AARÓN ORMEÑO

El artista plástico peruano, Venancio Shinki, conversó con El Comercio sobre su trabajo, vida e inspiración

Tengo 82 años. Nací en Supe. En mi pueblo siempre había una casa con el lamparín encendido hasta la madrugada. Era yo que me quedaba dibujando de niño. Estudié en la Escuela Nacional de Bellas Artes. Darle un concepto a mi obra ha sido algo que me ha costado mucho. La gente sabe que he pintado muchos cuadros, pero no sabe que he roto como ochenta de ellos porque no me convencían.

En su almacén hace un repaso por sus cuadros de diferentes épocas. Recuerda que alguna vez fue a la playa con unos amigos. Mientras todos se metían al mar, él se quedó mirando una montaña. Sentía que la naturaleza le decía cosas y así nació un nuevo cuadro.

Hace bocetos a cada momento. No para de pintar lienzos. Los domingos y los feriados son inexistentes para él. En cada obra plasma un mundo alucinante donde la realidad es solo una referencia. No le importa ser uno de los más reconocidos pintores peruanos, solamente le importa seguir poniéndose su mandil y continuar creando.

—¿Por qué decidió ser pintor?
Yo trabajaba en un establecimiento comercial. Un día me independicé y puse un estudio fotográfico. Ahí vi una revista. Vi una foto tan linda que pensé que era hecha por un genio. Después leí bien y decía que era un óleo. Ahí decidí que quería ser un retratista e ingresé a la Escuela de Bellas Artes.

—¿Qué lo alejó de los retratos?
Mis profesores eran los mejores pintores del Perú. Uno me dijo que hacer retratos era trabajar con la vanidad de la gente. Él prefería pintar lo que le daba la gana. Hacía lo que sentía. Esa actitud me llamó profundamente la atención y empecé a buscar mi propia manera de hacer arte.

—¿Nunca ha sentido el desencanto en el arte?
Saliendo de Bellas Artes participé en la Bienal de Sao Paulo y noté que casi el 80% de los participantes pintaba igual. Eso me dolió. Después en Estados Unidos vi a un artista que tenía un lienzo pintado de un solo color. Se suponía que era lo máximo en ese momento. Salí triste de esa exposición.

—¿Esas experiencias fueron determinantes? 
Sí. Noté que no era necesario ir a otro país para definir mi arte. Viajas a aprender y conocer, pero todo está dentro de uno. Así nació una nueva alegría. Regresé a Lima y llamé a unas galeristas con quienes trabajaba y me disculpé. Les dije que no podía dar obras. Tenía que cambiar mis conceptos plásticos. Terminé haciendo pintura figurativa.

—¿Se siente satisfecho al terminar una pintura?
No siempre. Cuando termino un cuadro lo firmo porque está pasable. Pasa el tiempo, ni un año, lo vuelvo a ver y no me gusta. Antes rompía las telas. Tenía un sobrino dedicado exclusivamente a romper las telas.

—¿Han sido muchas obras rotas?
A veces usaba las pinturas prácticamente como alfombras. Las colocaba en el piso y encima ponía el caballete. Así se iban acumulando. Habré botado más de 80 obras. Pero no es para quejarse. Hay cuadros que se han ido a la basura y otros que me han dado premios.

—¿En qué momento nacen la ideas para sus pinturas?
Una vez vi un cerrito que me decía cosas. En él veía imágenes. Era como gozar de un descubrimiento. Este tipo de cosas para mí son fundamentales. Es vivir algo que la natura ha creado. Probablemente no sea muy descriptiva mi respuesta. La naturaleza está hecha para todo el mundo, pero muy pocos la ven.

—¿Cómo elige los colores?
Los bocetos a mí me dicen qué color usar. La tela te avisa cuando ya no debes tocarla más. Hay cuadros que aprecio mucho y no se venden ni en broma [risas].

—¿Alguna vez se ha imaginado haciendo otra cosa?
Yo quiero morir pintando. Yo soy un viejo, un veterano, pero quiero seguir hasta que allá arriba me lo permitan.  Tengo la certeza de que debo seguir haciendo algo. Siempre estoy buscando algo que valga la pena y me resulte interesante.

—¿Le gustaría que Lima tenga una bienal en estos años?
Actualmente en Lima se pueden ver exposiciones de artistas internacionales. Eso es positivo, pero también es importante que se desarrolle una bienal. Las de Miami y Sao Paulo son muy buenas.

 —Muchos acusan a la Municipalidad de Lima de no mostrar interés por la cultura…
No hablemos en especial de Lima. Yo no creo mucho en los municipios. Los artistas no están solo en la capital, están en todas partes del Perú. Deberían aprovechar esto. No creo mucho en la actitud que asumen estas instituciones al respecto.

—¿Nunca ha perdido su pasión por la pintura?
Yo vivo el arte y todo su concepto. Lo que me da vida vale la pena. Yo sé que soy un veterano. No me preocupo tanto en preparar una exposición. Ahora acumulo mi obra.

—¿A qué pintor admira?
En primer término a Picasso. Sin duda. Cuando yo vi “Guernica” me quedé con la boca abierta. Es una pintura extraordinaria. También me gustan otros. Todos los que han dejado sus huellas en el arte universal son admirables.

—¿Le gustó el arte pop cuando surgió como una tendencia? 
Me encantó. Cuando lo vi me pareció algo muy loco. También quise hacer un poco de eso, pero dije: “No soy norteamericano, qué hago en esta onda”. Fue un rato y luego volví a lo mío.

04.03.2015

Fecha de nacimiento: 1 de abril de 1932, Distrito de Supe, Perú
Fallecimiento: 17 de noviembre de 2016, Lima, Perú

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