La expresión literaria que nos ocupará a lo largo de las próximas líneas está en la actualidad muerta. Al menos, lo está en la medida en que ya sólo es objeto de un acercamiento histórico, muchas veces teñido de romanticismo. Pero estuvo muy viva en un tiempo en que los antiguos escandinavos se sintieron los dueños de la tierra, y sobre todo, de los mares. En cualquier caso, las kenningar son un asunto fascinante, que ha interesado a autores de la talla de Jorge Luis Borges.

El espacio geográfico y cultural que nos ocupa es la Vieja Europa, especialmente la nórdica, cuando la gran mayoría de los esclavos capturados por los marinos vikingos en sus expediciones eran irlandeses. De hecho, la población de Islandia contaba con un elevado número de irlandeses, lo que marcó la configuración étnica del pueblo islandés.

A su vez, las más importantes ciudades irlandesas estaban ocupadas por vikingos. También la prolongada presencia de escandinavos en Northumbria influyó notablemente en la cultura de aquella región. Lo mismo ocurrió más o menos en el resto de la Europa de la época.

Se hace evidente que estas culturas, lejos de permanecer aisladas, se enriquecieron mutuamente de un modo continuado.

Muchas son sus similitudes. El perfil psicológico de un marino vikingo seguramente no es demasiado distinto del de un caudillo celta. Pese a las diferencias de carácter que distinguen a estos pueblos, hay una serie de elementos que los hermanan. Estos matices pueden ser descubiertos, fundamentalmente, a través de un análisis de sus creencias y sus creaciones mitopoéticas.

Sobre este punto señala Jung que “cabe aplicar a la tradición mitológica la siguiente regla: no se propagan relatos de cualesquiera acontecimientos pasados, sino sólo aquellos que expresan un pensamiento de la humanidad, pensamiento general y que siempre vuelve a remozarse”.

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La primera literatura fue oral y épica, muy cercana al mito. Era en verso, muy probablemente por razones memorísticas. Borges señala que, dada la escasez de temas en la épica, la aliteración de los versos obligó al poeta de estas tierras a crear sinónimos.

En las lenguas germánicas existe la posibilidad de formar voces compuestas y utilizarlas como sinónimos. Al principio raramente eran metáforas. Más adelante sí lo fueron. Para refereirse a ellas, los escandinavos hablaban de kenningar. En ellas se sustituye la mención directa del concepto por una perífrasis metafórica constituida a base de un sustantivo fundamental al que se añaden otros en genitivo.

Bien acompañado, sigo a Borges en su estudio de la cuestión nórdica (“Las Kenningar”, Nueva antología personal, Editorial Bruguera, Madrid, 1980, y Literaturas germánicas medievales, Alianza Editorial, Madrid, 1982) y éste me lleva al poeta islandés Snorri Sturluson (1179-1241), quien define así el proceso: “La tercera manera de hablar es empleando lo que llamamos kenning, y entonces nombramos a Odín o a Tor o a Tyr o a cualquiera de los ases o de los elfos o a quien sea que diga, y luego le pongo una palabra que caracteriza a otro as distinto o me refiero a alguna de sus hazañas; entonces es a éste al que se alude y no al que se nombró. Así, cuando decimos el Tyr de las victorias o el Tyr de los ahorcados o el Tyr de la carga, éstos son apelativos de Odín y los llamamos apelativos con determinación (kent heiti). Así es también cuando se dice el Tyr del carro”.

El poeta ingles John Keats dirá, siglos después: “dejad entonces a la fantasía ir errante / por el pensamiento todavía extendido ante ella: / abrid de par en par la puerta de la jaula de la mente / y ella saldrá como una flecha, elevándose a las nubes”; a lo que cabría añadir, en palabras de Jung, que “esta actividad del espíritu de los primeros tiempos de la antiguedad obraba por antonomasia artísticamente. Parece que la finalidad del interés estribaba, no en captar objetiva y exactamente el cómo del mundo real, sino en adaptarlo estéticamente a fantasías y esperanzas subjetivas”.

Las kenningar son conocidas en toda la poesía germánica y, por extensión, nórdica, desde los cantos éddicos al Beowulf –la obra maestra de la poesía anglosajona antigua– pero sólo los escaldas (poetas cultos escandinavos) las usan, desarrollan y complican constantemente. Así pues, de los tres géneros de la antigua poesía escandinava –con un foco creativo fundamental en Islandia–, sagas, eddas y poesía de los escaldas, es el tercero el que ve florecer con extraordinaria viveza el universo de las kennings o kenningar.

Comprender un poema con varias kenningar puede ser más un desafío imposible si no se deshace el nudo de sus significados teniendo siempre presente el universo simbólico del colectivo que las vio nacer.

Valgan como ejemplo las siguientes kenningar (recogidas de Sturluson, Borges, el Völuspá y el Beowulf), con sus correspondientes significados: Gorros de Odín (Yelmos), Oso del yugo (Buey), Halcón de la sangre (Águila), Rayo de la muerte (Espada), Lobo del mástil (Viento), Anillo de las islas (Mar), Salvación de las serpientes (Verano), Hermana de la Luna (Sol femenino), Matador de las serpientes (Invierno), Mar de las bestias (Tierra), Hija de la Noche (Tierra)…

Ahí va otra serie, de parecida belleza: Cráneo del gigante (Cielo), Fuente de sangre (Corazón), Reptil de la lucha (Espada), Cuervos del agua (Gaviotas), La que sirve cerveza (Mujer), Hueso del fiordo (Montañas), Dolor del escudo (Espada), Cerveza de Odín (Poesía), Risco de pelos (Cabeza), Camino del Buitre (Aire), Resplandor de la batalla (Espada), Serpiente de la batalla (Dardo)…

El conjunto no acaba aquí. Lean otras tantas metáforas: Lluvia de la batalla (Flechas), Sudor de la batalla (Sangre), Lobo de la batalla (Guerrero), Mal de las ramas (Fuego), Lar de las proas (Mar), Bellota del pecho (Corazón), Piedra del brío (Corazón), Mástil de la lucha (Espada), Cortinajes del rostro (Cejas), Estrépito del arma (Combate), Lunas del rostro (Ojos), Licor de Odín (Poesía), Trono del halcón (Mano, brazo), Largo leño del uro fiero (Cuerno), Amiga del lecho de Odín (Tierra), Guardián del verano (Cuclillo)…

No extraña que Chesterton y el propio Borges hallasen tan sugestiva la fórmula. Acá transcribo la penúltima serie: Potro del mar (Nave), Camino de la ballena (Mar), Hombros de las montañas (Peñascos), Lobo de las heridas (Espada), Dragón de cadáveres (Lanza), Zumo del pecho (Poesía), Cerveza de la batalla (Sangre), Cisnes de Odín (Cuervos), Danza de espadas (Batalla), Reino del viento (Mar), Refugio de huesos (Cuerpo), Encanto del cielo (Sol), Baño del cisne (Mar), Paño del mar (Vela), Duras lunas de la tierra (Piedras), Jaco de tablas del jefe (Cama), Señor del acero (Espada), Espiga de guerra (Espada),

Termino esta enumeración con mis kenningar predilectas: El choque de Odín (Batalla), El que alimenta a los cuervos (Guerrero), Huesos del mar (Montañas), Peñasco ajustado por brocal (Escudo), Bajel de la risa (Pecho), Reino de losas (Montañas), Barcos de enanos (Versos), Hogar del que aúlla (Montañas, donde habita el lobo), Cuenco del pelo (Yelmo), Juego del yelmo (Lucha), Caja del alma (Pecho), Senda de la luna (Cielo), Hoguera del cielo (Sol), Tabla del gozo (Arpa), Corcel de las ondas (Barco), Sudor de las venas (Sangre), Ribera de los cadáveres (Más allá), Ceñidor de la tierra (Serpiente del mundo).

Desde la simbología junguiana hay interpretaciones que surgen de inmediato: Ceñidor de la tierra; el tema de la serpiente que se muerde la cola es una imagen arquetípica, es Ouroboros, el eterno retorno, el caos y el renacimiento, los ciclos de decadencia y resurgimiento…, en definitiva, todo en esta kenning sugiere un profundo conocimiento del lenguaje arquetípico esencial.

Los maestros de las kenningar desarrollan la conciencia intuitiva para facilitar su labor creadora. En un universo de paisajes extremos, el poeta desafía la mortalidad a través del conocimiento de los arquetipos.

Aun a riesgo de incidir en exceso en la vertiente puramente metafórica de las kenningar, valga como ejemplo de “traducción” ésta de un texto tomado de la Saga de Egil Skallagrímsson, obra de Snorri Sturlusson:

“Pero me es hostil / el dios que destila / dulce licor de malta, / agrio su corazón; / ya no puedo erguir / mi cansada cabeza, / no puedo tener firme / el carro de la razón”.

Las kennings utilizadas son las siguientes: El dios que destila / Odín. Dulce licor de malta / poesía. El carro de la razón / la cabeza.

El que anillos regala es otra kenning que recuerda la costumbre escandinava de pasar anillos o brazaletes como presente. Se solían entregar en la punta de la espada y lo habitual era recogerlos del mismo modo. Este rito hace referencia a una de las principales virtudes de los nobles y jefes guerreros: la generosidad. Otra vez aparece un comportamiento ético que, andando el tiempo, dará lugar a las normas de Caballería.

En las sagas escandinavas, hallamos nuevas kenningar relativas, de forma directa o tangencial, a bestias fabulosas. La más famosa es Fáfnir. Me refiero al dragón que guarda tesoros en una caverna, muerto por el héroe Sigurd.

Sigurd asó el corazón del dragón para comerlo pero, habiéndose quemado, se llevó el dedo a la boca para aliviar el dolor. En el instante en que probó la sangre del dragón entendió el lenguaje de los pájaros y además pudo tener acceso a los pensamientos y actos de los hombres.

Esta idea fue retomada en el Cantar de los Nibelungos. Ahora Sigurd se llama Sigfrido y consigue dar muerte a la bestia gracias a un anillo mágico que le permite hacerse invisible. Cuando se baña en la sangre del dragón para conseguir la inmortalidad una hoja cae sobre su espalda, dejando allí un punto vulnerable. El traidor Hagen conocerá el secreto a través de la esposa de Sigfrido y matará a este por la espalda.

La literatura medieval se encargó de recoger este mito, y así numerosos caballeros probarían su valor enfrentándose con la bestia que guarda tesoros. El mismo rey Arturo es hijo de Uther Pendragon o, lo que es lo mismo, Uther, el matador de dragones.

La lucha contra el dragón es una ceremonia iniciática de acceso al Sí mismo. El héroe alcanza su centro cuando muere la bestia. El que posee los dones del dragón, el guerrero puro de corazón, accede a una nueva existencia.


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