Un siglo sin Gustav Klimt, el pintor por el que ansiaban desnudarse las mujeres

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Pocos conocen el rostro de Gustav Klimt, su imagen ha sido siempre representada a través de su arte. Aquellos que han escrito sobre él afirman que la tarea de relatar la vida de este artista es terriblemente complicada, no por sus extensos registros personales sino más bien por lo contrario: la carencia de documentos que o bien hablen de su actitud sobre lo que hacía o bien describan la esencia de su trabajo. Algunos argumentarán que la falta de información sobre Klimt no tiene importancia: su arte hablará por él.

En 1918, el año de la muerte de este pintor, la pintura abstracta había echado raíces en toda Europa y, tanto el dadaísmo como el constructivismo, habían debilitado y casi desintegrado todos los cimientos sobre arte alzados hasta el momento. Podemos decir que estos estilos o movimientos son dueños de la esencia del modernismo, por lo cual la obra de Gustav Klimt no puede ser descrita como moderna. Por desgracia esto hizo que su influencia fuera limitada y que el desarrollo de la pintura a posteriori no contara con el significado que su obra obtendría mucho tiempo después.

El famosísimo retrato de Adele Bloch-Bauer realizaco por Gustav Klimt en el año 1907
El famosísimo retrato de Adele Bloch-Bauer realizaco por Gustav Klimt en el año 1907 (Gustav Klimt / Gustav Klimt)

Frank Whitford, autor del libro Klimt explica, al comienzo de su relato que “el arte de Klimt, en su contradicción y compromiso, refleja algo de la naturaleza en la cual y para la cual fue realizado” y puntualiza: “Es también casi la única guía para la personalidad del propio artista. Klimt no era aficionado a las palabras. Raramente hablaba de su obra, nunca describía sus intenciones artísticas, no llevaba un diario y escribió pocas cartas. Prefería comunicarse con la gente por teléfono”.

Como esta descripción existen muchas otras que intentan darle forma al pensamiento del artista pero, además de su obra pictórica, Klimt escribió un pequeño texto que se titula Comentario sobre un autorretrato inexistente, donde habla de lo “poco interesado” que está en sí mismo: “Estoy convencido de que no soy una persona particularmente interesante. Soy un pintor que pinta día tras día desde la mañana hasta la noche (…) Quien quiera saber algo de mí debe observar atentamente mis cuadros y tratar de ver en ellos lo que soy y lo que quiero hacer”.

Quien quiera saber algo de mí debe observar atentamente mis cuadros y tratar de ver en ellos lo que soy y lo que quiero hacer”

Sus palabras dictaban algo que, en todo su recorrido como artista, el entorno nunca terminó de entender, sobre todo porque era impresionante el contraste tan grande que existía entre la refinada calidad de sus obras y sus modales francos, directos y hasta rudos, marcados por un acento vienés que acompañaba con su -a veces ordinario- sentido del humor. Se ve que, en aquel momento ambos aspectos no podían ir de la mano.

Klimt era un artista entregado a su trabajo, despreocupado por las opiniones que los demás tuvieran sobre su obra y más aún sobre su persona: “Temprano todas las mañanas desayunaba en el Café Tívoli en Schönbrunn (Austria), desde donde tomaba un carruaje hasta su estudio. Allí trabajaba en compañía de muchos gatos y varias modelos (…) Nunca se tomó un descanso para almorzar”. Así describe Whitford en su libro, un día en el rutina de Klimt.

'Dánae', obra del pintor Gustav Klimt, 1907-1908. La imagen transforma el mito de la fecundación de Dánae por Júpiter en una descripción de éxtsis orgásmico
‘Dánae’, obra del pintor Gustav Klimt, 1907-1908. La imagen transforma el mito de la fecundación de Dánae por Júpiter en una descripción de éxtsis orgásmico (Klimt)

Si tuviéramos que poner palabras a sus obras o bien describir cuáles son las principales características que las definen, serían necesarias muchas más hojas. Sin embargo es posible concretar algunas de ellas: Gustav Klimt tardaba meses en acabar sus obras, sobre todo si se trataba de encargos mayores. El tiempo lo utilizaba en trabajar la elaborada y complicada técnica de colocar pan de oro y pan de plata junto a la creación de intrincados motivos decorativos en bajo relieve con yeso.

Cuando su obra empezó a madurar se caracterizó por la pintura de oro que mezclaba imágenes clásicas con toques orientales, aparecieron los dibujos planos protagonizados, casi siempre, por mujeres de rostros severos en eróticas posturas que marcaban los contornos curvos y descansaban, resultando siempre en una figura femenina potente. La pintura de Klimt irritó a casi todas las facciones ideológicas de Viena: los académicos encontraron el simbolismo demasiado vago y los católicos se ofendieron por los desnudos.

Imagen de un dibujo de Gustav Klimt en una exposición titulada 'Mujeres de Klimt'. Sala de exposición de la Fundación Once
Imagen de un dibujo de Gustav Klimt en una exposición titulada ‘Mujeres de Klimt’. Sala de exposición de la Fundación Once (Dani Duch)

Si el autor quería que se le reconociera por su arte bien podemos decir que, si hay algo que lo describe, es un poderoso apetito sexual que nunca descansaba. En aquel momento la pornografía era una industria muy grande. Los hombres recurrían a las prostitutas; seducían a muchachas jóvenes de la clase obrera y mantenían amantes.

La mujer como objeto sexual es uno de los principales temas de Klimt, Whitford escribe en su libro que “el artista hizo cientos de dibujos en los cuales mujeres desnudas o a medio vestir aparecían tumbadas en sofás o camas presentando sus cuerpos de manera incitante al espectador. Una especie de voyeur que en aquel instante (capturado por un lápiz) no era nadie más que Gustav Klimt”.

Tres dibujos obra de Gustav Klimt en el que aparecen tres mujeres con una postura erótica. Todos entre el año 1908 y 1912
Tres dibujos obra de Gustav Klimt en el que aparecen tres mujeres con una postura erótica. Todos entre el año 1908 y 1912 (LVD – Klimt)

En el espacio creativo de Klimt siempre había dos o tres modelos a su disposición. Cuando no estaban siendo dibujadas, paseaban por allí desnudas o en ropa interior. “Klimt se acostó con varias de sus modelos (…) Los dibujos de las mujeres excitadas dan una imagen clara de la actitud del artista hacia la sexualidad. Además su reputación como mujeriego estaba muy generalizada, las jóvenes envidiaban a Adele Bloch-Bauer, una de las pocas amantes del artista reconocida públicamente”.

Modelos, una lavandera, prostitutas… Después de la muerte de Gustav Klimt nada menos que catorce personas anunciaron que eran hijos del artista y que, por tanto, tenían derecho a una parte de la herencia. A pesar de que esto fuera así Klimt disfrutó de una larga e íntima amistad con Emilie Flögue, la hermana de la viuda de su hermano, “una mujer que el artista era capaz de amar pero nunca de desear”.


Fuente: https://www.lavanguardia.com/cultura/20180206/44566596368/gustav-klimt-centenario-muerte-el-beso-arte-modernista-cien-anos.html

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