El claroscuro

0
345
Michelangelo Merisi da Caravaggio, 1571 - 1610 The Supper at Emmaus 1601
Michelangelo Merisi da Caravaggio, 1571 - 1610 The Supper at Emmaus 1601

¿Qué fue sino claridad que cuando más encendida fue amatada? (Jorge Manrique)

Luz y sombras, claridad y tinieblas, luz conceptual y luz real, realidad amable y realidad dramática… esto es el claroscuro.


El naturalismo de Caravaggio introdujo en la composición pictórica la dialéctica entre la luz y la sombra. Para el pintor, lombardo de nacimiento y romano de adopción, el foco lumínico artificial le servía para potenciar su mensaje plástico. En su Cena de Emaús la luz dibuja a los personajes y se torna conceptual al potenciar el mensaje. Cristo resucitado se da a conocer a unos sorprendidos discípulos a través de la Eucaristía: Hic corpus meus est. La luz incide en el pan bendecido y revierte sobre las figuras transformada en luz divina.


Diego Velázquez: «Cristo en casa de Marta y María» (1619-20). Londres, National Gallery
Diego Velázquez: «Cristo en casa de Marta y María» (1619-20). Londres, National Gallery

Velázquez, en su etapa sevillana, especula con el espacio y la luz en su conocida y paradigmática obra Cristo en casa de Marta y María, más una escena de género que una obra religiosa. Según las propias palabras de Jesús, María simboliza la vida contemplativa frente a Marta, que es la vida activa. María es la luz, la pureza de la contemplación no contaminada por la realidad del mundo. Un claroscuro lleno de intención marca la laboriosidad de Marta en primer plano y sutilmente nos introduce en una estancia llena de luz abierta en un segundo término en la que Cristo se dirige complaciente a la estática y contemplativa María. El Ora y el Labora se funden en un todo lleno de contenido didáctico.


Pedro-Pablo Rubens (1577-1640): El Descendimiento de la Cruz (1610-14). Catedral de Ambres.
Pedro-Pablo Rubens (1577-1640): El Descendimiento de la Cruz (1610-14). Catedral de Ambres.

Rubens nos presenta a Cristo, que a través de su sacrificio en la cruz nos redime del pecado original, macula, mancha, sombra, no-luz. En su Descendimiento, tabla central del tríptico de la Catedral de Amberes, nos ofrece a través de una iluminación centrada en el cuerpo muerto de Cristo la visión de la redención. Y ¿qué es la redención sino la liberación del pecado original (oscuridad) mediante la máxima caridad del sacrifico (la luz de la Salvación)?


Pedro-Pablo Rubens (1577-1640): Lucha de san Jorge con el dragón (1606-10).Madrid, Museo del Prado.
Pedro-Pablo Rubens (1577-1640): Lucha de san Jorge con el dragón (1606-10).Madrid, Museo del Prado.

Encontramos idéntica antinomia en su Lucha de San Jorge con el dragón -fiel correlato de Perseo liberando a Andrómeda-: el esforzado caballero representa la victoria del bien contra el mal, de la luz sobre las tinieblas, del arcángel san Miguel sobre Lucifer. Qué gran contradicción que la representación del mal sea Lucifer, el «portador de la luz», aquel a quien Isaías (cap. 14, v. 12 y ss) dedica estos versos: «Cómo has caído del cielo, lucero hijo de la Aurora?»


José de Ribera: San Sebastián curado por las santas mujeres (c. 1621). Bilbao, Museo de Bellas Artes
José de Ribera: San Sebastián curado por las santas mujeres (c. 1621). Bilbao, Museo de Bellas Artes

El claroscuro, en su acepción religiosa, tiene diversa solución y sentido en la época del Barroco. Desde Ribera a Murillo las tinieblas se tornan luz. Así, el pintor de Játiva, en el primer tercio del siglo XVII, abunda en el tenebrismo como elemento plástico potenciador del drama representado. En su San Sebastián, lacerado y asistido por santa Irene y su criada Lucila, utiliza una potente luz que realza, enfatiza y monumentaliza la imagen del santo que se convierte en imagen del héroe cristiano, en la luz a seguir.


Bartolomé Esteban Murillo (1617-1682): La Virgen del Rosario (1650-55). Madrid, Museo del Prado.
Bartolomé Esteban Murillo (1617-1682): La Virgen del Rosario (1650-55). Madrid, Museo del Prado.

Por su parte, en el segundo tercio del siglo XVII, el hispalense Murillo crea una atmósfera de luz no exenta de tonos oscuros en su Virgen del Rosario. Sin embargo, lo que prima en esta representación es una luz amable que potencia la afable devoción del tema.


La realidad cotidiana en su aspecto burgués e institucional juega con la luz y la sombra, acentuando en el primero de los casos la luminosidad frente a la oscuridad. Así, el holandés Frans Hals en su Joven con laúd nos quiere transmitir la alegría de vivir en relación a los sentidos del hombre: la música respecto al oído, y el vaso volcado al tacto y al gusto ya satisfechos.


Asimismo, Nichoales Maes en su cotidiana representación de Vieja haciendo encaje en una cocina, clara relación con el sentido de la vista, nos sigue ofreciendo una luminosidad intrínseca al tema representado.


Abraham Mignon (1640-1679): Bodegón de fruta (1675). Londres, National Gallery
Abraham Mignon (1640-1679): Bodegón de fruta (1675). Londres, National Gallery

En un sentido opuesto, es decir, la sombra dominante, Abraham Mignon en su Bodegón de fruta nos muestra el rápido devenir de la belleza a la decrepitud: de la luz a la sombra, de la vida a la muerte. Las flores como memento mori, como símbolo de las vanidades terrenales, son en sí mismas un claroscuro que cada vez se trona más tenebrista a pesar de su brillante inicio.


Rembrandt (1606-1669): La ronda de noche (1642). Amsterdam, Rijsmuseum.
Rembrandt (1606-1669): La ronda de noche (1642). Amsterdam, Rijsmuseum.

Rembrandt ama la luz natural. Su conocida Ronda de noche viene a significar el paso de la oscuridad, sólo rota por la artificialidad de la luz de un fanal, a la luz que al despuntar el alba nos trae Febo en el carro de la Aurora.


Finalmente, el claroscuro, en su más trágico conceptualismo, acentúa el dramatismo del tema. Y Goya lo consigue en su representación del Lazarillo de Tormes.


Fuente: https://www.almendron.com/artehistoria/arte/pintura/la-luz-en-la-pintura/el-claroscuro/

Dejar respuesta

shares