“Pequeña novela con cenizas es un libro confesional a través del cual quiero recuperar las cosas que perdí por nos afrontarlas a tiempo”, nos dice José Carlos Yrigoyen sobre el texto que marca su debut como novelista. La obra, so pretexto de explorar la vida del poeta y cineasta Pier Paolo Pasolini, termina convirtiéndose en un ajuste de cuentas con el mundo y con uno mismo, un valiente ejercicio de catarsis y perdón que muchos no nos atrevemos –aún– a hacer.

¿Cuánto de pudor y de exhibicionismo pusiste en tu novela?
Al inicio, este libro iba a ser un ensayo sobre Pasolini. Luego me di cuenta de que eso no era lo que yo quería escribir, que mis necesidades eran otras, más personales: algunas cosas de mi infancia y de mi adolescencia que no lograba superar, que me tenían muy infeliz, que me limitaban, que me impedían desarrollarme, que no me dejaban estar contento conmigo mismo. Cuando llegué a la madurez, esas heridas de juventud en lugar de desaparecer se recrudecieron.

Entonces, decidiste “contarlo todo”…
Me costó muchísimo contar las cosas que viví: eran muy privadas y nunca se las había contado a nadie. Mientras más avanzaba y más me exponía, mejor me sentía. Mientras más expuesta estaba mi vida privada –en un país donde la gente no suele contar lo que siente y lo que ha vivido– más liberado me sentía. En un momento estuve tentado a quitar cosas que podrían herir a gente cercana a mí, pero si hacía esto significaba volver a callar, y ya había callado muchos años.

¿Cómo hacer literatura de una experiencia liberadora?
Yo no quería hacer un libro “literario”: quería escribir un texto que me sirviese como catarsis, como liberación, como exposición de muchas cosas que me avergonzaba contar. El que es humillado, el que es golpeado, el que es abusado siente vergüenza, se culpa a sí mismo de lo sucedido. Esto me pasó: sentí que muchas de las cosas que me ocurrieron en mi niñez y adolescencia fueron mi responsabilidad por no haber podido integrarme a la realidad circundante. Desde el inicio evité que mi libro fuese rabioso, transgresor; que se plegara a esta corriente de autores que le imprime a sus textos realidades terribles y oscuras por puro exhibicionismo. Yo no pensaba “exhibir” cosas por el placer de hacerlo sino por una necesidad personal. Por eso, al terminarlo y releerlo me di cuenta de que era el texto menos “literario” que había escrito, pero hay algo que quizás sea parte de la literatura pero es más trascendente: escribir un libro con verdad.

¿Cuál es la verdad de ‘Pequeña novela con cenizas’?
Que hoy puedo decir: “Yo, como muchos, fui golpeado, fui abusado, fui humillado”. Yo no intento contar el horror de nada sino mis estados de ánimo; quiero que el lector se comprometa con las cosas que pasé, viví.

En términos literarios siento a tu libro como liberador, no transgresor…
Me propuse evitar imágenes y construcciones “bellas”; más que conmover al lector he querido que se identifique con lo que me torturaba y dolía. Para lograr esto, decidí ser muy preciso y escribir con la mayor calma posible. ‘Pequeña novela…’ es un libro sereno, sin rabia, escrito desde la paz interior, desde la tranquilidad; no es un libro de venganza, al contrario, es de reconciliación: con mis padres, conmigo mismo y con la vida. No sé si en esto hay algún mérito literario, pero haber logrado esta calma para contarlo todo ya es un logro.

En una parte de la novela escribes que tu relación con tu padre fue “pornográfica”…
En nuestra sociedad hay una tradición que dice que nuestro cuerpo pertenece a nuestros padres, a nuestra pareja: esto es una fuente de abusos. Por eso, los padres sienten que los hijos son su propiedad, y esto significa profanar un cuerpo, ultrajar algo que no es tuyo, violentar algo que no te pertenece. Los padres no sienten estas consecuencias, incluso pueden creer que están haciendo algo bueno, algo correcto, algo justo. Pero no es así, en mi caso, por lo vivido con mi padre, mi sexualidad, mi manera de apreciar el goce y el placer terminaron muy turbadas. Lo que me hice más daño no fue la violencia física que mi padre ejerció conmigo sino la cosificación de mi cuerpo: no hay nada más pornográfico que cosificar un cuerpo… y este es el sentido de la expresión que uso en la novela, la de una paternidad violenta que cosifica el cuerpo de los hijos para hallar el placer de la obediencia, de la rectitud y de la ‘normalización’, y todo esto hace daño.

Lo que cuentas es muy común en nuestra sociedad…
Lamentablemente, mi historia es muy común, no soy nada especial; lo que pasa es que muchos lo asumen como algo natural y, lo peor, lo reproducen con sus hijos: yo me niego a esto. Lo que viví con mi padre me destruyó la infancia, me rasgó la adolescencia y me obligó a pasar por un largo proceso de reconstrucción personal. Hoy estoy más tranquilo y feliz: todos deberíamos tener el valor de decir las cosas que nos hicieron daño, sin afán de venganza o reivindicación sino por el solo hecho de hacerlo.

¿Qué te han dicho tus padres sobre la novela?
Sabían que estaba escribiendo el libro, se los dije hace algunos meses. Les expliqué en una larga carta las razones de su escritura y qué iba a contar: el que avisa no traiciona. Hoy puedo mirarlos de frente, no tengo nada contra ellos, lo he perdonado todo. Ahora, en mi familia he encontrado una actitud más conciliadora y comprensiva de lo que imaginaba. Cuando escribí el texto era muy inconsciente de las consecuencias que un texto así podría traer: mejor que haya sido así, de lo contrario, no hubiera contado nada. Cuando estuvo terminada le dije a mi editor que mejor no la publicaba: “Estás loco”, me dijo. Luego, se la pasé a unos amigos y estos me dijeron que tenía que publicarla, que valía la pena, que lo que pensaban los demás resultaría coyuntural. Mi editor y mis amigos tuvieron razón: nadie debería sentirse ofendido por un libro así.

CITAS

  • “Lo que viví con mi padre me destruyó la infancia, me rasgó la adolescencia y me obligó a pasar por un largo proceso de reconstrucción personal”.
  • “Hoy puedo mirar a mis padres de frente (…), lo he perdonado todo”.

Por: Gonzalo Pajares.


2 Comentarios

  1. La vida es tal cual José Carlos la describe, lo que se vive conduce a una toma de conciencia, obviamente, si se la merece. Se dice que el dolor es inevitable sin embargo el sufrimiento si, es una decisión en conciencia.

    • Generalmente uno escribe mucho de uno en la literatura. Es mas fácil ser poeta puesto que puedes esconder las emociones en palabras cifradas y en verdad uno cuenta todo cuando escribe, pero la habilidad del escritor deja ponerlo todo de tal forma que se convierte en un catarsis y al mismo tiempo un buen material para publicar.

Dejar respuesta