EFE

Cuando se cumplen 453 años de su muerte hay quien todavía duda de la verdadera identidad del dramaturgo

A pesar de que se cumplen 453 años del nacimiento del mejor dramaturgo de la historia, William Shakespeare, el misterio sigue rodeando su figura. Los escasos datos que se conservan del genio y a partir de los cuales se ha elaborado su biografía no han hecho más que alimentar todo tipo de teorías que durante siglos han especulado con quién fue, en realidad, el creador de «Hamlet».

Quienes se decantan por la conspiración en lo que a la figura de Shakespeare se refiere, alegan que el decimoséptimo conde de Oxford, Edward de Vere (1550-1604), un hombre ilustrado y viajado, pudo haber escrito los dramas shakesperianos con más facilidad que el propio escritor (1564-1616), cuyo origen era mucho más humilde y su educación, por tanto, menos britallante que la del aristócrata. Hay, sin embargo, quienes consideran que fue el filósofo británico Francis Bacon quien redactó las famosas obras bajo un pseudónimo que, además, ocultaría una clave masónica. La tercera teoría defendida por no pocos expertos es la de que el creador de obras como «Romeo y Julieta» fue el dramaturgo inglés Christopher Marlowe (1564-1593), quien falleció en una pelea tras ser acusado de ateísmo.

El hecho de que la información biográfica del dramaturgo sea más bien escasa ha contribuido, como no podía ser de otra forma, a alimentar la incertidumbre en torno a su figura. Respecto al nacimiento del escritor, tan solo se conserva un documento de bautismo de la iglesia de Stratford-upon-Avon (centro de Inglaterra) que atestigua que el 26 de abril de 1564 se registró un Guilielmus Johannes Shakespeare. El 23 de abril, la fecha en la que se suele fijar su nacimiento y que coincide además con la de su muerte a los 52 años en 1616, es una convención que se ha adoptado, suponiendo que sus padres le bautizaron tres días después de nacer.

«No hay ninguna duda»

Con todo, los académicos aseguran que se conservan más documentos acerca de Shakespeare que sobre la mayoría de escritores de su época. «No existe duda de que William Shakesepare, nacido en Stratford-upon-Avon, escribió las obras que se le atribuyen. Cualquiera que piense lo contrario necesitaría desacreditar una gran cantidad de evidencias para demostrarlo», ha afirmado a Efe Paul Edmondson, investigador de la Shakespeare Birthplace Trust y coeditor de sus obras para la editorial británica Penguin Books.

En 2011, la película «Anonymous», una biografía ficticia del conde de Oxford firmada por Roland Emmerich, director de filmes de acción como «Stargate» (1994) y «The Day After Tomorrow» (2004), volvió a alimentar las especulaciones sobre la autoría de las obras de Shakespeare. Además, un documento titulado «Declaración de duda razonable sobre la identidad de William Shakespeare» se propaga por internet desde 2007 poniendo en duda que el hombre que nació en Stratford-upon-Avon escribiera «Otelo» y el resto de obras atribuidas a Shakespeare.

Para tratar de aplacar esas teorías, Edmondson y Stanley Wells, profesor emérito en la Universidad de Birmingham, reunieron en 2013 en el libro «Shakespeare más allá de toda duda» pruebas históricas sobre la identidad del dramaturgo. El libro detalla las menciones conocidas al autor desde el siglo XVII y trata de demostrar que Shakespeare trabajó en el mundo teatral de Londres y que no había dudas sobre su identidad y autoría entre sus contemporáneos.

Los expertos tampoco albergan dudas de que el dramaturgo británico colaboró con otros escritores para redactar algunas de sus obras, lo que para la mayoría de académicos supone una prueba más de que no existe misterio alrededor de su identidad. En 2012, las investigadoras de la Universidad de Oxford Laurie Maguire y Emma Smith publicaron un trabajo en el que concluyen, a partir de un análisis del vocabulario, el ritmo y el estilo del texto, que la obra «Bien está lo que bien acaba (1602)» fue escrita por Shakespeare con la colaboración del escritor Thomas Middleton.

Con todo, hay investigadores que ponen en duda la versión ortodoxa, entre ellos el profesor William Leahy, de la Universidad de Brunel (Londres), que sostiene que sus famosos trabajos son obra de cinco o seis personas, una de ellas Shakespeare. Quienes defienden que el dramaturgo británico no escribió los textos que se le atribuyen cuentan también con el libro de la escritora estadounidense Diana Price «La biografía no ortodoxa de Shakespeare (2001)», que trata de desmontar las pruebas históricas que han recopilado los académicos.


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