Dar la palabra. Ética, política y poética de la escritura en Arguedas es uno de los estudios orgánicos sobre la obra del escritor más originales y ambiciosos que se han publicado en los últimos años (Rivera, 2011). Se pretende un acercamiento crítico que alcance una interpretación desde la lógica de la “reciprocidad andina” para involucrar a la escritura. Para Rivera, desde esta lógica se construye el discurso ético y político arguediano. Aunque se revisan varias novelas importantes como Los ríos profundos, Yawar fiesta y Todas las sangres, nuestro interés se centra en las hipótesis que circulan sobre El ZA y ZA.

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Nos interesa, de este importante estudio, la forma como Rivera asume la muerte de Arguedas, sobre todo cuando se revisa la misma desde el punto de vista del sacrificio y el mito sobre el porvenir. Además de Arguedas como una “comunicación sustentadora”, implicaría una voluntad transmítica, un cálculo de la propia muerte, una forma de afrontar y significar la propia muerte, y de ir aún más allá de lo mítico, de transformarlo en un relato para el futuro. Mito que no se cancelaría en su propio tiempo, sino que transformado en relato sería capaz de hablarle a la historia del futuro; o simplemente sería una forma de transformación del tiempo mítico al tiempo personal de lo psicológico –simbólico (55).

La escritura de los diarios de Los zorros revela, así, una fenomenología de la escritura y el deseo de morir, en donde la escritura opera metonímicamente en tanto prótesis, permitiendo la extensión, continuación, “transmisión” del cuerpo del sujeto a la escritura; y opera metafóricamente en tanto representación y rearticulación del cuerpo y la agonía (“mutilado”, “quejoso y entrecortado relato”. “este desigual relato es imagen de la desigual pelea”) en la escritura (252).

De esta forma, se coligen las alegorías que se vinculan al discurso suicida de los Diarios y su relación con la escritura. Por eso, los deseos de los migrantes a Chimbote, seducidos por la “modernidad” y el “progreso” a costa del sacrificio de su identidad, su lengua y su cultura, podría percibirse también como un tipo de muerte. Por otro lado, en el campo mítico, lo mismo podría entenderse alegóricamente a partir de la seducción de Tutaykire por la virgen ramera. Estas ideas que enuncia Rivera dialogan con las de Lienhard y Rowe.

Los ríos profundos

Por otro lado, Rivera intenta una aproximación clasificatoria de la novela, sobre todo a partir de la difícil definición entre la frontera de realidad y ficción, en base a los Diarios, principalmente. Esta clasificación es uno de los elementos más difíciles de entender por parte de la crítica. Por eso, Rivera se plantea algunas preguntas: ¿Cómo entender parte de esta novela (los Diarios)?, ¿cómo realidad o ficción?

De allí que una reflexión crítica sobre la novela que considere a los diarios exclusivamente como autobiográficos, o que los considere únicamente como ficción, sea insuficiente para dar cuenta de la naturaleza de estos y su lugar en la composición de la novela misma. Además, dado el compromiso ético que asume la escritura de José María Arguedas, resulta mucho más adecuada una reflexión que considere la naturaleza de los géneros involucrados: novela y diario, y explique su función al nivel ético que persigue la escritura arguediana (286).

La representación pictórica de Las meninas, al igual que la escritura de Los zorros, como veremos más adelante, aspira a la totalidad. El pintor se hace presente en el conjunto, aunque no en el proceso de creación de Las meninas, sino en el de pintar a la pareja real; pero fundamentalmente lo que se hace presente, y se convoca e incorpora al conjunto de la representación, es el lugar a partir del cual se hace posible la organización de la representación. Es decir, el espejo en Las meninas cumple una función análoga a la de una estructura discursiva y un procedimiento retórico en el conjunto de la representación, al cumplir su función particular de reflejar los objetos, y de esta manera hacer evidente el punto ciego a partir del cual se organiza y articula la representación de la misma (Rivera, 2011, págs. 289-290).

Los diarios de Los zorros, debido a su carácter autobiográfico, estarían fuera de la representación ficcional que persigue la escritura de la novela. Es decir, su incorporación en la novela sería como lugares en blanco o vacíos con respecto a la ficción, lo que no se trabaja y escribe dentro de los parámetros de la ficción, pero que, sin embargo, forma parte de ella íntimamente en su producción. Y lo que incorporan, en su función de diario-espejo, son las imágenes del autor, el mundo visto a través del punto de vista de algunos personajes, sus tribulaciones durante la escritura de la novela misma (Rivera, 2011, pág. 290).

No obstante, podemos argumentar que Los diarios sí podrían constituir un estatuto ficcional en la novela, por lo que podríamos catalogar este tipo de construcción con otras categorías, como la novela de frontera y la metaliteratura o metaficción, además de las posibilidades en la narrativa que sí posibilitan este modelo de composición, como el mito (Dioses y hombres…) a diferencia del formato clásico de novela.

* Este post es una colaboración de Henry Rivas, docente de la Universidad Privada del Norte.

Bibliografía

Cornejo Polar, A. (1973). Los universos narrativos de José María Arguedas. Buenos Aires: Losada.

Cornejo Polar, A. (2004). Tradición migrante e intertextualidad. En W. Kapsoli, Zorros al fin del milenio. Actas y ensayos del Seminario sobre la última novela de Arguedas (págs. 41-52). Lima: Universidad Ricardo Palma/ Centro de Investigación.

Lienhard, M. (1981). Cultura popular andina y forma novelesca. (Zorros danzantes en la última novela de Arguedas). Lima: Tarea/Latinoamericana editores.

Rivera, F. (2011). Darl la palabra. Ética, política y poética de la escritura en Arguedas. Madrid: Iberoamericana; Vervuert.

Rowe, W. ( 2010). “No hay mensajero de nada”:La modernidad andina según los Zorros de Arguedas. Revista de Crítica Literaria Latinoamericana, XXXVI(72), 61-69.

Rowe, W. (1979). Mito e ideología en la obra de José María Arguedas. Lima: Instituto Nacional de Cultura.


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