El Hiperrealismo, el nuevo rol del realista y su supervivencia y adaptación a la era post-histórica del arte y la estética

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Por Jesús Sordo Medina | 2012-07-25

Desde el punto de vista técnico, uno de los rasgos que mejor definen al hiperrealismo es el trabajo minucioso del artista para conseguir un acabado limpio y cuidado y representar la realidad lo más fielmente posible en cuanto a la luz y el color, evitando dejar cualquier rastro del pincel.

¿Qué es Hiperrealismo? El movimiento hiperrealista al que también se ha definido como realismo fotográfico (fotorealismo) o superrealismo, aunque existen diferencias entre estas narrativas contemporáneas, surgió justamente en la época post-histórica del arte o muerte del mismo, si nos afiliamos a la teoría del filósofo Arhur C. Danto, por lo que es contemporáneo al arte pop al que le unen, desde el punto de vista artístico y estético, diversos lazos. El más importante, y que define a ambos, es el hecho de que recoge el interés de artista y espectador por temas relativos a la sociedad de consumo, la de los años 60 del siglo pasado, en continuo cambio hacia la democratización del arte y su inclusión en la sociedad de mercado. En el caso del hiperrealismo, que también recoge lo más cotidiano de la sociedad al igual que el arte pop, se añade un toque de ironía a las obras realizadas que parten de la fotografía y su traducción literal al lienzo con el añadido, como decíamos, de este tono que lo desfigura un tanto del relato real.

Desde otro punto de vista y considerando el hecho de que el hiperrealismo también está relacionado con la narrativa realista clásica como una de sus evoluciones, hay que decir que esta nueva forma de mostrar la realidad es más radical que el propio realismo y toma, a veces, como modelo pictórico la fotografía, y no la propia realidad. De ahí que también que se relacione íntimamente a este movimiento artístico con el fotorealismo.

En relación a la nueva actitud del artista en los años 60 del siglo pasado, y en concreto al pintor realista, cabe decir que éste, debido a la impronta del arte abstracto, había sido reducido casi a la nada en el museo contemporáneo. Así, el autor realista tuvo que evolucionar para no quedarse recluido en el cuarto trastero de la sala de exposiciones. Los realistas que abandonaron lo clásica, cambiaron de forma radical, asumiendo por un lado la narrativa clásica realista a la que se sumó el hecho libertario que se estaba fraguando en el mundo del arte de su tiempo. Una mezcla, hay que decir, que aunque ha ido superando el cada vez más complejo y diverso museo artístico, no ha tenido un eco a la altura de los artistas afiliados a esta corriente. De hecho, se considera una narrativa menor que no aparece en lamyoría de los libros historiográficos del arte. Esto puede tener una explicación en la propia naturaleza del movimiento post-histórico. Si en los siglos anteriores una sola narrativa dominaba el mundo del arte, con la llegada de los movimientos modernista y contemporáneo, aparecen una multitud de nuevas narrativas, a veces evolución de relatos anteriores otras veces mezclas de estos. La nueva situación favorece al espectador y al propio artista que puede dar rienda suelta a su creatividad y desembarazarse de la rigidez de lo clásico, pero multiplica el trabajo del filósofo estético y del crítico, que deben ahora categorizar artísticamente todas estas expresiones creando un nicho para cada una de ellas. Es posible que el hiperrealismo, o mejor dicho el mundo de la crítica y la estética en torno a éste, no encontrara en un primer momento una sala del museo donde ubicar al hiperrealismo, algo que ha cambiado en los últimos años y muchas obras hiperrealistas son protagonistas de exposiciones permanentes o transitorias en las salas artísticas más importantes del mundo.

Como decíamos antes, el arte pop parece ser quién le da ese toque irónico a la obra. Ya desde 1920 había artistas, como Charles Sheeler (fotógrafo y pintor), que utilizaban la fotografía como modelo para reproducirla fielmente, incluso intentando mejorar las carencias que este nuevo soporte visual, la fotografía, podía contener para conseguir rescatar en toda su plenitud su aura benjamiano. Fue entonces cuando la combinación de tres elementos (el propio relato realista clásico, el soporte fotográfico y la tendencia pop), quienes crearon el hiperrealismo en los años 60.

Desde el punto de vista técnico, uno de los rasgos que mejor definen al hiperrealismo es el trabajo minucioso del artista para conseguir un acabado limpio y cuidado y representar la realidad lo más fielmente posible en cuanto a la luz y el color, evitando dejar cualquier rastro del pincel. Habíamos dicho antes que en el arte hiperrealista también se añade la ironía o distorsión de la realidad, a lo que hay que añadir que también en esta corriente se tiende a reproducir el detalle a gran escala lo que le da a la obra un toque más, esta vez de tipo abstracto. Pese a todo, en estas formas de hiperrealismo el trabajo minucioso y la intención de hacer desaparecer el pincel de la obra es común a todos los trabajos, algo que hereda del realismo clásico.

Hiperrealismo y estética

En cuanto a lo que concierne a la estética, entendida como una forma de cognición de la realidad a la que se llega a través de la sensibilidad y las capacidades sensoriales, el hiperrealista concibe su obra a través de una idea, que no deja de ser una interpretación de la realidad. Tras esto, los que utilizan la fotografía como modelo pictórico, recogen esa realidad tamizaba por su capacidad estética (enfoque de la foto, color, luz, etc.), es decir desde un yo cartesiano. Finalmente, el artista, con la constante minuciosidad que define al hiperrealismo, traslada al texto artístico su idea condicionada primero por su capacidad cognitiva individual y luego por el soporte fotográfico. En este sentido, desde el campo de la estética, se podría argumentar que el hiperrealismo no es tan realista como realmente propone y este tipo de corriente es entonces un relato artístico influido por el arte pop y no tanto por el realismo. También, y según algunas de las obras calificadas de hiperrealistas, podemos encontrar guiños al surrealismo, esta vez desde una posición subjetiva-cognitiva consciente pero con la misma intención de hacer desaparecer de la obra el pincel.

Volviendo a la relación del hiperrealismo con la narrativa realista, podríamos convenir que, pese a todas las derivaciones y experimentos artísticos que le unen a este o aquel relato artístico, es en su metodología de trabajo, minucioso y detallista que quiere ocultar el pincel, donde se encuentra la herencia más clara de la narrativa realista y lo que da al término hiperrealismo coherencia artística.

Hiperrealismo como copismo: apropiacionismo y originalidad

En la era post-histórica, entre otros debates, se inicia la dialéctica entre apropiacionismo y originalidad. Es decir, entre nuevos relatos que aportan nuevas tendencias diferenciadas de los relatos anteriores o apropiaciones por parte de las nuevas narrativas de lo ya dicho pero que provocan intranquilidad en el espectador. En este sentido, el hiperrealismo pudiera considerarse un manifiesto cercano al copismo, tendencia que buscar darle una nueva dimensión a una obra o imagen original, sustituyendo su significación original por otra nueva e influenciada por los cambios en la sociedad de momento, o provocando en ella esos cambios.

En el amplio abanico de obras hiperrealistas hay sin duda un trabajo de copia de la realidad utilizando, sobre todo, la fotografía para eliminar la significación de la misma, es decir vaciarlas de sus connotaciones que le dan ese carácter significativo. Y decimos “eliminar” porque, por ejemplo, la aplicación de la ironía a las obras hiperrealistas pudiera anular la significación original de la imagen para darle otra nueva significación. De este modo, podríamos convenir, por un lado, que el hiperrealismo se apropia de imágenes originales, y por otro, que existe originalidad en las nuevas connotaciones o significados que aporta a la obra original. Así, la muerte de la originalidad de una obra al ser copiada, encuentra un hilo de vida en la originalidad del nuevo significado que logra provocar en el espectador algo de excitación.

Los hiperrealistas y el arte pop

Siguiendo la reflexión del párrafo anterior y en relación al hiperrealismo y el arte pop, este nuevo paradigma artístico, sufrió las críticas del manifiesto clásico a las que logró sobrevivir y, aún más, casi condenar al ostracismo, a veces de forma consciente, otras, de soslayo. En cualquier caso, el arte pop, que según muchos autores da cabida al hiperrealismo, se apropia en ocasiones de muchas obras y contextos originales, pero es en la nueva forma de representarlos donde se haya su originalidad. Una nueva caverna artística que no desecha ningún contenido que la sociedad pueda ofrecer. De hecho el arte pop y el hiperrealismo toman como temas principales para sus obras paisajes urbanos, escaparates, automóviles, motocicletas y demás objetos de consumo en la sociedad del momento. Para los que piensan que el hiperrealismo es sucesor del arte pop, dado que nacen en la misma época, tal vez sea más apropiado pensar que el hiperrealismo ha sobrevivido mejor al discurrir del tempo artístico de la era post-histórica que lo ha hecho el arte pop entendido como la impronta artística iniciada en los años sesenta del siglo pasado y liderada, entre otros, por Andy Warhol. Lo que si es cierto es que el hiperrealismo reemplaza el objeto arte del pop por un objeto idea. Como decíamos párrafos mas arriba, la misión del hiperrealista no es la de reproducir la realidad directamente, como hace el pop, sino hacerlo a través de la fotografía con la mirada del fotógrafo, con su idea de la realidad condicionada por el enfoque, la luz y el color que el artista quiera destacar. Autores como el norteamericano Malcolm Morley corroboran esta reflexión al menos en el mundo de la pintura.

Así, el hiperrealismo posee su fortaleza no tanto en el contenido de lo que muestra sino en el método usado para mostrarlo, que toca de lleno en el espacio de representación del propio artista. No obstante, la libertad de movimientos del hiperrealista comparado con el artista pop, en cuanto al desarrollo de la propia obra es más limitada, ya que el primero se debe a la meticulosidad del realismo mientras que el segundo tiene casi carta blanca a la hora de coger el pincel.

Situación actual

Como decíamos anteriormente, al hiperrealismo le ha costado sobrevivir en el nuevo paradigma artístico, primero al ser arrinconado por el arte abstracto y luego por no ser considerado un arte mayor por la crítica. No obstante, autores como John Salt, Robert Bechtle, Ralph Goings, Malcolm Morley o Don Eddy en un principio y otros como el español Antonio López (Premio Príncipe de Asturias) en las tres últimas décadas, a base de mucho trabajo y casi una fe inquebrantable en este tipo de arte, el hiperrealismo han hecho algo más que sobrevivir al azaroso relato artístico de los últimos cincuenta años. Ha evolucionado agregando nuevas generaciones artísticas para ocupar definitivamente un espacio bien merecido en el terreno del arte.

“Hay arte abstracto malo y bueno” (1), de lo que se infiere que también hay realismo, arte pop, surrealismo y otras tendencias que pueden ofrecer obras malas y buenas, por lo que podemos concluir que es el trabajo lo que define la calidad de cada uno de los relatos artísticos.

El hiperrealismo (y las artes en general) y las nuevas tecnologías

Cuando hablamos de la relación entre las artes en general y las nuevas tecnologías, aunque todavía no podamos olvidarnos de la era analógica (fotografía de carrete, por ejemplo), debemos centrarnos en la digital y electrónica para poder evaluar su impacto en el terreno del arte. Es muy comprensible y respetable que la romántica lectura de un grueso libro alrededor de fuego todavía posea esa aura que promueve ideológicamente el relato clásico, pero la irrupción del software de diseño gráfico y audiovisual y la propia red (Internet) nos lleva a una nueva era post-post-histórica, no contemplada por los iniciadores del movimiento pop y sus contemporáneos. Es decir, ¿es posible sentir la intranquilidad que produce el hiperrealismo irónico en la muestra de sus cuadros a través de la web? ¿Se produce la misma compasión leyendo el Oliver Twist de Dickens en una Tablet? Creo que no estamos aún en disposición de evaluar con totales garantías de éxito si la era tecnológica y virtual sera capaz de continuar el arte o éste, entendido bajo el rigor del antiguo manifiesto, ha muerto definidamente. Lo que si que podemos asegurar, es que durante la última década y media, tenemos la suerte de vivir un tiempo similar, en cuanto al arte se refiere, a la era post-histórica que Danto confiesa haber vivido en los años sesenta del siglo pasado y donde un Warhol se vuelve clásico ante un meticulosa y trabajado exposición artística en formato multimedia.

Notas

(1) ARTHUR C. DANTO, Después del fin del arte, el arte contemporáneo y el linde de la historia, Paídos Ibérica, Madrid, 1999, pp 174.

Bibliografía

ARTHUR C. DANTO, Después del fin del arte, el arte contemporáneo y el linde de la historia, Paídos Ibérica, Madrid, 1999, pp 174.

Internet:

http://www.HYPERREALISM.net

Fuente: http://www.homohominisacrares.net/php/articulos.php?num_revista=17&cod_articulo=141

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