A los 10 años mendigaba por las calles de Barcelona

Ahora es la pintora española más cotizada: vive en Holanda y sus cuadros valen más de 100.000 euros

Su primer cuento se lo contaron con 13 años en el Museo del Prado. El prólogo flamenco lo firmó Rubens. Del capítulo romántico se encargó Goya. Y del de terror, Francis Bacon. Ella, retratista de almas perdidas 41 años después, relata historias y poemas con pinceles por todo el mundo. Al otro lado del teléfono, el plumilla de profesión y pasión quiere aprender a entenderla. Lita Cabellut pide que este reportaje vaya mucho más allá de la niña mendiga, hija de una prostituta gitana en Barcelona, que ha salido del infierno para triunfar en la pintura representando lo heroico y lo inhumano. El plumilla, que al principio sólo veía rabia en varios colores, ahora siente la conexión que hay entre las distintas capas sociales en sus lienzos.

“Son cuentos para niños y películas de terror para adultos. Intento mostrar al borracho tirado en la calle, a la prostituta de la esquina, al psicópata, al capitalista, al famoso rico y al Papa”. Su nombre viene de Manuelita y su apellido dice que es robado. “Eso te lo contaré en la próxima historia”, bromea. Lita Cabellut es la pintora española más cotizada del mundo. Según la revista Artprice, sólo los artistas Miquel Barceló y el fallecido Juan Muñoz venden más cuadros que ella. Su particular lenguaje pictórico ha sido expuesto en galerías desde Nueva York, pasando por Dubái y Seúl, hasta Londres.

El móvil desde el que nos llama tiene prefijo holandés. A sus 54 años, Lita vive en La Haya, en una antigua fábrica de carruajes de caballos donde también tiene su estudio de pintura. Aunque estos días la hemos encontrado en Barcelona. Está sentada en una plazoleta al sol, frente a un almendro, a pocos metros del barrio del Raval que la vio mendigar cuando no había cumplido ni los 10 años. Su madre prostituta la abandonó siendo un bebé, vivía con su abuela, pedía limosna en la calle, robaba carteras, su abuela murió, acabó en un orfanato, la adoptó una buena familia, se convirtió en estrella… Una historia que podía haber escrito Dickens. “Mi infancia siempre me ha inspirado a la hora de coger el pincel”, cuenta Lita recordando su época de gitanilla disléxica antes de que tuviera el primer flechazo con el arte en una visita al Museo del Prado. “Con 13 años, recién adoptada, sin saber leer ni escribir, sentí cómo Rubens, Rembrandt, Goya y Bacon me contaban mi primer cuento. Sus cuadros me abrieron el alma”.

Regreso al origen

Lita sólo se queda tres días en la ciudad condal. Está organizando su primera gran exposición en Barcelona -y en España- junto con la Fundación Vila Casas, dedicada desde hace 36 años a promocionar el arte contemporáneo catalán. Sus cuadros han estado en las galerías más importantes del mundo menos en las de nuestro país. “He dado muchas vueltas y me he esforzado mucho con el hándicap de ser mujer y gitana en un oficio como la pintura, donde sólo destacan hombres. Ahora me están empezando a llamar para que venga aquí a exponer mis cuadros”, afirma la pintora. “Pienso que es porque estamos en un momento en el que necesitamos ejemplos de personas que han salido adelante después de estar en el pozo más hondo, personas que vendan ilusión, y si mi arte puede inspirar y dar aliento, yo seré muy feliz”.

La exposición se celebrará a principios del año que viene. Lita nos enseña en exclusiva algunas de las obras inéditas que ha preparado para su regreso a Barcelona. Como gitana, no podía faltar su particular homenaje a su pueblo. Dos cuadros, la misma gitana turca, vestida llena de estereotipos negativos y desnuda liberada de prejuicios. “Quiero mostrar las miles de caras que tenemos, no sólo las cosas malas que siempre sacan de nosotros. Somos un pueblo lleno de magia, las penas las cantamos con alegrías”, defiende Lita, que hace cinco años recibió el Premio de Artes Plásticas del Instituto de Cultura Gitana, que este viernes ha celebrado la novena edición de sus galardones anuales, coincidiendo con el Día Internacional del Pueblo Gitano.

“Cuando me llamaron para decirme que me concedían el premio yo estaba pintando un retrato de Camarón, mi gran maestro e inspiración. Jamás he llorado tanto de emoción como ese día. Y ahora quiero devolver al pueblo gitano con mi arte el ánimo y una limpieza de cara como se merecen”. Por eso cada año estos premios se dan a las personas que contribuyen al desarrollo intelectual, artístico o deportivo de esta cultura. El ejemplo está en los galardonados de este año como Patxi Ruiz, gitano campeón de España de Pelota Vasca, y Moncho, muy conocido en Latinoamérica como cantante de boleros.

Lita no se ha criado entre gitanos, pero siente y ama su gen romaní. Nació en Sariñena, un pequeño pueblo de Huesca con una de las lagunas más grandes y la mayor colonia de avetoros -especie de aves- en España. No conoció a su padre y su madre, de la que sólo sabe que es gitana y que se dedicaba a la prostitución, la abandonó con sólo tres meses dejándola con su abuela en Barcelona. La anciana la crió. Fue a la escuela y se pasaba los días enteros mendigando en la calle. Las Ramblas, La Boquería y Port Vell eran sus lugares preferidos para pedir limosna y la fuente de la plaza Real su favorita porque los turistas echaban muchas monedas.

A los 10 años su abuela murió y fue internada en un orfanato. De la foto que nos manda por whatsapp de esa época, Lita mantiene la mirada de ojos negros profunda y la sonrisa pilla. “A los 13 años me cambió la vida. Una familia catalana me adoptó y dejé de aprender a sobrevivir en la calle para empezar a convertirme en lo que soy ahora, una artista”, exclama. “Me impresionó tanto la visita al Museo del Prado, que convencí a mis padres para que me pusieran un profesor de dibujo. Me dejaban pintar siempre en el garaje después de hacer los deberes. A los 16 años tuve mi primera exposición en el Ayuntamiento de Masnou”. Todavía guarda en su casa el primer cuadro que pintó: una copia de Goya. Ahora no le gustan nada las obras del artista maño.

Del orfanato a la galería. En su estudio en La Haya, la antigua mendiga Lita Cabellut pinta grandes retratos, como esta “gitana turc”, vestida y desnuda, de su serie Disturbance (perturbación). Expone en Dubái, Seúl o Nueva York. GÉRARD RANCINAN

Con 19 años, Lita sintió que el mundo en España se le hacía pequeño. Con una beca entró a la Gerrit Rietveld Academy de Holanda. “Era donde se habían formado los grandes maestros, la luz allí es diferente para pintar, fue una buena decisión porque me pude desarrollar intelectual y técnicamente”.

-¿Qué queda de la gitanilla de ojos curiosos que se ha convertido en una pintora de éxito?

-Tengo la misma incertidumbre de cuando era niña y la misma ilusión de cuando empecé a pintar. La diferencia es que ya puedo hacer magia delante del lienzo.

-¿Le falta algo por pintar?

-Todo. Estoy empezando, poco a poco voy teniendo idea de lo que es el arte y empiezo a tener la técnica bajo control.

En su casa en La Haya, Lita vive con sus dos perros, Troy y Aitana. Tiene tres hijos de dos maridos diferentes: David (28 años, cantante y pintor), Arjan (26, poeta y escultor) y Luciano (21, estudiante de Filosofía y Antropología en la Universidad de Oxford). “Cuando nos juntamos es como una gran fiesta. Somos gitanos, y nos comunicamos con tonos. Hacemos mucha música, uno coge el tambor, otro la guitarra y yo desafino”.

En su casa tiene su estudio de pintura, donde trabaja con un equipo de tres personas. Un colombiano, un belga y un polaco. Dos hacen los marcos y lienzos y el otro la ayuda a preparar las pinturas. “Es una mezcla muy metropolitana y simpática. Entendemos de la misma manera el arte. Nadie mira el reloj cuando estamos trabajando porque las horas no es tiempo, sino intensidad y dedicación”, explica Lita, que ahora está con un proyecto de esculturas de flores, grandes boquetes dedicados a sentimientos, hechas con el mismo óleo que sus lienzos.

Acaba de estar en Dubái, presentando 20 de sus cuadros titulados El Rocío de la Poesía. En pocas semanas inaugura exposiciones en Nueva York y en Los Ángeles.

Mi infancia en la calle

-¿Cuál es su mejor obra?

-Una serie que pinté hace 10 años sobre prostitutas y borrachos. Quería que el público viera lo que yo sentía en la calle durante mi infancia.

Los perdedores de la sociedad, la gente solitaria, invisible, sin voz, son su especialidad. Pero también ha pintado a famosos, desde 33 retratos de Coco Chanel que presentó en París, hasta cuadros de Frida Kahlo, Chaplin y la madre Teresa de Calcuta.

“Su arte es una especie de performance, una manera de ver e interpretar realidades a menudo invisibles. Su papel es descubrir los misterios y contradicciones que residen justo debajo de la superficie de la cara humana”, dice de su obra el crítico de arte internacional Robert C. Morgan.

Lita nos cuenta que lo máximo que le han llegado a pagar por una de sus obras son 115.000 euros. Pero es muy reservada en este tema y no le gusta hablar de dinero ni de sus clientes. “Los hay muchos de Arabia Saudí y de Rusia. Algunos me compran por inversión y otros por emoción”, sentencia. El periódico The Times desveló que las celebrities se rifan sus cuadros. Halle Berry, Hugh Jackman o el chef Gordon Ramsay son algunos de sus famosos clientes.

Ya desde su casa en La Haya, Lita Cabellut nos envía más imágenes de lienzos de gran formato. Tragedia y comedia; glamour y miseria; oscuridad y claridad, definen su obra al igual que su vida. La de una indigente convertida en estrella del arte. La de una superviviente que da pinceladas con ambas manos sin filtros. La de la pintora española más cotizada.


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