Patricia Caycho

Cuando Giselle regresó de la muerte para recuperar el amor de Albrecht, demostró que la pasión puede mover no solo montañas, sino también tumbas, como en el caso del famoso ballet estrenado en 1841. El romance ha sido siempre parte del mundo de la danza, tanto fuera como dentro del escenario.

Este es el caso de las dos primeras bailarinas del Ballet Nacional Rina Barrantes y Grace Cobian, quienes, entre contracturas musculares y ensayos extenuantes, se enamoraron de los bailarines cubanos Alfredo Ibáñez y Damián Villa, respectivamente.

GRACE Y DAMIÁN

En el 2010, Grace Cobian era primera bailarina del Ballet Municipal y él era el invitado estrella recién llegado de La Habana. La pasión de sus roles protagónicos se extendió pronto a la vida real. “La primera vez que bailamos juntos fue muy especial”, recuerda Damián. Grace agrega: “El ballet que estaba en esa temporada era ‘Cascanueces’, e hicimos un padedé final”. Se casaron en el 2012 y tres años después migraron al Ballet Nacional. Sobre la sinergia fundamental entre los dos, ella destaca: “Me encanta trabajar con Damián porque siento que tengo más confianza cuando bailo con él y también puedo exigirle más, aunque eso a veces cause problemas”.

RINA Y ALFREDO
En el escenario se fusionan el uno con el otro con la perfección de un reloj suizo tropicalizado, sin perder la delicada gracia que conduce de la mano al espectador a un mundo de intensas pasiones.

La de esta pareja de bailarines es una historia que pudo nunca haberse concretado. Se conocieron en el 2015, cuando él llegó al Ballet Nacional como invitado. Entre ensayos y funciones se enamoraron, y para el 2016 ya estaban casados, viviendo una complicidad tanto fuera como dentro del escenario.

Rina vivió la fragilidad de su profesión cuando en el 2007 sufrió una grave lesión en la rodilla izquierda que la alejó de la danza y estuvo a punto de truncar su carrera. Logró recuperarse y superarse a sí misma, y fue convocada por la entonces directora del Ballet Nacional Olga Shimasaki, dejando tiempo después el puesto para viajar a Nueva York, donde bailó en la reputada compañía Intermezzo Dance Company.

Unidos por el amor a la danza, estas parejas de bailarines demuestran que es posible embarcarse en un ‘pas de deux’ que los lleve de puntitas hasta el registro civil.

OTRAS HISTORIAS DE AMOR CON RITMO

El parnaso universal de los amores danzantes es también copioso. El de Baryshnikov con Geklsey Kirkland fue explosivo y escandaloso. Pero Baryshnikov no fue el único amante de Kirkland. En su autobiografía la diva cuenta que fue Patrick Bissell, también primer bailarín del American Ballet, quien la hizo caer aún más profundo en el mundo de las drogas. Entre 1980 y 1981 ambos fueron expulsados de la compañía debido a tardanzas y ausencias frecuentes.

Bissell, oriundo de Texas, era conocido como Tarzán debido a su tamaño y fortaleza. Sin embargo, la procesión iba por dentro. Su uso de drogas empezó a los 14 años y se agravó por la presión que sufrían los bailarines en el American Ballet, tal como lo cuenta Kirkland.

El bailarín murió por sobredosis en diciembre de 1987 en su casa de New Jersey.

SE INICIA LA TEMPORADA 2017

Grace, Damián, Rina y Alfredo, los protagonistas de esta nota, ensayan para el estreno de la primera temporada del año. Una muy especial, por cierto, pues es el aniversario 50 del Ballet Nacional. Se trata de la obra “Alicia”, una adaptación del cuento de Lewis Carroll “Alicia en el país de las maravillas”.

La temporada se estrena el 5 de mayo y promete llevar la magia de Carroll al escenario. Ambas parejas se turnarán los roles protagónicos a lo largo de las ocho funciones.


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