Lucian Freud, retrato al natural

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Lucian Freud en su estudio - ABC
Lucian Freud en su estudio - ABC

Pintor de la carne trémula, Lucian Freud fue aclamado en 1988 por Robert Hughes como «el mayor pintor realista vivo». Berlinés de nacimiento, falleció en Londres en 2011, tras siete décadas de incansable trabajo. Para él, la jubilación no era una opción. Trabajaba siete días a la semana, 365 días al año. Desde las ocho de la mañana a la una del mediodía y de las seis de la tarde hasta la madrugada. «Lo único que hizo en su vida fue pintar», advierte quien fuera durante los últimos veinte años su asistente, el pintor David Dawson. Le retrató en ocho ocasiones, fue su confidente y testigo privilegiado de su obsesiva forma de trabajar en su estudio de Notting Hill, que acabó heredando junto con una considerable cifra que, dicen, alcanzó los tres millones de libras. Hoy dirige el Archivo Lucian Freud, que gestiona los derechos de sus obras. Dawson visitó ayer Madrid para presentar la mayor monografía de Freud hasta la fecha (en dos volúmenes, con una tirada de 3.500 ejemplares y solo en inglés), que incluye ensayos del escritor Martin Gayford y publica Phaidon al precio de 475 euros. La presentación tuvo lugar en el Museo Thyssen. No es casual. Prepara una exposición de Freud para 2020.

Dawson fue una de las personas más cercanas al pintor en su última etapa y conoce todos sus secretos. Nos desvela algunos. Hacía retratos o solo de día o solo de noche. Tardaba una media de doce meses por retrato. «Miraba y miraba, tratando de capturar todas las emociones del modelo. Era muy exigente con su trabajo. Si no quedaba bien una obra, la destruía, aunque hubiera tardado un año», explica Dawson. Se ganó fama de huraño, pero tenía un gran sentido del humor. «Era la mejor compañía posible». Le obsesionaban las orejas y los pies, pero lo que más le gustaba pintar era la piel.

Sue Tilley, junto al retrato que le hizo Lucian Freud, «Benefits Supervisor Sleeping», en la National Portrait Gallery de Londres
Sue Tilley, junto al retrato que le hizo Lucian Freud, «Benefits Supervisor Sleeping», en la National Portrait Gallery de Londres – AFP

Sus modelos

Para él, la pintura estaba por encima de las personas. «Nos veía a todos como animales». Sólo retrataba a gente que le gustaba. Se negó a pintar a muchos. ¿Alguno quedó descontento? «Sí, un cliente de Nueva York. No le gustó el retrato y lo rompió». A su madre, Lucie, la pintó durante dos décadas, hasta su muerte. Le interesaban las huellas que deja el tiempo en el cuerpo. Sus gustos eran muy democráticos: vagabundos, delincuentes, un exboxeador que vendía periódicos en la calle, personas con orondos cuerpos como Leigh Bowery o Sue Tilley, reyes y aristócratas (el barón Thyssen, al que retrató dos veces, o el duque de Devonshire). A los 30 años conoce al también pintor Francis Bacon. «Fue éste quien le enseñó a convertirse en un gran artista, a poner volumen en su pintura», comenta Dawson. ¿Por qué acabó aquella amistad? «Durante muchos años se vieron a diario. Al final, Lucian no valoraba las obras tardías de Francis, pensaba que no tenían la fuerza de su trabajo de juventud».

Creía que lo importante para pintar no era la inteligencia, sino la emoción y la intuición, así como la habilidad para transmitirlas. Detestaba la obra de artistas como Leonardo, Botticelli y Vermeer, por su forma de mostrar la belleza, que anteponían a la verdad. Fue, dice Dawson, un artista de una gran honestidad, tan implacable con sus modelos como consigo mismo. Son célebres las maratonianas sesiones de posado a las que los sometía. A Freud le gustaba conversar con ellos. Algunos, como Harold Pinter, acabaron huyendo. Ser modelo de Lucian Freud consumía mucho tiempo y energía. Era una experiencia demasiada intensa. Mientras pintaba uno de los retratos de Dawson, éste tomó la cámara y le grabó.

Isabel II posando para un retrato que le estaba haciendo Lucian Freud
Isabel II posando para un retrato que le estaba haciendo Lucian Freud – ABC

Isabel II y Diana de Gales

Confiesa Dawson que, pese a ser presionado para pintar un retrato de la Princesa Diana, Lucian Freud nunca lo hizo. Su imagen era tan fuerte, tan poderosa, que no podía llegar a la persona real. Sí hizo, en cambio, el de la Reina Isabel II. Posó para él en diecinueve sesiones de dos horas en el Palacio de Saint James. ¿Fue muy tenso?«No, hubo una relación muy fluida. Tenían casi la misma edad y una afición común, los caballos. A Lucian le caía muy bien la Reina. Le fascinaba la posición que ocupaba. Por eso insistió en que posara con corona. Eso sí, fue ella quien la eligió». ¿Sabe si le gustó el retrato a la Reina?«Nunca dijo nada». ¿Dónde está?«En la Colección Real». ¿Fue Isabel II quien decidió que solo fuera un retrato de la cabeza? «Dado lo despacio que pintaba, se acordó que fuera un cuadro pequeño».

También posaron para él, esta vez sin ropa y embarazadas, celebridades como Jerry Hall y Kate Moss. Aesta última incluso le hizo un diseño (dos golondrinas) para un tatuaje, que la modelo luce donde la espalda pierde su nombre. Uno de los mayores logros de Freud, según Martin Gayford, fue «representar el cuerpo humano de maneras nunca vistas o imaginadas antes. Sientes que nunca has visto a nadie tan desnudo, tan expuesto. Le dio a la palabra desnudo un nuevo significado». Con los años se volvió cada vez más libre y audaz.

Francis Bacon (izquierda) y Lucian Freud, cuando aún eran amigos
Francis Bacon (izquierda) y Lucian Freud, cuando aún eran amigos – ABC

Psicoanálisis y mujeres

Ávido lector de novelas de Flaubert y Henry James, fue definido como «el Ingres del existencialismo». Pero, en realidad, explica Dawson, nunca le interesó el psicoanálisis que inventó su abuelo, Sigmund Freud (le quería mucho pero no seguía sus doctrinas). Tampoco el judaísmo:«Siempre se definió un judío secular, no religioso».

Mujeriego y apasionado, cuenta la leyenda que tuvo más de 500 amantes. Lo que sí está certificado es que reconoció a 14 hijos que tuvo con seis mujeres. Dos con su primera esposa, Kitty Garman Epstein. El resto con algunas de sus amantes: Bernardine Coverley, Suzy Boyt, Katherine McAdam… Con su segunda esposa, Caroline Blackwood, no tuvo descendencia. No debía ser un tipo fácil. Un día llegó al estudio con un ojo morado y sangrando. Se había peleado con un taxista. No recordaba por qué. Fruto de aquel suceso nació «Autorretrato con ojo negro».

«Las Meninas» era su cuadro favorito. En 2010 vino al Prado solo para verlo. «Por la tarde regresó a Londres para seguir pintando», recuerda Dawson. Además de Velázquez, también le gustaban Rembrandt, Courbet, Chardin… Lucian Freud pintó unos 500 cuadros en siete décadas. Los vendió todos en vida. El último, inacabado, un retrato de David Dawson con su perro. Dos días antes de morir dio unas pinceladas a la oreja del perro. Fueron las últimas. Freud está enterrado en el cementerio de Highgate de Londres. En la tumba de al lado está otro genio, George Michael.


Fuente: https://www.abc.es/cultura/arte/abci-lucian-freud-retrato-natural-201811150247_noticia.html

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