Carolina García

Llegar a cumplir 101 años significa haber tenido el privilegio de ser testigo de momentos clave a lo largo de un siglo. Ese es el caso de Will Barnet, artista que no solo vivió los grandes acontecimientos de Estados Unidos, sino que también plasmó en sus pinturas algunas de las corrientes artísticas más importantes de los últimos cien años. Actividad en la que no cesó hasta su muerte, acaecida el pasado 13 de noviembre en su casa de Nueva York, según informó Philippe Alexandre, su representante.

Reconocido pintor de estilizados retratos y de composiciones clásicas de mujeres y niños, sus obras oscilaron entre el realismo, la abstracción y el simbolismo poético. Hijo de inmigrantes europeos (su padre, trabajador de una fábrica de zapatos, era ruso y su madre nació en Europa del Este), nació en Beverly en el Estado de Massachussets, el 25 de mayo de 1911, siempre quiso dedicarse al mundo del arte. A los 12 años ya empuñaba un pincel y tenía su propio taller en el sótano de la casa familiar. “A esta edad descubrí que ser pintor o escultor te daba la oportunidad de crear algo que iba a permanecer para siempre, más allá de la muerte”, recordó el pintor en una de sus últimas entrevistas al periódico The New York Times.

Barnet asistió a la Escuela de Bellas Artes de Boston donde obtuvo una beca en 1931 para continuar sus estudios en la Art Student League de Nueva York. “Llegué con 10 dólares en el bolsillo y una carpeta llena de dibujos de paisajes y retratos de gatos”, comentó en más de una ocasión el afamado artista. Allí, trabajó bajo la tutela de Stuart Davis, pintor modernista, y mantuvo una estrecha relación con el pintor surrealista Arshile Gorky. Comenzó su carrera como pintor “social realista” durante los años de la Gran Depresión en Estados Unidos. Con 19 años recorría las calles de la Gran Manzana y dibujada los rostros de los oprimidos por la crisis.

Tras cuatro años en el Art Student League, fue nombrado su pintor oficial. Empezó a ejercer como profesor de Artes Gráficas en el año 1936. Enseñó hasta 1980. Durante estos años, Barnet cooperó con el muralista mexicano, José Clemente Orozco, y el pintor político, William Cooper. Su primera exposición fue en un teatro neoyorquino en 1935. Tres años después, su obra se mostró en la Galería Hudson Walker en esta misma ciudad y se casó con Mary Sinclair, también pintora y compañera de estudios, con quien tuvo tres hijos. Barnet participó con algunas de sus pinturas en la Feria Mundial de Nueva York de 1939.

En la década de los cuarenta, Barnet sufrió un cambio radical en su pintura. Sus innovaciones e interés por pintores de la época como Pablo Picasso transformaron toda su obra hacia la abstracción. Llegó a formar parte de los Pintores de Espacios Indios, grupo que se caracteriza por representar complicadas y entrelazadas figuras geométricas inspiradas en el arte nativo americano y la pintura europea moderna. Al principio de los sesenta volvió a la pintura figurativa de sus inicios influenciado por la impresión japonesa y por el Pop Art tan de moda en EE UU. Para entonces, ya se había casado por segunda vez con la bailarina moderna, Elena Ciurlys, con la que tuvo una hija, Ona. Ambas fueron protagonistas de muchas de sus pinturas. En estos años, se centró también en composiciones que mostraban a mujeres solitarias en actitud de espera, con influencias claras del estadounidense Hopper o del surrealista belga Magritte.

En 2003, Barnet volvió a dar un nuevo giro a su obra hacia la abstracción y a la reanudación de pinturas con formas audaces, colores vivos y composiciones dinámicas que sin duda fueron un reencuentro con sus obras de la década de los cincuenta. Siete años después, fue honrado con la exposición Barnet and The Art Student League en la Phyllis Harriman Mason Gallery de Manhattan. Además, fue galardonado con la Medalla Nacional de las Artes 2011 —el mayor reconocimiento a un artista en Estados Unidos—, que se le concedió en una gala celebrada el pasado 13 de febrero en la Casa Blanca. Mismo año en el que el Museo de Arte Montclair (Nueva Jersey) organizó una exposición en su honor con motivo de su centenario. En 2012 Francia también reconoció su trayectoria y le nombró caballero de la Orden de las Artes y las Letras

Barnet continuó pintando diariamente prácticamente hasta el final de su vida. “No pienso transigir nunca”, sostuvo en una entrevista para The New York Times con motivo de la exposición. “Los viejos maestros siguen vivos aunque pasen 400 años y eso es lo que quiero que pase conmigo”, añadió el artista. Tras su muerte, Barnet deja una estirpe familiar que continúa con la misma afición a la que él dedicó toda su vida, el arte.


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