Víctor Humareda Gallegos, el maestro del expresionismo peruano, dejó de existir, víctima de un cáncer a la laringe. Desde aquel día ya no volvió a recorrer esos lugares angustiantes para algunos, pero acogedores para él y su pintura. Esa Lima marginal que recorremos nuevamente buscando encontrar sus huellas.

Con un abrigo azul que casi siempre llevaba arrastrando, una corbata mal anudada, el cuello de su camisa siempre arriba, su tongo y bastón en mano, Humareda recorrió Tacora, el jirón Huatica, la Quinta Heeren, la calle Capón y los bares El Palermo, El Cordano y el mítico Cinco y Medio, en la carretera central. Todos estos lugares, refugios de los ‘marginales’ de nuestra Lima, los cuales quedaron reflejados en sus óleos con una sensibilidad extrema.

El Cinco y Medio

Con un lapicero, Humareda escribe en su libreta de notas: “Llévame al Cinco y Medio” o como le diría a su amigo y retratista Herman Schwarz: “Me voy al convento”. El hotel de Manuel Novella Trabanco, muy famoso en los años 60, estaba ubicado en el kilómetro cinco y medio de la Carretera Central. Fue allí donde Humareda encontraría a una prostituta llamada ‘Elizabeth’, a quién dicen amó profundamente con ternura y desesperación, y a la que ofreció pintarla desnuda, pero la mujer nunca aceptó.

En el 2008, el kilómetro del amor -como lo llamaría el novelista Gregorio Martínez- se ofreció al mejor postor, para convertirse en un respetable laboratorio de marca chilena.

Aunque ahora tenga una nueva fachada y parezca más una gran casa de la calle Santa Cecilia, a dos cuadras del puente Santa Anita, el recuerdo sigue vivo en la memoria de quienes alguna vez lo visitaron o lo escucharon, sino que lo diga un mototaxista de esta calle: “Yo la llevo al Cinco y Medio, ¿al hotel no?”.

El bar Palermo

Al otro lado de la ciudad, en el Centro de Lima, está el bar El Palermo, en la cuadra once de la avenida La Colmena, hoy Nicolás de Piérola. Lo imaginamos pidiendo lo de siempre, dos manzanillas, bebida que lo embriagaba de felicidad hasta hacerlo cantar, bailar y reír a grandes carcajadas.

Por su cercanía al Parque Universitario y a la casona de San Marcos, el establecimiento albergó en sus mesas a mucha gente intelectual y bohemia de las décadas del 50 y 60.

Hotel Lima

En la cuadra 25 de la avenida 28 de Julio en La Victoria, en pleno corazón de La Parada, se encontraba el Hotel Lima. Ahora no existen rastros de su presencia. Humareda lo llamaba “el castillo”, un hogar que compartió con su gran amor Marilyn Monroe. “Estoy casado con Marilyn Monroe. No tenemos hijos, vivo solo con ella en mi hotel. Nunca me habla ni yo la toco. Solo la contemplo, además es de papel”.

En esa habitación 283, a la que llegó un día de febrero de 1954, no entraba más que la cama, su lienzo, pinturas, afiches y el gran “Sillón Sócrates”, donde se despanzurraba a sus anchas para conversar con Van Gogh, Velásquez, Renoir, Goya, Doumier, Delacroix, Gauguin, Toulouse Lautrec y El Greco.

Ahora el hotel es parte del emporio comercial de Gamarra y la habitación 283 de puerta amarilla se pierde entre puestos de confecciones. Un barrendero de la calle me cuenta que “Está tal cual, bien cerrada, dicen que es patrimonio cultural, pero nadie viene a visitarlo” finaliza.

La Quinta Heeren

En sus últimos días, la Quinta Heeren le sirvió de inspiración, cuando su salud ya estaba resquebrajada. “La Quinta Heeren de noche” fue su última obra, la que terminó con ayuda de su amigo Mario. Ahora la quinta de Barrios Altos luce enrejada, con unos letreros que dicen propiedad privada, líneas más abajo, ingreso restringido.

“De afuera nomás puedes tomar la foto” dice uno de sus guardianes, quien también me cuenta que va ser reconstruida para convertirse en atractivo turístico, mientras tanto es utilizada como locación para las grabaciones de novelas nacionales.

El 21 de noviembre de 1986, Humareda dio su último respiro a las dos de la mañana en el Instituto Nacional de Enfermedades Neoplásicas. Fue más que un pintor de aspecto pintoresco y bohemio, fue un artista lleno de sentimiento y humana palpitación.

María Fernández Arribasplata


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