Max Liebermann, pintor del ocio de la alta burguesía alemana antes de la llegada del nazismo

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Partido de polo, óleo de Lierbemann pintado en 1903Private collection
Partido de polo, óleo de Lierbemann pintado en 1903Private collection

Hijo de un banquero, licenciado en Derecho y Filosofía, residente en el magno Liebermann Palais —aledaño a la simbólica Puerta de Bradenburgo, en la Plaza de París de Berlín—, influyente en la comunidad cultural hasta el punto de presidir la Academia de Bellas Artes de Prusia, amigo de Manet, primer alemán en pintar con modales impresionistas, retratista chic ante el cual posaba todo aquel que fuese algo a o aspirase a serlo —firmó el primer cuadro de Albert Einstein—… A Max Liebermann (1847-1935) no le faltaba nada.

Incluso tuvo la suerte —una amarga fortuna, pero que le salvó de males mayores— de morir, mientras dormía y en paz, cuando Hitler y sus chacales aún no se habían atrevido a ir a por él pese a la ascendencia judía del pintor. Lo habían apartado de la academia en 1933, prohibiéndole pintar y habían retirado sus obras de los museos, pero no se atrevían a llamarle degenerado ni mandarlo a la deportación o la muerte porque se trataba de una persona de enorme poder y muy moderado en sus planteamientos visuales. El, muy parco a la hora de tomar postura, se autoexilió en el silencio y el apartamiento voluntario.

La Gestapo tomando lista

Cuando falleció los diarios no dieron la noticia, ninguna autoridad gubernativa o académica comparació en el entierro en uno delos cementerios judíos de la capital alemana y tropas de la Gestapo hicieron listados con los asistentes, entre ellos algunos de los pocos artistas que todavía no se habían exiliado o no estaban ya entre los muchos detenidos y ajusticiados.

Peor suerte tuvo la mujer de Liebermann, Martha, que en 1943, a los 85 años y postrada tras un ataque al corazón, decidió suicidarse horas antes de que llegaran los soldados que la iban a internar, según le habían comunicado, en el campo de concentración de Theresienstadt, en territorio checoslovaco.

Promotor del modernismo

La posición e importancia de este artista, semiolvidado pese a tratarse de uno de los más influyentes promotores del modernismo en Berlín durante el Imperio Austrohúngaro y la República de Weimar —el fugaz y revuelto primer lapso de democracia en Alemania— queda de manifiesto otra vez en la exposición temática Max Leibermann: Vom Freizeitvergnügen zum modernen Sport (Max Leibermann: del ocio al deporte moderno), que se puede ver en la Kunstahalle de Bremen hasta el 26 de febrero de 2017.

La muestra confirma que Liebermann, interesado como su admirado Degas, por las formas de ocio de la alta burguesía fue el primer pintor alemán en mostrar el desarrollo social de ciertos deportes como formas de ocio, actividades recreativas y movimientos sociales. El pintor firmó obras basadas, sobre todo, en la equitación, el polo y el tenis, símbolos de distinción social en los primeros años del siglo XX, en un momento histórico de paz y bonanza económica que se irían al traste con la I Guerra Mundial. Unos años antes, a finales del XIX, Liebermann había pintado muchas escenas veraniegas en el Mar del Norte, donde firmó sus primeros óleos de jinetes a caballo.

‘Pintor de la fealdad’

Como en casi toda su obra, en los cuadros hay algo de reto personal, porque a Liebermann le gustaba ponerse a prueba técnicamente en cada obra. Las escenas de deportes juegan con el realismo y la percepción moderna y le llevaron a desencadenar alguna polémica sin pretenderlo al mostrar escenas poco idealistas para la época, lo que le valió el juicio de «pintor de la fealdad».


Fuente: https://www.20minutos.es/noticia/2870639/0/max-liebermann-pintor-ocio-alta-burgesia-alemania-antes-nazismo/

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