En una Lima gris, rotunda, frenética, algunos hombres confieren y avanzan a otro ritmo. Henry Terrones ha llegado hace dos días a Lima, y pasea por el centro de la ciudad sin afán de reconocimiento. De pronto se despliega una especie de suerte o destino, al tenerlo al frente y habiendo pactado una entrevista sin fecha, es propicio conversar confiando que dicho encuentro estaba pactado sin que ni el entrevistado ni el entrevistador sepan. Pura suspicacia capitalina. Sin embargo, la bulla de Lima espanta, las avenidas y sus carros confieren violencia. No hay descanso, por regla habitual la ciudad es victima de sí misma. Y Henry no es más que un artista y pintor que agrega dentro de esta ciudad amonestaciones contra la rutina, desde luego la superficialidad lo enferma .


Por: Jesús Escamilo. 

Siente Trujillo

Acabas de llegar de un viaje por las Estados Unidos y estuviste en el Art Museum of de Americas en Washington, desde tu visión de artista. ¿Crees que aún se tiene representación latinoamericana o peruana en otras escenas culturales?

Sí bien vivimos en un mundo globalizado donde se te permite ir a conquistar un espacio; existe un vacío de nuestro arte sudamericano en las grandes galerías del mundo. Estuve en Chelsea, SoHo, Maryland, y hay un enorme hueco apoyado por el olvido de un arte sincero en esencia. No somos autóctonos. Desde luego que sí tienes expresiones pictóricas y artísticas, pero son mercantilistas, hechas de facilismos que el mercado te permite incorporar.

Se tiene una tristeza –lo digo desde mi perspectiva– por una generación, quizá por esta y la siguiente, ya que no tienen una amplitud de visión del arte latinoamericano y peruano desde adentro hacia afuera. No al revés; tenemos mucha información, historia y un tejido social único, que no es aprovechado ni conocido. La respuesta que encuentro, entre tantas, parte de un axioma típico y oscuro: somos absorbidos por un consumismo banal y ahora la reflexión no nos pertenece. No compartimos un diálogo, un debate, una mirada distinta de una obra, nos limitamos a ser indeseable aventura, y no lo sabemos.

Entonces, ¿a qué responde nuestra reprochable desidia?

Estamos hundidos en la era del facilismo. Por querer las cosas rápidas, sin un sentido profundo o análisis crítico. Hasta nuestras emociones están vendidas, lo cual nos hace productos de un sistema, a menos conocimiento mayor irracionalidad.

¿Somos menos cognitivos hoy en día?  

Así es. Miramos una puerta y solo vemos una salida, la que nos dicen; a los demás no les interesa otra respuesta, y quienes andan lelos solo quieren dinero y reputación; van por la puerta por comodidad. No advertimos nada más.

El sociólogo Zygmunt Bauman explicaba, a través de su tesis el concepto de modernidad líquida, en referencia a que hoy el mundo es más temporal y ansioso por novedades. Una condición que como decía el autor se reflejaba en: individualidad, tiempo y espacio. ¿Por qué ha llegado a calar tanto dentro de la cultura, una creciente superioridad de lo vacío? ¿Se nos muestra también en las pinturas desde tu conocimiento?

Sí, y no solo en las obras pictóricas, también en lo demás.

Buena parte del vacío se desprende de la emulación o, llamémoslo: imitación. El mayor remedo es quedarse siempre con la mirada de otra persona y fingir ser otros. En un mundo globalizado, al menos se debe optar por competir, pero desde la procedencia o la raíz; no importa la temática, social, cultural, político, musical o deportivo. No debería sorprendernos que las vertientes expuestas, todas sin lugar a duda son culturales.

Por ejemplo, si el mundo de hoy te brinda las posibilidades de usar las plataformas digitales, sería óptimo usar las nuevas formas de comunicación. Facebook, Twitter, Instagram, ahí dejar un mensaje.

Repito nosotros somos un continente amplio en riquezas culturales, pero individualizarlo y perder nuestra memoria es de gente indisciplinada, que no le gusta construir un camino. Y lo expresado también es una cosmovisión; no creamos erróneamente que por estar empapados de lo nuestro olvidaremos que existe otras formas, técnicas o culturales.

Al ser un país y continente vasto en cultura, y al poder ver otras galerías en tu ultimo viaje, consideras que hay mayor incidencia de público afuera que dentro de nuestro país. ¿Es erróneo pensar así?

Empecemos diciendo que hay un sistema muy organizado en otros países donde consideran la cultura como eje primordial, aquí hace falta esa visión. En segundo lugar, es poco el compromiso por generar métodos –actividades formativas– que invitan a jóvenes a preocuparse y ser parte de alguna actividad cultural; prima más la relación económica y política frente a algunos jóvenes que sí quieren integrarse a una nueva visión.

Y al apunte que haces se responde no bajo lo cuantitativo. Al estar yo en las distintas galerías pude ver un arte banal, sin sentido ni profundidad; hay que tener cojones, paciencia y sensatez para expresar la mirada latinoamericana. Ya no se reconoce una obra de nuestra región, parece más norteamericana que profundizada desde aquí.

Estas hablando de obras de pintores latinos que viste allá. ¿Por qué no se refleja una parte de nuestros orígenes? Lo cual tampoco quiere decir pintar mestizajes o calles o ciudades latinas.

Por imitación, los jóvenes hacen lo que un sistema dictamina. Digamos que te traigo un ceramio moche, sin duda es apreciado por el mundo; al otro lado, te traigo una pintura contemporánea que no muestra su mirada y tampoco su categoría histórica, un remedo. La gente seguirá quedándose con lo primero por autenticidad y por cumplir con las reglas de las canones universales del arte que trasciende en el tiempo. Ahí el vacío.

Yo he venido conversando con un joven visionario, pero él a veces fluctúa entre hacer lo que piensa los demás y lo que el cree respecto a sus obras; dijo que uno podría apartarse, y creo que sí se puede, pero sin perder la identidad.

Desde su esencia ¿Quién crees que es Henry Terrones?

Soy un humanista, alguien que cree y revalora la espiritualidad.

¿Es posible seguir creyendo en el ser humano y en un cambio?

Imposible no lo es. Aunque la búsqueda nos supere.

¿Qué futuras actividades te esperan?

A corto plazo tengo una muestra importante en Rumanía, en el festival de Bucarest. Me están invitando a través de la embajada. Retorno en octubre y de ahí voy a nueva aventura a Manhattan. En Perú tengo proyectos en Lima, Callao, y en el 2019 un viaje para Frankfurt.

Todos los viajes se han construido gracias al esfuerzo, compromiso e identidad. Estos son valores que resaltan en los momentos difíciles, sé que no es algo mediático.

Hoy viajas, pero tu inicio cómo fue, ¿cómo lo recuerdas? 

Empecé de la manera más ingenua, por decirlo, pero con la intención de realizar todo lo que me propusiera. Lo ingenuo fue en el sentido de experimentar, conocer y darme cuenta de los caminos a seguir.

Mis primeros pasos fueron mirando a mi entorno, el terruño, la procedencia familiar, es eso.

¿Tus primeros cuadros qué escenas atendían?

Un niño volando cometa, fue mi primer esbozo. Lo intenté, pero fue un fracaso que me llevó a otro nivel de intento. Entre fracaso y error encontré un mensaje positivo, los grandes personajes de la historia se han equivocado, y han seguido. Yo no soy más un tipo que atiende la misma resolución diaria.

En “La vida sin dueño”, autobiografía de Szyszlo, él menciona a Pierre Bonnard, un pintor francés que iba con un pincel por el mundo corrigiendo sus obras. ¿Alguna vez un creador puede estar satisfecho con su obra? ¿Cuándo decir: está listo?, ¿a ti te ha sucedido?

Sí, a veces se tiene vergüenza mostrar las obras. Uno dice o piensa que con la madurez obtenida se puede finiquitar; hay una ambigüedad en el pensamiento, por saber sí se acabó o se tiene que seguir. Pero es un proceso, y creo en él.

Al mirar una obra de hace años, claro que uno ve ese cuadro con otros ojos; tenía razón el maestro Szyszlo, sucede cuando se está comprometido.

¿Cómo creas tus cuadros?

Siempre medito, proceso las imágenes mentalmente desde aspectos antropológicos, sociológicos o arqueológicos. En claro está la evidencia latinoamericana.

Poco a poco surge la forma, las líneas, las composiciones mismas, el volumen. Así empieza el acto creativo. Interpretar la realidad no es fácil, tenemos la tristeza, el tesón, cada emoción; nuestro aporte como creadores radica en la interpretación.

En una pequeña clase que dicté por New Yersey a cuatro alumnos, les dije y seguiré repitiendo que tres pilares básicos de una obra son: el concepto, el mensaje interpretativo de la realidad y qué aporte técnico se le da a la obra.

En lo que compete a tus influencias ¿Quiénes fueron o son?  

Siempre manifiesto y lo dije en visita a Hoboken, dentro de la galería el director me pregunta, qué te ha parecido las obras, respondo, hermosas, bien americanizadas. Luego me queda mirando, y me dice que son colombianas; ahí el problema, respondo que yo no podría pintar desde esa perspectiva, si el se siente cómodo pintando de esa forma bien por él, pero yo soy peruano, latinoamericano. Más adelante vio mis obras y se emocionó y me dijo que al fin había entendido.

Quiero decir que el autor colombiano tenía un cariz idéntico a muchos pintores norteamericanos, había perdido su esencia. Dónde está su aporte, su raíz, no existe. El sistema lo llevó a un lado, no podemos dejarnos arrasar por la corriente, se empieza por se distinto y no mequetrefes.

Pero no me has terminado de contestar.

Desde luego. Igual que tú, el director me pregunta algo parecido, y respondo que mi obra está inspirada en las grandes civilizaciones del norte del Perú: los moches. Ellos son mis grandes referentes, hay que darse cuenta de que no utilizaron muchos colores para crear una obra auténtica, eran monócromas, sencillas, tipo acuarelas.

Y mis contemporáneos son: el grande Gerardo Chávez, al maestro Rufino Tamayo, y al maestro cubano, José Braulio Bedia Valdés. Ellos han dejado un sentir y un legado en mí, sin embargo, el pilar o a donde siempre regreso es al arte moche.

Tu respuesta ubica ante todo el arte de un Perú antiguo, que estuvo entre el siglo II y VII. Al considerarlos piensas que muchos hemos olvidado nuestra historia.

Es un tema pedagógico en plenitud. Por mi parte añado conceptos de nuestras culturas para no olvidar de donde venimos. Hay un retrato peruano en el fondo, y no deja de ser actual.

En el camino que sigo muchas veces me he frustrado. Aunque nunca dejé mi compromiso, creo que nuestra sociedad, otras también, pero la nuestra en sí con mayor ferocidad, se olvida de lo suyo… Se vuelve acultural.

De acuerdo, pero ¿cómo definirías cultura?

De forma general opto por explicarlo de muchas maneras; estamos aquí viendo un partido, gane quien gane, los televidentes no irán más allá buscando conflictos. Cultura es saber que la calle o las esquinas de este distrito guardan historias, o qué cerca hay monumentos, galerías, plazas. Es también conocer a nuestros escritores, leernos y acercarnos a su pensamiento para explorar si es cierto lo que dicen.

Hoy estamos en las antípodas, viviendo de forma intuitiva. Es contrario cuando se sale del país, de alguna manera se valora más, quieres regresar a tu origen.

¿Es una apuesta vivir trabajando para fortalecer la cultura?

Se es más integro y completo, lo económico queda de lado. Sí es una apuesta desde un sentido monetario, seguramente mañana será distinto.

Henry Terrones


Fuente: https://sientetrujillo.com/perder-nuestra-memoria-es-de-gente-indisciplinada-que-no-le-gusta-construir-un-camino-henry-terrones/?fbclid=IwAR3v6Ri7i6aM_FKM129pwPAF7TYFEF4_1XAHMwjfyxJ1N8mHnGA_krvDmM4

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