso Yupanqui era hijo de Túpac Yupanqui y por lo tanto hermano de Curi Ocllo y tío del autor, pero esto no amengua el entusiasmo de Huamán Poma por el capitán Avalos (393 y 1032). Más tarde, nos dice el cronista, fue capitán de a caballo de la Gasca (425).

El error de estas noticias de Huamán Poma sobre el capitán Avalos de Ayala, es patente. En ningún documento de las guerras civiles se halla el capitán Avalos, en el Perú, antes de 1548. Por diversos testimonios puede afirmarse que éste vino a Indias con el Licenciado la Gasca, que pasó con éste a Buenaventura y luego con Benalcázar a Quito. En 1548 o sea un año después de la batalla de Huarina, ingresa al Perú y asiste al lado de la Gasca a la batalla de Xaquixaguana en que es derrotado Gonzalo Pizarro. Ejerce luego una comisión en Charcas, llevando el oro del Rey de Potosí a Lima. Sirvió, enseguida, en el bando real en las sublevaciones de Sebastián de Castilla y Hernández de Girón. En ésta última, juntó 200 soldados, a los que proveyó de lo necesario y mandó como capitán de infantería. Estuvo en el ejército de los Oidores contra Girón, en Pachacamac y le siguió hasta el valle de Villacuri. El Palentino menciona a Avalos en esta batalla, entre los amigos del Oidor Santillán y Garcilaso le cuenta entre los heridos de esa desastrosa jornada. En una información hecha en 1578 se dice que el capitán Avalos “fue herido de un arcabuzazo en el brazo izquierdo y mano del cual quedó manco“. Perdió también toda su ropa, plata y cabalgadura. Siguió sin embargo, en el servicio real, hasta la batalla de Pucará en que fue derrotado Hernández Girón y donde “se señaló mucho“. Fue enseguida a Lima y luego a Potosí donde recibió como prisioneros al Adelantado Sanabria del Río de la Plata y a Juan Núñez de Prado, gobernador de Tucumán y los condujo a Lima, entregándolos al Marqués de Cañete. En 1559 se le encuentra en Arequipa firmando con don Pedro Luis de Cabrera, el gordo pariente de Garcilaso, un contrato de transporte de maíz de Cuzco a Arequipa en unas recuas de llamas que poseía.

Por sus señalados servicios al Rey envió al Virrey una cédula en 18 de agosto de 1559, recomendando a Avalos para que se le diese alguna renta.5 El Conde de Nieva Otorgó por esto a Avalos, en 29 de abril de 1563, una merced de 5 000 pesos de oro situados en la Caja Real de Potosí, sobre indios vacos y por dos vidas. En 1578 había muerto y su hijo, Luis Dávalos de Ayala, reclamaba la herencia. En 1608 solicitaba la merced real en Lima, el nieto, capitán Juan Avalos de Ayala, hijo de otro Juan de Avalos que fue hijo segundo del viejo capitán.

Estos documentos no dejan lugar a dudas y descubren el enredo mental del cronista. El capitán Avalos de Ayala no estuvo en el sitio de Lima (1536) ni fue herido en la Huarina (1547). Llegó un año más tarde de este suceso y siete años despues cayó herido en Villacuri (1554) o en Chuquinga según otros documentos. Es posible que en este trance le auxiliara Huaman Mallqui, pues los indios Lucanas intervinieron en esta campaña. En cuanto al capitán Martín de Olmos, que según Huamán Poma estuvo a punto de matar a Ayala en la batalla, estuvo en Chuquinga en el mismo bando que Avalos o sea en el campo del Rey.

El episodio más dudoso de la biografía paterna es el referente a la vinculación sui generis que, desde la batalla de Huarina, o de Chuquinga tuvo el capitán Avalos con Huaman Mallqui y su familia. El cronista nos habla de un hermano suyo, mestizo, llamado Martín de Ayala, quien fue hijo del capitan Luis Avalos de Ayala y de la madre del cronista doña Juana Curi Ocllo. Huamán Poma elude explicar la forma y el tiempo en que el capitán Ayala sedujo a su madre, pero de sus propias afirmaciones y de la cronología se deduce que estas relaciones se contrajeron, hallándose ya unida a Huaman Mallqui, quien ajeno a las susceptibilidades occidentales, tomó esta colaboración como un gran honor, que el cronista comparte, según se desprende de sus continuas alabanzas al caballero Ayala y a su linaje (1107). La familia Huamán vivió agradecida y guardó con respeto el nombre de don Luis Avalos de Ayala, pero lo que es más pintoresco, Huaman Mallqui, el cónyuge agraviado, adoptó el nombre de su competidor conyugal y lo trasmitió a sus hijos.

El padre del cronista sirvió también al Rey en la revolución de Hernández Girón. Huamán Poma repite varias veces, según su costumbre, que los indios Lucanas dirigidos por su padre y por Apo Uasco Changa y Guamán Uachaca Lurinchanga, principales de la provincia de Andahuaylas, combatieron contra el rebelde después de la batalla de Chuquinga y le derrotaron en el sitio de Huachahuapiti Huancacocha, junto a Huatacocha (págs. 409, 431 y 736). Según el cronista, quien recoge indudablemente tradiciones populares indígenas de su provincia, su padre y los principales que le acompañaban vencieron a “trecientos españoles y cien yanaconas mestizos y mulatos del bando de Hernándes de Girón en el alto de Uachauapite, junto a Uatacocha Uraya Uma Uancacocha” (433), obligando al rebelde a huir a las montañas de Jauja, donde, según las mismas tradiciones indias que recoje Huamán Poma, fue apresado por los indios Jaujas. Un grabado presenta a Huamán Malqui amenazando con su lanza a Hernández Girón que huye con otros españoles. En todas estas noticias, referentes al paso de Hernández Girón por los Lucanas y a su brillante e inesperado triunfo de Chuquinga, que hirió la memoria popular indígena, resalta la inseguridad y la tendencia legendaria de la tradición oral que el cronista transmite.

Los indios Lucanas convirtieron el episódico combate del alto de Huachahuapiti, habido después de Chuquinga, como la derrota decisiva de Hernández Girón, después de la que éste huye a Jauja, eludiendo la batalla de Pucará, a la que se refiere después, y en que el rebelde fue efectivamente deshecho. La prisión del rebelde realizada por capitanes españoles se atribuye a los caciques indios de Jauja (434 y 435), en especial a Choquillanqui, uno de cuyos hijos fue amigo de Huamán Poma y le favoreció en uno de sus viajes (1120).

Los indios Lucanas, según el Palentino y otros documentos, tampoco se limitaron a atacar a Hernández Girón, después de la batalla de Chuquinga. Atacaron a los dos bandos, al del mariscal Alvarado que defendía al Rey y al que le mataron treinta hombres y al del rebelde Hernández Girón, cargando sobre ambos después de la batalla y robándoles sus equipajes. Huamán Poma convierte este acto de represalia indígena en un servicio a la causa del Rey.6

Todavía Huaman Mallqui, indio colaboracionista toma parte en la prisión de Túpac Amaru en Vilcabamba realizada por el capitán Martín García de Loyola, de orden del Virrey Toledo. El cronista afirma que el Virrey le nombró por capitán de Vilcabamba y que en esa circunstancia ganó merced de armas y salario de dicho Virrey, la que confirmaron los Virreyes don García Hurtado de Mendoza y don Luis de Velasco (903). No está claro, sin embargo, por la confusión de las frases del cronista, si la capitanía y las mercedes fueron otorgadas a Huaman Mallqui o al capitán Dávalos de Ayala, su asociado conyugal. Me inclino a lo segundo.7

La última etapa de la vida de Huaman Mallqui transcurre en el Cuzco y en Huamanga. De Virrey y “segunda persona” del Inca el desafortunado descendiente de los Yarovilcas, Allauca Huánucos, señores del Chinchaysuyo, desciende a ser mayordomo y mandadero, primero del Hospital de Naturales del Cuzco y luego del de Huamanga. En uno y otro sirvió treinta años “de sacar servidores y limpiar la casa y comprar de comer para los pobres del hospital” (736 y 819). “Y acabó su vida muy viejo de edad de ciento y cincuenta años” (76 y 1078).

De su unión con doña Juana Curi Ocllo tuvo Huaman Mallqui de Ayala cuatro hijos varones, Felipe, Francisco, Juan y Melchor y una hija llamada Isabel Huamán Poma de Ayala (76 y 740). Doña Juana tuvo a su vez un hijo mestizo, el padre Martín de Ayala, hijo de don Luis Avalos de Ayala. El cronista no hace mención mayor de sus demás hermanos, pero el Palentino nombra a un clérigo llamado Francisco Huamanes de Ayala, a quien Hernández Girón envía desde Guamanga, como emisario suyo ante el Arzobipo Loayza para convencerlo a su favor. El clérigo engañó a Lope Martín y llegado el Arzobispo, éste le hizo prender y le remitió enseguida a España junto con otro clérigo alborotador llamado Baltasar de Loayza.8 Huamán Poma, buen alegador de sus servicios familiares al Rey, calla todas estas cosas. Es indudable, sin embargo, por la coincidencia de nombres, que se trata de un hermano suyo mestizo por el hecho de ser clérigo. Este hermano que actuaba ya en 1556, como eclesiástico, debió ser mayor que Felipe el cronista.


* Talleres Gráficos de la Editorial Lumen, Lima, 1948.

1 Los Comentarios Reales de Los Incas, Segunda Parte, Libro I. Cap. XVI.

2 Anello Oliva, Historia del Reino y Provincias del Perú, de sus Incas Reyes, Descubrimiento y conquista por los españoles de la Corona de Castilla. Lima, 1895.

3 Diego Fernández, el Palentino, Primera y segunda parte de la Historia del Perú, Sevilla, 1571, parte primera, libro II, capítulo LVIII.

4 Garcilaso nos dice que la casa de Martín de Olmos estaba en la plaza principal del Cuzco. No debió morir en la batalla de Huarina, porque figura en 1572 como capitán para la entrada a Vilcabamba y caballero del hábito de Santiago. En 1573 era Alcalde del Cuzco. En el Archivo de Indias existe su Información de servicios que puede aclarar estos hechos.

5 El Rey envió al Conde de Nieva una cédula de recomendación a favor de Luis Avalos de Ayala que éste no cumplió inmediatamente. (Carta del Licenciado Monzón al Rey. Lima, 10 de febrero de 1563): Levillier, Audiencia de Charcas (t.I, p. 289). Más tarde le otorgó 5 000 pesos en la hacienda real, por haber servido “muy bien y principalmente” (Id. p. 318).

6 El ataque de los Lucanas a las tropas leales consta no sólo en la crónica del Palentino, sino en documentos posteriores. En una información de la época de Toledo, de Bartolomé de Pineda, hecha en 1577, se dice: “y en el camino los indios Lucanas a él (A. de Alvarado) y a otros le dieron gran guerra, donde le mataron más de treinta hombres”. Revista de Archivos y Bibliotecas, t. I, p. 189.

7 En ninguna de las relaciones de las entradas a Vilcabamba publicadas figura el capitán Avalos de Ayala. (Véase Alegato del Perú en su cuestión con Bolivia (t.VII). Figura, en cambio, Martín de Olmos.

8 El Palentino, op. cit., Segunda Parte, Li. II, p. 66 v


Fuente: http://sisbib.unmsm.edu.pe/BibVirtual/libros/linguistica/legado_quechua/el_cronista.htm

2 Comentarios

  1. El hallazgo de este documento da a pensar en que, pueden existir algunos documentos más, cuyos contenidos revelen situaciones desconocidas para ese momento. Se entiende tambien que a través de la historia han sido destruidos documentos con información más que valiosa.

    • Por supuesto, la historia esta llena de estos casos. Recordemos la biblioteca de Alejandría, donde estaba toda la cultura del mundo, ahora solo es una leyenda…

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