Jan Brueghel ‘El Viejo’ y los secretos ‘ocultos’ en su obra

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Jan Brueghel ‘El Viejo’ y los secretos ‘ocultos’ en su obra El cuadro de Jan Brueghel 'El Viejo' sale a subasta el próximo 6 de julio (Christie's)
Jan Brueghel ‘El Viejo’ y los secretos ‘ocultos’ en su obra El cuadro de Jan Brueghel 'El Viejo' sale a subasta el próximo 6 de julio (Christie's)

El cuadro costumbrista sobre un grupo de personas danzando cerca de un río incluye una variedad de ideas más sutiles que abarcan creencias políticas y religiosas


Jan Brueghel el Viejo fue uno de los pintores más prominentes de la escuela Flamenca. Hijo de Pieter Brueghel el Viejo y nieto de Pieter Coecke y de la famosa miniaturista Mayken Verhulst, el artista de Amberes -donde desarrolló casi toda su carrera- se especializó en detallados paisajes y naturalezas muertas.

Su habilidad con el pincel, la finura de su trazo, la composición detallada y su técnica elegante le valieron el sobrenombre de “terciopelo” entre sus contemporáneos. En su taller se formó su buen amigo Pieter Paul Rubens, que incluso fue el padrino de la hija de Brueghel.

En el taller de Brueghel se formó su buen amigo Pieter Paul Rubens, que incluso fue padrino de su hija

En 1616, el pintor de Amberes creó uno de sus habituales paisajes rurales, Figures dancing on the bank of a river (Personas danzando en la orilla de un río), mientras estaba en la corte de Alberto VII, archiduques de Austria y soberano de los Países Bajos.

El cuadro, que sale a subasta en la casa Christie’s el próximo 6 de julio dentro de un lote denominado Viejos Maestros, muestra un paisaje fluvial con figuras bailando, conversando y haciendo negocios diarios en una evocación de la vida campestre. La pintura, como es habitual en muchas de las creaciones de la escuela flamenca del siglo XVII, incluye una variedad de ideas más sutiles que abarcan creencias políticas, religiosas y personales.

En 1616, el pintor de Amberes creó uno de sus habituales paisajes rurales, Figures dancing on the bank of a river

Brueghel ideó esta tela en una época de estabilidad política gracias a la tregua entre las provincias protestantes del norte de Holanda y los territorios católicos del sur controlados por España. Y tuvo la ocurrencia de incluir un autorretrato con su esposa y su familia en la parte inferior derecha.

Jan Brueghel es la figura vestida de negro que está más a la izquierda. El resto de figuras se reconocen gracias a un cuadro pintado un año antes por Rubens en la que aparecen Catharina, segunda esposa de Jan, y los dos hijos del matrimonio, Pieter y Elisabeth. Brueghel sólo incluyó tres autorretratos en sus paisajes.

La familia de Jan Brueghel 'El Viejo'
La familia de Jan Brueghel ‘El Viejo’ (Christie’s)

Que el artista aparezca vestido de negro no es una decisión casual. Brueghel no quería mostrarse como un pintor, sino que quería aparecer como un caballero rico. La decisión entra dentro de una tendencia creciente en esa época, cuando los pintores empezaron a presentarse como figuras intelectuales para elevar su estatus, alejándose de la imagen de simples artesanos.

La atención del artista por los detalles queda plasmada en la representación miniaturista de plantas, árboles y hojas. Pero esta composición no es casual. Muestra cómo la contrarreforma católica cambió la cosmovisión de Jan Brueghel, creyendo que el mundo natural era el reflejo de Dios y que la representación tan delicada de la naturaleza era un paso más para apreciar todos los elementos de la creación.

Una advertencia contra el exceso -condenado por la Iglesia- es la que deja plasmada el pintor con la escena en la que una mujer está bailando y deja a la vista una prominente bolsa llena de dinero. Dos hombres se dan rápidamente cuenta y se acercan a bailar con ella, sugiriendo aquel antiguo proverbio británico que reza: ”Un tonto y su dinero pronto se separan”.

Una mujer, bailando con dos hombres, deja su bolsa del dinero al descubierto
Una mujer, bailando con dos hombres, deja su bolsa del dinero al descubierto (Christie’s)

La pintura también muestra a un pescador con sombrero azul que presenta su captura a un grupo de clientes. Los pescadores, según el análisis de los expertos consultados por Christie’s, se vinculaban popularmente con las palabras de Jesús a los apóstoles, registradas en el Evangelio de San Mateo, donde les pedía que fueran “pescadores de hombres” para la Iglesia.

Los peces muertos en primer plano, yuxtapuestos a los que están vivos dentro del agua, simbolizan la transitoriedad y la fragilidad de la existencia y, por tanto, recuerdan al espectador la importancia de llevar una vida moral. También tiene un trasfondo religioso el mendigo que pide limosna con su gorra ante unos jinetes mientras la multitud no le presta la más mínima atención, desoyendo su deber cristiano.

Un mendigo, al frente de los caballos pidiendo limosna con el sombrero
Un mendigo, al frente de los caballos pidiendo limosna con el sombrero (Christie’s)

Una metáfora del “viaje de la vida” es el camino sinuoso que conduce hasta la iglesia, una composición común en la obra de Brueghel. El pintor creó varios paisajes fluviales y todos ellos suelen estar poblados por aldeanos que van calmadamente a trabajar. Estos tipos de pinturas eran muy populares entre sus clientes, aunque se apunta que el artista podía transmitir cierto mensaje político.

Con la tregua de los Doce Años, firmada en 1609 entre España y las provincias unidas de los Países Bajos y que suponía un pequeño ‘descanso’ en la guerra de los Ochenta Años entre los neerlandeses y el imperio español, las tierras previamente abandonadas en el sur fueron reclamadas. Como resultado, la agricultura y la economía rural florecieron de nuevo. Por eso se interpreta que las escenas reflejadas por Jan Brueghel servían para recordar a los patrones la estabilidad en los Países Bajos meridionales.

El 'viaje de la vida' acaba en la iglesia al final del camino
El ‘viaje de la vida’ acaba en la iglesia al final del camino (Christie’s)

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