por Sandro Cruz, Mónica Cruz González

Miguel Camargo nace en 1941 en la ciudad de Sicuani. Sus padres habían decidido instalarse en esta ciudad. Su madre originaria de Puno y su padre de Espinar, pueblo no lejos de la antigua capital del imperio Inca. Allí Camargo va a pasar su infancia asistiendo a la escuela primaria. Más tarde la familia se muda al Cusco por motivos de trabajo.

Cuando debe continuar el colegio en esta ciudad, Miguel Camargo prefiere inscribirse en una escuela local de bellas artes durante el día y continuar la secundaria en clases nocturnas. Seis años después de ambos estudios toma la decisión de marchar a Lima para entrar a la Escuela Nacional Superior de Bellas Artes. Sus padres tratan de persuadirlo para que cambie de profesión, diciéndole que la vida del artista es muy difícil. Pero Camargo siente que la pintura vive dentro de él, no renuncia a su proyecto y confiesa:

«Había avanzado y aprendido bastante […], para seguir superándome en la carrera tenía que ir a Lima […], estaba igualmente bien enamorado en esa época de una hermosa cusqueña que me insistía en ir a Quillabamba a trabajar e instalarnos. Ya joven tuve que tomar una gran decisión e imponerme ante mis padres, demostrando al mismo tiempo todas mis habilidades para poder alcanzar mi objetivo […]. Entre estos dos grandes amores tuve que escoger […]. Así que llego a la capital del Perú en 1960, con 19 años, sin conocer a nadie. El espíritu de la pintura me perseguía…»

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Miguel Camargo. Ha expuesto en diversas galerías europeas. En la foto, participando a una muestra en Suiza .
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¿Quién o qué cosa te inició la pasión de la pintura y el arte Miguel Camargo?

Prácticamente yo he nacido con la pintura en la mano, mi madre era una artesana tejedora, que combinada muy hermosamente colores en sus tejidos y ponchos, yo a veces la ayudaba. Desde ahí me nació la pasión por la combinación de colores.

De joven, ¿tenías alguna referencia que te inspiraba, me refiero por ejemplo a los cuadros de la Escuela Cusqueña o algún libro de un gran pintor extranjero?

No, No,… yo no conocía en aquellos momentos a los pintores occidentales, pero entrando a la iglesia desde niño con mi madre, veía lo cuadros de la época colonial, los de la escuela Cusqueña que Ud. ha citado, eso me fascinaba y me adentraba aún más en la pintura.

Háblanos de tus estudios en Lima…

La Escuela Nacional de Bellas Artes de Lima se encontraba en la calle Jirón Ancash. Era el principal centro de enseñanza en el Perú en la materia. Contaba con los mejores maestros, los mejores pintores de la época. Después de someterme a una prueba de dibujo, el director me acepta y me inscribe en su taller. Pasé tres años con él. En mi segundo año pude obtener una beca por las buenas notas. En 1966 termino mis estudios.

¿Nunca te surgieron dudas o preguntas en cuanto a tu futuro, que hiciste una vez terminados tus estudios?

Sí, quería relajarme un poco, estaba un tanto confundido en la pintura. Estaba de moda el abstracto y yo hacía una pintura indigenista. Así que decidí irme a Juliaca (a orillas del lago Titicaca) como profesor de una escuela politécnica. Pase tres años allí y al cabo de este tiempo se abre una Escuela de Bellas Artes en esta ciudad. Mientras tanto regresé a Lima para seguir trabajando en la pintura.

Fue un momento donde me interrogaba si hacía bien o mal las cosas. Yo nunca quise ser profesor sino pintor, así que me decía que hago enseñando la pintura si eso no es mi objetivo. Así que renuncié a todo esto para dedicarme totalmente a mi trabajo personal: la pintura de mis cuadros.

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La Chamana (óleo) Miguel Camargo
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¿Miguel, fue duro para tí encontrarte en situación de emigrante, desarraigado de tu pueblo y sin conocer a nadie cómo tu dices?

Durísimo. A pesar de todo, al final contaba con el apoyo de mis padres tanto económicamente que moralmente. El amor familial al final de cuentas es más fuerte que cualquier otra cosa. Sobre todo el apoyo de mi madre. Mi objetivo era ahora perfilarme como pintor profesional. Mis obras eran presentadas en exposiciones individuales. Estamos en el año 1971, tenía yo entonces 30 años de edad. Pero las cosas mejoran para mi cuando gano el primer premio del Tercer Salón Nacional de Acuarelas, concurso organizado por el Instituto Peruano-Norteamericano. La gente comenzó a fijarse más en mi y en mis obras y gane mucha notoriedad. Los coleccionistas buscaban mis pinturas. Estaba bien cotizado y desaparecieron los problemas económicos.

Tuve una amiga norteamericana, y me fui con ella a Estados Unidos. Estábamos muy enamorados. Pasé un año en este gran país. Y nuevamente voy a tener que escoger entre la pintura o quedarme. La dificultad surgió que yo era allí un gran desconocido, además soy un pintor indigenista, de tierra adentro como digo yo. Penetrar el medio artístico norteamericano era difícil. Y por ser leal a la pintura regreso al Perú.

Se habla se abstracto, de impresionismo, de figurativo en la pintura, ¿explícanos que cosa es la pintura indigenista…, existe cómo categoría?

Bueno desde que José Sabogal puso los primeros cimientos, la pintura indigenista existe como un estilo innegable, incluso el indigenismo ha marcado en la literatura, el la música, en la danza. Yo lo defino como algo propio, muy nativo, “de tierra adentro”, es una exteriorización de la estética del indio. Yo por ejemplo soy un pintor que trata de perfilar esa manifestación artística, o sea la del indígena indio.

Si bien te he entendido, ¿un africano, un esquimal que se ponen a pintar sus raíces, sus costumbres, tierras y gentes, con los mismos conceptos, son pintores indigenistas?

¡Cuidado! Por ejemplo, si ellos, por decir, un europeo, un europeo puede pintar los Andes, pero ellos tiene otra visión. Además para pintar hay que sentirlo, hay que vivirlo. Pero si el africano o el europeo pintan lo suyo, sus raíces, sus propias culturas étnicas, entonces allí sí estarán haciendo pintura indigenista.

Sabogal en Perú fue el primero que pintó al indio y que lo expuso oficialmente en un salón de arte. Antes de él sólo se exponían pinturas coloniales, muy hispánicas y el indio era marginalizado en el arte.

¿Y por qué optaste por la pintura indigenista?

Yo tenía conciencia que un pintor debe ser honesto, tenía que pintar lo que más conocía, lo que más sentía. Y lo que estaba más cerca de mí era el indigenismo. Cuando era estudiante tuve inquietudes de hacer abstracto o impresionismo, pinté neo-figurativo incluso, era al final de todo para aprender más.

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Pachacutek, el gran dirigente Inca, aquí representado con el rostro del presidente peruano Alejandro Toledo

He investigado y trabajado mucho para poder desarrollar mi estilo personal y afianzarme. En Lima estoy catalogado como artista de estilo muy personal. A la vez, creo que el pintor debe aportar a los otros pintores en el lenguaje plástico, sea tanto como una lección o influencia y estoy tratando de dejar, de brindar mi legado a las generaciones futuras. Cuando pinto, mi primera meta es la contemplación del espíritu y no la de pasar algún mensaje. He depurado mi técnicas hasta llegar a una técnica personal. Quiero que el espectador contemple mi cuadro antes de que él mismo pueda obtener un mensaje. Las imágenes y formas que empleo son muy propias de mi espíritu. He estudiado la Escuela Cusqueña, ahora estudio la pintura precolombina, y desarrollando un lenguaje precolombino plasmada en una pintura moderna, sin alterar su esencia. Y esto me está gustando mucho.

Que prima, ¿la contemplación o el mensaje?

La contemplación es muy infinito, muy universal, cada persona tiene su mundo y puede obtener lo que le gusta del cuadro y lo que va encontrar en el cuadro. Es una esencia muy difícil de responder exactamente lo que pasa entre un espectador y la pintura, eso prefiero dejarlo a los críticos. Para mi no existe por ejemplo la luz y la sombra. Generalmente todos los pintores y en todas la épocas han trabajado así. Yo creo que sólo existen los claros, los intermedios, los obscuros y la línea pictórica. Con estas bases yo realizo mi pintura. Cuando era estudiante pintaba con la luz y la sombra pero creo igualmente que todo esto está ya muy explotado, explotó la fotografía, el cine y no se puede seguir haciendo eso. Al pintor lo lleva la pintura y estoy observando a mis 59 años hasta adónde más me lleva la pintura…

Muchas gracias Miguel Camargo De nada…


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